CAMBIO DE CLIMA

1631 Palabras
Desde que Sofía llegó a la casa, Legol se encargó de hacerla sentir segura pero le prohibía hablar con Luca, él no se podría enterar de lo que había sucedido, dos días después del accidente montado por Legol la llamada del mismísimo Luca Lombadini me dejó de una sola pieza, en este llamado me decía que si la misión suicida que había encargado a Luca no cumplía con al misión de desparecerlo , al llegar nuevamente bajo mi mando tendría yo que matarlo. Así que mi plan estaba encaminado como yo lo deseaba, todo estaba saliendo a pedir de boca, Lombadini ya no tenía con qué seguir obligando a Luca a trabajar para él, asegure que si Luca volvía a cruzarse por mi vista, sería hombre muerto y que estuviera seguro de mi palabra ( lo que no sabía el era que yo no lo tendría que verlo nuevamente, no era una mentira). El clima de la casa con el pasar de los días se mejoro, Legol reía con la pequeña Masha mientras Sofía cocinaba o leía un libro de los que había echado a su maleta, siempre que nos cruzábamos me saludaba con cortesía pero con recelo, aún temía, lo notaba en sus sueños pero con menos intensidad, la pequeña Masha aunque se veía alegre y llena de ánimo, no dejaba de toser y con frecuencia se veía envuelta en pequeños episodios de fiebres que Sofía manejaba de la mejor manera, Legol por su parte ayudaba en lo que podía para hacer la estadía de ambas más placentera. Los días pasaron rápidos y silenciosos, Legol no se volvió a acercar a mi , sus días giraban en torno a las chicas y a él viaje de ellas y a qué todo saliera perfecto, él era el mejor planificador que pude conocer en todos mis años en la tierra. El día del viaje Sofía se levantó más temprano de lo habitual, se dedicó a hacer las maletas solo con lo que ella había traído, pero Legol la persuadió de llevarse todo lo que el había comprado para ellas, él sabía que donde irían necesitarían todo lo que el compró, Sofía seguía desconcertada ya que entre la ropa ligera que Legol les había llevado también se encontraban varios trajes de baño para ambas. Después de empacar y re empacar, hizo el desayuno y después de darle de comer a la pequeña, espero con impaciencia lo que podría ocurrir, yo salí de mi habitación ya lista para dirigirme con ellas al aeropuerto. Los nervios de la pobre mujer aumentaban con el paso de los minutos, me miraba con frecuencia y yo sabía que quería decirme algo, su nerviosismo no le permitió quedarse callada , se acercó a mí y se me sentó al lado sin soltar a su hija. — señora no se usted porque está haciendo esto, pero si de verdad voy a llegar a dónde quiera que vaya y voy a encontrar a Luca le estaré eternamente agradecida— — ahí estará— dije mirándola,— recuerde que él no espera que sean ustedes, será una gran sorpresa— Ella asintió y volvió a su puesto para espera la hora de abordar el avión. Abordaron con rapidez y antes de que se fueran Legol le recordó a Sofía que su nombre había cambiado y que debía hablar español, además de recordarle las veces que tenía que cambiar de avión para dejar un rastro frío, sin más las abrazo y les deseo buen viaje, las dos mujeres de la vida de Luca desaparecieron de nuestra vista. —Legol,¿ Luca ya sabe que debe recibirlas el día de mañana?— —no señora, usted quedó de llamarlo y me pareció que era una tarea que usted debía realizar—se inclino peligrosamente a mi oído y susurro —sé que le gusta encargarse usted misma de esos asuntos— toda mi piel se erizo. Pensé rápidamente en mi clima corporal, estar cerca de Legol calentaba y me hacía sudar, sin duda no solo Sofía cambiaría de clima, yo sola con Legol en casa estaría mudando de clima constantemente. Cambié mi manera de pensar y empecé a dirigirme a la salida, ya en el auto tome el celular satelital y marqué el número de Luca, este número estaba protegido y nadie podría rastrearlo, solo bastaron dos tonos para que él contestara en un español muy osco. — si, ¿dígame?— — hola Luca,¿ como está todo?— — señora, perfectamente, ¿desea el informe por el celular o le envío todo al correo?— —solo responde al lo que te pregunté y has lo que te diga ¿De acuerdo?— — si señora— — ¿le diste el sobre a la mujer que cuidaba la casa?