Conversamos todo el tiempo que me llevó llegar a la facultad. Y cuando tuve que entrar a clases, no quería dejar el teléfono. Pero tenía que hacerlo…
Más tarde, ya en mi casa y lista para dormir, retomamos la charla, pero esta vez, las preguntas eran mas íntimas. Escalamos el tono de la conversación, y no me esperaba el diálogo que surgió:
Patricio: no pretendo incomodarte o sonar desubicado, pero siento la necesidad de tenerte conmigo ahora, en mi cama.
Valeria: ¿no te parece un poco apresurado? Ni siquiera nos conocimos mas que a través de estas charlas.
Patricio: puede ser… pero siento que te conozco de toda la vida… no quiero esperar mas… si aceptas, te invito a salir el fin de semana.
Valeria: claro, me encantaría. ¿A donde vamos?.
Patricio: no se, a comer. Lo vamos viendo.
Valeria: ok, quedamos para el sábado entonces.
Esa fue toda la conversación, y deje el teléfono para poder descansar.
Los siguientes días seguimos charlando, y las conversaciones empezaron a subir el tono, incluso terminamos confesando que nos gustaba en la cama a cada uno. Ya no aguantaba mas, necesitaba conocer a ese hombre que me estaba volviendo loca a través de mensajes.
No se porque, se me ocurrió preguntarle donde vivía… y ahí vino el caos… 280 km de distancia. Si, nos separan 280 km… imposible poder verlo “un ratito”…
A partir de ahí, todo fue mas difícil, porque aunque las ganas de vernos eran muchas, la distancia lo hacia imposible. No tenia sentido que él maneje 560 km para una cena, ni siquiera para tener sexo… simplemente era ilógico.
Con esta información, decidí que no iba a perder el tiempo. No ganaba nada en seguir hablando con el, creando y alimentando una fantasía que solo iba a quedar en eso, una fantasía.
Pero no me atreví a bloquearlo. Solamente dejé de escribirle, aunque quería hacerlo.