Sala de citas
“Hola, soy Valeria, tengo 25 años. Recepcionista, estudiante de administración. Soltera."
Esto es todo lo que pude colocar en mi perfil, en esta red social de "citas a ciegas". No se me ocurrió nada mas, o quizás es que no tengo mucho para contar. Hacer una descripción de mi cuerpo, mis defectos y mis virtudes, no me resulta fácil.
Cuando mi grupo de amigas de la infancia, me insistió con unirme a una sala de "citas a ciegas", les dije que era una locura. Siempre fui de la idea, de que en esos sitios, solo se busca sexo casual. Y como toda romántica, me encanta el compromiso y estar en pareja. Pero ahora me encuentro soltera hace bastante tiempo, y no pierdo nada con intentarlo.
Terminé de llenar el perfil, y seguí con mis tareas, sin darle mas importancia al asunto. Pero cuando regresé a la computadora, tenía varios mensajes. En su mayoría eran "hola, como estas?", "que buscas en esta sala?". No contesté casi ninguno, y después de mirar los perfiles, no me arrepentía.
Pero hubo uno de ellos que captó mi atención. Tenía solo 2 fotos, y una pequeña descripción.
“Me llamo Patricio, escorpiano, 35 años, trabajo mucho".
Y eso era todo.
Contesté a su mensaje, y reconozco que sin darme cuenta, estuve 3 horas pegada a la pantalla. La charla fue de lo más variada, y sobre todo, relajada. Hablamos de nuestros gustos en comida, bebida, lugares para salir, nuestro grupo de amistades, estudios, trabajo, familia. Después decidimos intercambiar teléfonos y seguir hablando por w******p.
Parecía que nos conocíamos de toda la vida. Seguimos charlando hasta bien entrada la madrugada, y simplemente no quería irme a dormir, aunque el sueño terminó ganando. Además, al otro día debía madrugar para ir a trabajar.
Tengo el hábito de no revisar el celular hasta no llegar a la oficina. Pero cuando me desperté, fue lo primero que hice, y ya tenía un mensaje de Patricio. "buen día señorita, como amaneció?". No se porque, no puedo explicarlo, pero mi corazón empezó a latir más fuerte. Me senté en la cama y le respondí. Después, inicié mi rutina diaria, desayuno, y salí para el trabajo. Cuando llegué a la oficina, ya tenía su respuesta. Me costó mucho concentrarme para trabajar, sólo pensaba en seguir hablando con él. Casi que no llego a tiempo a terminar mis tareas del día. Y todavía me quedaba ir a la facultad. Por suerte el viaje es bastante largo, así que íbamos a tener tiempo de seguir conversando.