— —si, ella insistió en darme las ganancias de la granja de los días que permaneció aquí, pero seguí sus órdenes y ella se los llevo, el mismo día en que yo llegue ella se marchó, mantuvo todo en perfecto orden y me hizo entrega de los animales y la granja— —perfecto, ¿Te has acoplado ya a la vida del campo? — yo siempre he vivido en campo así que no es acoplarme, es volver a hacerlo— — mucho mejor, Luca quiero que sepas que el día de mañana llegarán las dos mujeres que debes cuidar, estarán en el aeropuerto a eso de las 2 de la tarde, te recomiendo que este antes de esa hora por si hay un adelanto en los vuelos— — claro que sí señora, pero … ¿ Cómo las reconoceré?,¿ O ellas a mi?— —no te preocupes, ellas te buscarán, la madre conoce su figura y rostro, por eso no te preocupes, solo intenta ser el mismo que había en este país, la fotografía que les enseñe era de este año— —está bien, Señora ¿ Algo más que deba saber de ellas?— — si, cuando lleguen a la granja llámame para saber el estado de su llegada y para darte los demás detalles de tu misión— — si—esto último se escuchó más como un susurro que como una respuesta, pero así finalizó esa llamada, sabía que al otro día al llegar a la granja estaría tan feliz que la noche de hoy sería algo insignificante. Al llegar a casa el silencio volvió a instalarse, Legol dejo la sala de inmediato y yo no tuve más remedio que volver a mi habitación, a mi lado Legol movía cosas en su habitación y de repente la música nuevamente se apoderó del ambiente. Las notas rítmicas de la música acariciaban mi piel y me traían destellos de memoria de la noche en que el cuerpo de Legol y el propio se movían al compás de los acordes, las letras de amor y sueños le recordaban los momentos maravillosos pasados con Legol que por muchas razones no se volverían a presentar, la música fluyó por aproximadamente una hora sin que Legol se hiciera de notar, hasta que una canción rompió toda la magia y convirtió el ambiente de la casa en un lamento de tristeza y abandono, Legol levanto la voz y comenzó a cantar a coro con el cantante. “todas mis mañanas amenacen arropadas con tu atardecer, tu te duermes en mi hoy yo despierto en tu ayer, cuando tengo que bajar te dan ganas de subir, yo quiero llegar cuando tú te quieres ir, todos los descubrimientos tienen muchas ganas de encontrarte, hasta las estrellas usan telescopios para buscarte “ Mi mente no pudo seguir escuchando, salí rápidamente de la habitación y con gran velocidad me dirigí a el coche, ¿ Porque hacía él esto? ( ¿Acaso no sabe todo lo que me hace sentir?, Mierda, mierda, mierda ¿Por qué? ) Mi temperamento subía y bajaba en oleadas tenía irá y quería hacer sufrir a Legol por ponerme en este estado y me volvía frágil y sensible al pensar todo lo maravilloso que se había comportado conmigo en el tiempo que compartimos alejados del mundo, definitivamente mi clima cambiaba gracias a Legol. Regrese a casa apenas el sol apareció en el cielo, aún hacía frío y las lúgubres calles tristes me recordaban lo vacía que me sentía, dentro a casa lo más silenciosa posible pero Legol ya se encontraba de pie, su aspecto era todo lo que nunca se permitía, estaba en pijamas con los ojos aún con signos visibles de la falta de sueño, el cabello revuelto, y una posición de derrota en su postura corporal, su rostro se iluminó en cuanto me vio, soltó un suspiro en un tono bastante alto y se acercó a mi, no titubeó, me abrazo con toda la fuerza de su cuerpo, puso su rostro sobre mi cuello y respiro profundamente. — Señora— susurro.— estaba tan preocupado por usted, estaba pensando en lo peor, ¿ Está usted bien?— Me quedé sin palabras (¿ Que podía contestarle? ) Solo asentí, el no me soltó hasta que estuve sentada en los sillones de la barra de la cocina, después de soltarme se dirigió a la cocina y en mi tasa negra me sirvió un espumoso y caliente chocolate dulce, su risa flaqueo en el borde de su labio mientras me daba una mirada de tranquilidad. El silencio no era incómodo, pero estaba ahí. — Señora, quédese aquí por favor, yo me pondré presentable, quisiera hablar con usted de algo, si me lo permite claro está — — Claro, aquí te espero— Con esto salió rápidamente de la cocina dejándome a mi con el chocolate caliente cambiando la temperatura de mi cuerpo y llevando una cálida sensación a mi alma casi inexistente.
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