Creo que me gusta Rhaysan y no lo digo por ser la autora… que tengan un buen día mis gatitos.
Feliz Lectura…
Jack aterriza en el claro que hay frente al castillo, de verdad que extrañaba quitarme las cadenas que me ataban, las que me impedían soltar mis correas.
Mis cadenas.
Entro en el castillo después de transformar a Jack en una pantera, que me sigue de cerca. Irina respira aliviada de verme llegar.
—El rey quiere cenar con usted.
Tragó saliva.
—Venga. Es hora de prepararla.
¿Prepararme?
Parece que voy al m******o y no a cenar.
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Después del baño que Irina me obligo a darme, me puso un vestido algo exótico, pero no tan llamativo como el que me había puesto en la mañana, este es menos llamativo.
Pero tiene una parte abierta para que una de mis piernas salgan con libertad. Dios. Me veo algo absurda.
Llevo mi cabello suelto con un broche recogiendo dos mechones laterales, y con eso es lo único que tengo sobre la cabeza, el vestido es azul pastel y luce muy bonito, pero esa abertura en mi pierna, y luego el escote.
Pero creo que es la moda de la ciudad.
Irina me conduce por los pasillos al comedor en el que antes me había llevado, pero al pasarlo de largo me doy cuenta que no es a donde vamos.
Irina parece conocer el camino, pero me estoy aprendiendo el lugar, poco a poco llegamos a nuestro destino y de verdad es precioso. Es como un quiosco pequeño con una mesa para dos en el centro y varias flores decorando fuera del barandal de piedra, hay un pequeño río llevando agua a no sé dónde pero hace una vista preciosa todo esto.
—Sabía que te gustaría—me doy la vuelta para ver a un hombre rubio con un corte como el de Alandher.
Tiene una nariz recta que define sus rasgos haciéndolo lucir guapísimo, tiene los ojos azules en tono marino, su piel es blanca como la leche tibia.
Su altura es notoria y sus brazos dan a notar los músculos que hay debajo de la fina camisa que lleva puesta. Lleva una camisa como la que use en la mañana, sólo que él la lleva en color n***o, también lleva un cinturón en tono morado atado a su cintura. Los pantalones del color de la camisa terminan en las botas de cuero que tienen bien sujetas sus agujetas.
—Hola Rhaysan.
Sonríe antes de acercarse a mí y quedarse a unos cuantos pasos de distancia.
—Luces preciosa, Harper.
—Gracias.
Algo me da la impresión de que está imagen no es el Rhaysan que debo ver, es más bien una ilusión, algo para que no me cueste el ver realmente quien es.
—¿Por qué no puedo verte?—eso parece que le llama la atención.
—Me estás viendo, Harper.
—No, hablo del verdadero. No la imagen que me das.
Sonríe entendiendo que si soy lo suficientemente inteligente para saber que este no es el Rhaysan que asusta a los niños humanos cuando no pueden portarse bien.
Se encamina a su lugar en la mesa cuando su fachada se rompe con el hechizo adecuado, es cuando el cabello rubio se vuelve n***o como la noche y crece un poco más, las orejas humanas pasan a ser de un Fae, el color de la piel se hace un poco más pálida, sus ojos pasan a ser violetas y su altura se mantiene.
Al darse la vuelta muestra que ya quitó el encantamiento que no me dejaba ver al Rhaysan real.
—¿Por qué ocultarme quién eres?
—Solo quería ver cómo reaccionarías, Harper—mis ojos van a sus manos y veo las uñas largas que mantengo para el lanzar encantamientos.
—No eres brujo del todo—apunto a sus orejas.
—Son parte de la corona—arqueo una ceja y eso lo hace sonreír—. Harper, soy brujo por parte de madre, pero un Fae por mi padre, y puedo adquirir tu forma humana cuando quiero.
—¿Verdad qué es fácil decir la verdad?—sonríe y me hace el gesto para que tome asiento.
Lo hago.
Su mirada me sigue y eso parece ser el gesto agradable que reconozco de la voz dulce que me habló en la mañana.
—¿Qué es tuyo el cazador de cabello n***o?—trago despacio—. Harper.
—Mi esposo.
Sus uñas juegan en la mesa, tamborilea los dedos y eso parece que le molesta lo que es Alandher de mí, pero algo me dice que dejará de ser mi pareja.
—He intentado hacer los hechizos para separarnos… no me salen.
—Eso se debe a qué no has usado el poder que se requiere—mueve la mano y un libro aparece frente a él.
Eso es magia que no he podido lograr ni con todos los años que tengo practicando.
—Le diré a alguien que los separé—dice calmado—. Pero no hablemos de eso, que me gustaría conocerte un poco, Harp.
—¿Qué quieres saber de mí?
—Lo qué gustes contarme, también puedes preguntarme de cualquier cosa.
—¿Por qué me elegiste a mí?—sonríe cuando pregunto eso.
Una cena para dos personas se pone en la mesa y yo trago saliva al verla, se ve deliciosa. Es como un corte asado de carne con algo de crema sobre él. Se ve bastante delicioso.
El aroma que desprende me hace agua la boca, porque si huele riquísimo y no dudo en partir un poco del pedazo de carne y llevarlo a mi boca.
