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Descripción

Todo comienza un mal día.

Primero quedó sin trabajo y luego su pequeña hija fue hospitalizada

por primera vez en su vida.

Matilde no creía que nada más malo pudiera ocurrir. Hasta que el guapo doctor que atendió a Ariana le pide que sea la nueva niñera de su odiosa hermana.

¿Valdrá la pena ayudar a una malcriada adolescente que odia a todo el mundo, y que no soporta a su pequeño hijo?

¿Que tanto puede influir la historia de Matilde en la vida del doctor y su hermana?

Acompaña a Matilde y Ariana en esta historia de amor, confusión y superación.

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Capítulo 1
Salgo del restaurante y suspiro triste. Las razones que tuvo Martin para despedirme son totalmente comprensibles. Su hija Lucy va a entrar a la universidad y tiene que remodelar el restaurante. Él estaba muy triste por tener que despedirme después de tres años trabajando para él. Era un excelente jefe y amigo. Miro una vez más hacia el restaurante y veo a mis ahora, excompañeras, pegadas al vidrio despidiéndome con la mano. Más que compañeras de trabajo eran como mis hermanas. Les sonrío y sigo caminando. Paro en un semáforo y busco mi celular en el bolso para llamar a mi mamá, después de tres tonos mi mamá contesta algo alterada.  — ¿Qué pasa? —pregunto nerviosa y confundida.  — Titi, tuve que traer a Ariana a la Clínica Van de Wall —murmura mamá. Me pongo tensa y siento que el aire se filtra de mis pulmones. Mi hija ha estado algo resfriada los últimos días, pero nada grave como para ir a parar en la clínica. — ¿Qué pasó? —pregunto nerviosa y comienzo a buscar un taxi. — Le subió mucho la fiebre y no paraba de toser —comienza a llorar. Hago parar un taxi y me subo rápido, diciéndole al chofer a donde llevarme. — Mamá tranquila, ya voy para allá —murmuro y nos despedimos. Mi pequeña... *** El viaje en el taxi se me hace eterno, hasta que por fin llegamos a la Clínica. Pago y me bajo, corriendo hasta urgencias.   — ¿Cómo está? ¿Dónde está? —pregunto agitada cuando encuentro a mamá.   — Está mejor, le están sacando unas radiografías —responde angustiada y me abraza fuerte. Mamá está muy preocupada y angustiada así que intento calmarme. No sirve de nada que yo esté igual, solo la pondrá más nerviosa.   — Esta bien mamá, tranquila —murmuro en su oído cuando comienza a llorar. Nos vamos a sentar y le cuento todo lo pasado hace unos minutos en el restaurante mientras esperamos. —Oh cariño, que mala noticia —murmura mamá y me abraza. Necesitaba tanto un abrazo. —Está bien, sabía que iba a pasar ¿recuerdas que te lo mencioné? —pregunto. Justo cuando mamá va a responder, se abre una puerta y sale una enfermera preguntando por algún acompañante de Ariana Roth. —Yo soy su mamá... —respondo poniéndome de pie. La enfermera, ya mayorcita, me mira de pies a cabeza extrañada. Si, soy joven para ser mamá. —Sígame por favor —murmura amable. Me guía por un pasillo hasta que llegamos a una sala donde hay tres camillas. Solo una está ocupada, y es donde se encuentra Ari. Me parte el corazón verla tan pálida y con una mascarilla de oxígeno, que le cubre casi la mitad de la cara. —El doctor ya vendrá a hablar con usted —murmura la enfermera y se retira. Me acerco a mi pequeña que duerme y comienzo a acariciarle la cabeza. —Todo va a estar bien —susurro y ella gime. Unos minutos eternos después, el doctor entra en la sala. Un hombre alto y rubio, de ojos verdes y sonrisa cansada. —Hola, soy Nicolás Van de Wall —extiende su mano hacia mí y se la estrecho. —Matilde Roth —me presento. Me mira a los ojos y no puedo evitar ponerme nerviosa. —Bueno, vengo a explicarte que tiene tu pequeña hermana —murmura y rodea la camilla en la que Ari se encuentra. Me aclaro la garganta y me volteo a mirarlo. —No es mi hermana —murmuro y me acerco a mi pequeña. Él me mira confundido y ladea la cabeza. —Es mi hija —respondo la pregunta no formulada. Sus ojos se agrandan y suspira. Está muy sorprendido. —¿Tu hija? —pregunta confundido. Lo miro con una ceja alzada y asiento. Él se aclara la garganta y vuelve a hablar. —Bueno, Ariana presenta una neumonía, y en las radiografías pude ver que tiene una infección en el pulmón. Quizás comenzó por un resfriado mal cuidado...