Capítulo 2

1537 Palabras
Escucho unos murmullos y abro los ojos a duras penas. Un rayo de sol impacta directo en mis ojos y me obliga a cerrarlos nuevamente. Me estiro y me quejo. Me duele todo el cuerpo. Maldito e incómodo sofá. No pude dormir casi nada por lo incómoda que estaba. —¡Despierta ya! —escucho y abro los ojos. Kim y Kyle me miran tristes. Me siento en el sofá y me rasco la cabeza desorientada. Estoy en el hospital. —¿Despertó Ariana? —es lo primero que pregunto. Me pongo de pie y la veo durmiendo en la misma posición en la que quedó anoche. —Pobrecita, no me gusta verla así —murmura Kim y abraza a Kyle, que también tiene una cara no muy buena. Me acerco a ellos y los abrazo. Mis lindos amigos siempre han estado conmigo, ellos son los padrinos de Ariana, y como sus mejores amigos. —Va a estar bien —murmuro intentando convencerme más a mí misma que a ellos. —Lo va a estar —asegura Kyle y nos abraza aún más fuerte. Permanecemos así un momento y luego nos soltamos a regañadientes. —¿Desayunaste? —me pregunta Kyle. Kim lo mira enarcando una ceja y le da un pequeño golpe en el brazo que me hace reír. —Acaba de despertar, ¿tú crees que ya desayunó? —se burla de Kyle y pone los ojos blancos. —Solo preguntaba... —se queja mi amigo y yo vuelvo a reírme. Son tan peleadores, pero no pueden vivir el uno sin el otro. —Vamos por comida —murmura Kim y sale de la habitación arrastrando a Kyle con ella. Suspiro y vuelvo a mirar a mi pequeña que sigue durmiendo. Cojo mi bolso y camino hasta el baño de la habitación. Cierro la puerta muy cuidadosa de no hacer ruido. —Aj, que horrible —murmuro cuando me veo en el espejo. Tengo unas ojeras tremendas y mi pelo parece un nido de pájaros. Busco un cepillo de pelo en mi bolso y encuentro uno pequeño de Ari. Todo sirve en este momento así que me cepillo el pelo como puedo y me hago una coleta alta. Sigo viéndome horrible, pero me veo más presentable. Me lavo la cara, los dientes y hago pis. Después de eso estoy lista, salgo del baño y camino hacia la cama de Ari, pero Ups... Me topo de frente con el doctor Van de Wall. —Doctor, buenos días —murmuro con pánico. Él me mira de pies a cabeza y sonríe. —Buenos días, te ves cansada —murmura y baja la vista a unos papeles. —Oh, si —respondo sin saber que decir— ...Pero usted se ve descansado. Levanta la vista y asiente. —Estoy acostumbrado a recomponerme con unas pocas horas de sueños —murmura y comienza a tocar los botones de una máquina. —¿Cómo sigue? —pregunto para romper el silencio incómodo que se hizo. —Estable, va a estar bien —responde. No sé por qué, pero sus palabras se me hacen creíbles. Aunque me estuviera mintiendo le creería. —Genial, mi chica es fuerte —murmuro y sonrío triste. La puerta se abre y entran Kim y Kyle conversando. —Shhh... —El doctor los hace callar y ellos obedecen rápidamente. Pero es demasiado tarde porque Ariana se despierta y comienza a llorar. —Genial, felicidades chicos —murmuro y los miro con reproche. Ariana me ve y extiende sus brazos hacia mí. —Mami... —llora y luego comienza a toser. Camino rápido hacia ella y la abrazo. —Tranquila bebe, mami está aquí y no te va a dejar sola —susurro en su oído y le beso la mejilla. Miro al doctor con angustia y él desvía la mirada. Se ve afectado. —Pronto vendrá una enfermera a inyectarle los medicamentos, por ahora que no se agite —murmura repentinamente serio. Escribe algo en la carpeta que tiene en las manos y la deja sobre una mesita al lado de la cama. Se despide con un movimiento de cabeza y comienza su camino hacia la puerta. —Doctor... —llama Kim. El doctor se detiene a medio camino y voltea la cabeza. —¿Ari puede comer pastelitos? —se adelanta Kyle. El doctor lo piensa un momento y luego asiente, después de eso sigue su camino a la puerta y sale. Ari se calma en mis brazos al escuchar la palabra "pastelitos". Esta niña sabe lo que le conviene. —Es como que medio raro ¿o no? —pregunta Kim mientras se sienta en la cama. Kyle se encoge de hombros en respuesta y nos entrega nuestros cafés. Yo, por el contrario, lo pienso un momento. Se puso extraño cuando Ari comenzó a llorar, quizás no le gustan los niños, pero en ese caso me surge una pregunta... ¿si no le gustan los niños, entonces por qué es broncopulmonar infantil? — Si, es un poco extraño —respondo finalmente y bebo de mi café. *** —Vengo en un momento mi amor —murmuro a Ari, que no me presta mucha atención ya que está viendo dibujos animados. Miro a Kyle que está igual de hipnotizado por Bob Esponja que ella y pongo los ojos en blanco. A pesar de sus veinticuatro años, su altura de un metro