El sabor es único.
—Te escogí a ti porque eres mi pareja, Harper—dejo de masticar cuando dice eso.
Le tomo al vino causándole una sonrisa que no me da gracia, pero al parecer a él sí, y mucha por lo que se ve.
—Una pareja…
—Soy tu otra mitad—asiente—. Pero las brujas no tenemos pareja, no cómo los…
—Eres mi pareja por mi lado Fae, Harper.
Eso explica eso, pero Dioses.
—Harper, el que seas mi pareja no afectará el que quiera ir poco a poco contigo.
Se levanta de su asiento mientras mis ojos están fijos en el plato con esa comida tan deliciosa que es la que me alienta a seguir comiendo.
—Tenemos muchos años para estar juntos—le doy una débil sonrisa y no duda en darme un beso en la mejilla. Huele despacio, y un ligero escalofrío recorre mi sistema—. Me alegra que no huelas a ese cazador.
Tragó despacio.
Se regresa a su sitio y empieza a comer con una calma que me pone los nervios de punta.
Seguimos comiendo cuando escucho algo parecido a unas alas, Rhaysan no dice nada, sólo sigue comiendo con tranquilidad hasta que escucha algo que lo hace sonreír.
—Nadie te va a lastimar, ni a tus compañeros.
—¿Me lo prometes?
—Te lo prometo, Harper.
///
En la mañana despierto con mis huesos y músculos bastante relajados, me siento en las nubes en el colchón en el que estoy. Me incorporo para ver qué no me encuentro en la habitación en la que estaba antes.
Está es más grande con un enorme ventanal al lado de la pared que da al pueblo.
No estaba aquí ayer.
—Buenos días, señora—doy la vuelta para ver a una mujer de mediana edad con una sonrisa en los labios—. Irina tuvo que salir con el rey, así que me quedaré a cuidarla.
—Gracias.
—El señor me dijo que puede desayunar con los invitados—vaya forma de decirles—. Pero si gusta puedo traerle el desayuno aquí.
Le agradezco antes de incorporarme, mis ojos van al batón que llevo puesto y me siento un poco expuesta por lo traslúcido de la tela.
Tengo mi ropa interior, pero aún así es incómodo.
Después de unos momentos me pongo un traje n***o que parece que está hecho para mí, salgo para ir a desayunar con los invitados de Rhaysan. Me siento un poco culpable por ignorarlos y salir de este lugar para ir a explorar, pero si soy sincera, no quiero llorar de nuevo por culpa de Alandher.
Llegó al lugar de siempre y me topo con dos… no sé que son. Pero tienen enormes alas de pájaro con plumas en colores oscuros. El primero las tiene tornasol, entre n***o y morado, y el segundo de un color n***o que parece casi un color perfecto para volar en la noche.
El de las alas moradas tornasol con el n***o, tiene el cabello gris oscuro y le llega hasta la altura de los hombros. El color de su piel es un tono avellana que le queda bien a y da contraste con las alas. Lleva un traje como de guerrero y en sus manos lleva unos guantes que no cubren los dedos.
El de alas negras es rubio y con ojos grises como un cielo nublado, su piel es blanca casi pasando al pálido, en sus antebrazos hay un tatuaje que no alcanzo a distinguir desde donde estoy.
Además de ellos hay una mujer de cabello rojo como una gota de sangre y eso da algo de miedo, es morena con los ojos verdes intenso y algunas pecas en sus mejillas. Ella es una Fae y se nota en sus orejas.
—¿Entonces ella es la mujer de nuestro querido rey?—se burla el de cabello rubio.
—¡No!—gruñe Alandher.
Eso llama la atención de los alados y de la pelirroja.
—¡Es mi esposa no de un brujo idiota!
Las alas del grisáceo son detenidas por el rubio que sonríe burlón por lo qué dice Alandher.
—¡Ella es mi mujer!—grita Alandher—. Y hagan lo que hagan no dejará de serlo.
—Yo que tú, trataría mejor al hombre que me dio asilo—se burla la pelirroja—. Antes de qué dé la orden que dice que tienen permiso de matarme por decir cosas estúpidas.
Está por contraatacar cuando una magia lo hace cerrar la boca, es una magia que no proviene de mí. Por mi lado pasa una mujer de cabello chocolate con una mano frotando su cabeza y haciendo muecas de desagrado.
—Dios. Es tan irritante escuchar a un hombre reclamando a una mujer—una silla se hace para atrás y eso es sorprendente—. Es como si fueran los putos dueños de algo cuando no somos una propiedad ni un objeto.
La mujer se sienta y la pelirroja sonríe al verla.
—Déjame adivinar—se burla—. Urgía con los vampiros.
—Vete al diablo, Amaneth.
La risa de Amaneth delata el mal humor de la castaña.
—Eso es un sí.
—Rhaysan me sacó del palacio de Murdock—mueve una mano y una copa aparece con algo en ella—. Dijo que ocupaba mi ayuda y que para eso debía estar sobría.
La sonrisa de los que hay aquí les ilumina el rostro.
—Creo que sabes cuál es la ayuda.
—Si.
La mujer me mira a mí y luego a Alandher que sigue callado como una tumba.
—Quiere que separé al idiota de la chica.
???