—murmura mirando una hoja. Abro los ojos sorprendida y miro a mi pequeña. Eso no suena nada bien. —... Lo que causó el ataque de tos repentino, fue una crisis de asma —continúa— Así que voy a dejarla internada. ¿Asma? ¿Dejarla internada? No puedo controlar las lágrimas que comienzan a deslizarse por mis mejillas. —Pero ella nunca... ella no... ¿asma? —no puedo hablar, realmente es mucho para mí. Mi pequeña nunca había pasado algo así, menos había sido hospitalizada. Ella es fuerte. —Si, está poco avanzada así que es tratable... Podemos comenzar pronto el tratamiento con antibióticos y luego todo esto será un mal recuerdo —me mira y me sonríe comprensivo. No puedo dejar de pensar que todo esto es mi culpa. Si la hubiera llevado al doctor cuando el resfriado comenzó, todo sería diferente. —¿Va a estar bien? —pregunto con el labio tembloroso. —Se va a recuperar y va a quedar como si nada —responde rodeando la cama y llegando a mi lado. —Gracias doctor —murmuro y me seco las lágrimas con la manga de mi polerón. —No te preocupes que tu bebé va a recuperarse pronto —responde y me da un apretón en el hombro. Parece afectado. Luego, el doctor me indica que tengo que hacer el papeleo para ingresar a Ari a la habitación donde va a estar al menos un par de días. Sigo sus instrucciones y salgo a encontrarme con mamá. *** —Hola amiga —murmuro al teléfono. Ariana ya está dormida y me encuentro en el pasillo, afuera de su habitación. —Hola Titi ¿ocurre algo? —pregunta somnolienta. Son las dos de la mañana y estoy llamado a Kim, pero lo hago porque sé que me hubiera regañado mucho de no avisarle en el momento. —Disculpa por despertarte, pero era para avisarte que estoy en la Clínica Van de Wall con Ariana, la hospitalizaron —murmuro y me refriego los ojos. Tengo mucho sueño. —¡¿Qué?! —grita. Tengo que alejarme el teléfono del oído ante tal repentina reacción. —Tranquila, va a recuperarse pronto... Eso me dijo el doctor —murmuro y comienzo a caminar hasta el ascensor. Necesito un café y algo para comer. —Voy para allá ahora, voy a llamar a Kyle e iremos en seguida —murmura agitada. Ay no, que molesta soy, no debería haberle dicho. —No nena, no te preocupes... Es tarde, mejor vengan mañana, ahora voy a dormir... —murmuro y me meto en el ascensor. Está vacío, así que me permito apoyarme en la pared y cerrar los ojos. —¿Dónde vas a dormir? ¿Te vas a casa? ¿Te voy a buscar? —pregunta preocupada. Me río cansada y niego con la cabeza, hasta que recuerdo que no me puede ver. —Voy a dormir en el sofá que hay en la habitación que le asignaron a Ariana, no te preocupes y vengan mañana —murmuro intentando despedirme. El ascensor se abre y voy a bajarme, pero el doctor Van de Wall entra primero y chocamos. —Lo siento —murmuro avergonzada. Miro el tablero del ascensor y veo que este no es mi piso así que dejo que las puertas se cierren. —No te preocupes... —murmura con una sonrisa cansada. Yo sonrío de vuelta y vuelvo a mi conversación telefónica. —Nos vemos mañana cariño, disculpa por despertarte —murmuro y miro de reojo al doctor. Tiene apoyada la espalda en la pared, la cabeza baja y los ojos cerrados. Luce realmente cansado. —Nos vemos, avísame cualquier cosa —nos despedimos y colgamos. Guardo el teléfono en mi bolsillo del pantalón y me volteo hacia el doctor, nerviosa. —Se ve agotado —oh, que obvio comentario. El doctor se para derecho y me mira. —Lo estoy... Llevo veinticuatro horas sin dormir y aún me quedan algunas horas de trabajo —murmura y sonríe. Por lo que he notado, él siempre sonríe. —Wow, que duro... Lo invito un café —sugiero sin pensar. Él me mira unos segundos sin decir nada. Oh claro que va a decir que no. Tiene cosas más importantes que hacer que tomar un café contigo, pienso. Por ejemplo, salvar vidas. —Claro, me encantaría —responde al final. Lo miro sorprendida y las puertas del ascensor se abren, esta vez en el piso correcto. Ambos salimos del ascensor y caminamos en silencio hasta la cafetería. *** —Debe gustarle mucho esto para aguantar así... —murmuro para romper el silencio. Estamos en la cafetería que está casi vacía. —Lo amo... Es mi vida, amo ayudar a la gente... —murmura y bebe de su café n***o. Sonrío e imito su acción. Mi cappuccino, a pesar de ser de máquina, está realmente bueno. Va a abrir la boca cuando su celular comienza a sonar. Lo saca de un bolsillo de su bata blanca y corta la llamada. —Tengo que irme... —murmura poniéndose de pie— Una emergencia... gracias por el café —dice y se marcha rápidamente, dejando el vaso de café medio lleno encima de la mesa. No alcanzo a decir nada, cuando ya no está en la cafetería. Me encojo de hombros, sigo bebiendo mi café y comiendo mi sándwich. *** Entro en la silenciosa habitación y cierro despacio la puerta. Mi bebé duerme tranquilita. La arropo con una de las mantas que me trajo mamá hace un rato y luego me voy al sillón. Me acomodo y me tapo con las mantas, entrando en un instantáneo sueño.      

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