ochenta y ocho, y sus grandes músculos, el moreno que tengo como mejor amigo tiene la misma edad mental que Ari. Salgo al silencioso pasillo y camino hasta el ascensor. Unos minutos después entro en la cafetería de la Clínica. Me compro un café, un sándwich y me siento a "cenar". Termino mi café y aún no he tocado mi sándwich. Llevo seis días comiendo el mismo sándwich y bebiendo el mismo café. Necesito comida de mamá. Levanto la vista de mi sándwich y al otro lado de la cafetería veo al doctor Van de Wall. Parece enojado y por la manera en que se pasa la mano libre por el cabello, deduzco que está frustrado y angustiado. Termina la llamada y levanta la vista, chocando directamente su mirada con mi indiscreta mirada. Bajo la mirada avergonzada. Me descubrieron espiando. Cojo mi sándwich aún intacto y me levanto rápidamente lista para salir de la cafetería. *** La puerta de la habitación se cierra y quedamos finalmente solas. —Mami quiero pastel —murmura Ari. Levanto las cejas en su dirección y suspiro. —¿No que estabas enferma? —pregunto mirándola divertida. Ella arruga su nariz y me muestra sus pequeños dientes. —Si, pero yo quiero —murmura y se ríe, pero seguidamente comienza a toser. Me río y tomo la bolsa de pasteles. —Te doy, pero no te rías, ya que luego toses —murmuro y le doy un mordisco a un pastel. —A mí me gustan, me gustan mucho —chilla cuando termina su pastel de chocolate. La miro y sonrío. Hace unos días mi pequeña con suerte podía hablar, ahora vuelve a ser la pequeña alegre de siempre, y todo gracias al doctor Van de Wall. El doctor... Está muy raro últimamente y no me gusta la idea de verlo siempre triste o enojado. *** —Muy bien preciosa, hora de irnos... Al fin —murmuro agobiada. Ariana se pone su mochila de osito y me estira los brazos. La cojo y me giro hacia la enfermera que nos mira enternecida. —El doctor vendrá en un momento a darle el alta a esta pequeña princesa, para que puedan irse tranquilas a casa —murmura y se despide de nosotras. Le agradezco y sale de la habitación. —Mira amor, que alto estamos —digo a Ariana y camino hacia la ventana. Ari se tensa y me aprieta más fuerte el cuello. —Está muy alto —murmura asustada. —Está bien cariño, yo no voy a dejar que nada malo te pase —la abrazo fuerte y respiro su dulce aroma. Escucho cómo alguien se aclara la garganta detrás mío y me giro exaltada. —Doctor... —murmuro con el corazón agitado. —Lo siento, no quería interrumpir —responde medio ausente. —Está bien... lo estábamos esperando, ya queremos irnos ¿verdad amor? —pregunto a Ari que me sonríe como siempre, arrugando su nariz y mostrando los dientes. —Un momento... —pide cuando comienza a sonar su celular. Yo asiento y vuelvo a mirar a mi hija. —Claro... pero por favor, por favor escuche... sí, claro... entiendo... ¡puedo pagarle el doble!... entiendo, solo espere que llegue a casa... voy ahora para allá —termina la llamada muy nervioso. Se rasca la cabeza nervioso y suspira fuerte. —¿Está bien? ¿puedo ayudarlo en algo? —pregunto rápido. Siento la necesidad de ayudarlo, el salvó a mi pequeña. Me mira un momento confundido y niega con la cabeza. —Es... es algo complicado —responde y se sienta en la cama— La cuidadora de mi hermana acaba de renunciar... es la tercera que me deja en los últimos cuatro meses. Uf... ¿niña rebelde? Se de eso... —¿Puedo ayudarlo? —repito. Me mira aún más confundido y sin pestañear. —Creo que podrías... pero... no, olvídalo —se retracta. Siento a Ari en el sofá e insisto. —Es en serio, le debo la vida de mi hija... déjeme ayudarlo en lo que pueda —pongo mi mano en su hombro y por lo tenso que se pone, noto que se sorprende. —Tiene diecisiete... y un hijo de cuatro meses —murmura con los hombros tensos y mirando sus manos. Abro los ojos sorprendida y lo suelto. —Creo que se lo que es eso... —murmuro nerviosa. Él levanta la vista y me mira fijamente. —Iba a preguntárselo... el otro día, cuando Ariana despertó y comenzó a llorar... vi el amor que se tienen... creo que usted podría ayudar a Diana —no ha pestañeado en ningún momento. Espera mi respuesta expectante. ¿Quiero ser una niñera? Creo que significa ser más que una niñera... por lo poco que me acaba de decir me doy cuenta de la similitud en nuestras edades al tener a nuestros hijos. ¿Puedo hacerlo? —Voy a ayudarlo... estoy sin trabajo y lo necesito —respondo y veo como se relaja visiblemente. Sonríe y se lanza encima mío a abrazarme. Lo que me pilla más que desprevenida. Por su reacción, siento como si le estuviera salvando la vida o algo así.  
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