CAPÍTULO 17...
XAMIRA
.
.
¡Noooo, qué vergüenza por Dios!
Por suerte, son las 3 de la mañana y solo queda esconderme de Nación, aunque siendo sincera, dudo que eso pueda llegar a suceder.
Se lo notaba demasiado entusiasmado mientras me hacía esas preguntas y de verdad que tengo muchas ganas de retroceder el tiempo y no cometer esa estupidez. No digo que no lo haya disfrutado, mentiría si dijera que no. Acabo de tener un orgasmo súper intenso gracias a sus palabras.
Mi teléfono suena con insistencia y no me atrevo a tocarlo siquiera para mirar lo que me ha escrito, porque sé que es él.
Pero la curiosidad mató al gato, y yo no soy muy diferente al resto, necesito ver qué es lo que dice.
—No sé cuál fue el motivo por el cual cortaste con nuestra llamada que estaba bien intensa, por lo que pude escuchar. Me encanta saber que he provocado un orgasmo en ti, amo saber que mis palabras te han llevado a ese lugar y espero que me respondas este audio.
Lo pienso, lo escucho nuevamente y lo vuelvo a meditar. Lo mejor va a ser que le responda.
—Lo siento, me avergoncé.
—No entiendo por qué la vergüenza, creo que estas cosas son normales en una pareja. Ahora en lo único que pienso es en perderme en tu cuerpo, nada más. Escucharte gemir en mi oído me ha dejado en extremo excitado… Me tocará ducharme ya que no estás aquí.
Mi mente divaga un poco entre los posibles escenarios si no estuviéramos en diferentes países. Yo creo que uno de los dos ya estaría camino a la casa del otro para concluir con lo que nos da tantas ganas en este momento.
—No te quedes callada, mi reina. No es como si fueras virgen, ni mucho menos, yo, ser un niño inexperto.
—Es que… es la primera vez que experimento algo así y no sé cómo reaccionar. Literalmente morí de vergüenza mientras se me escapó aquello y…
—No hay nada de malo en que te hayas tocado y posteriormente tenido un orgasmo, eres mi mujer. Está de más decir que me hubiera encantado estar ahí sintiéndote mía, pero así están las cosas y nos tenemos que aguantar.
“¿Tú crees que yo no me he tocado pensando en ti? Lo he hecho más de una vez y me ha encantado.”
—Yo no he hecho nada para provocarte de esa manera.
—No es necesario, te dije que me encantas, me enciendes y me excitas demasiado. Fíjate lo que provocas estando con ropa, imagínate si me enviaras una foto desnuda. No lo soportaría.
—Ya te he dicho lo que tienes que hacer.
—Recuérdamelo…
—Viajar por… —Me fijo en Google cuántas horas hay ahora de diferencia—, casi 19 horas.
—Y cómo lo hago, dime, necesitamos una solución. No puedo estar más sin ti, quiero verte, tocarte... amarte. Será un poquito difícil para mí, pero lo intentaré.
—A mí se me hace que eso no va a suceder jamás.
—No sé por qué lo dices.
—No sé, simplemente pienso.
—No pienses mucho. Más bien mira el lado bueno, cuando ganes el concurso me envías el pasaje.
La conversación dura unos minutos más en los que yo le quiero hacer entender que él siempre puede juntar el dinero, hacer el sacrificio para poder llegar hasta mí y él me dice que lo mismo puedo hacer yo. Que en vez de venir a lo de Maika, bien pude irme a vivir a Ecuador con él.
Me suena un tanto extraño que la que debe gastar dinero siempre sea yo y no él.
.
.
.
.
—Ok, a ver si entendí. Tenemos a un Nación candente que, para cambiarte de tema y hacerse el tonto, te ha relatado una escena de sexo oral de procedencia dudosa. No sabemos si fue producto de su sueño o de alguna película nopor que se miró mientras se pajeaba.
—Maikaaaaa.
—¿Qué? No me juegues una santa carmelita descalza que bien que eres muy cochina. —Dios, no sé por qué le conté—. Déjame terminar, que se viene la mejor parte... Y, por otro lado, tenemos a esta Xamira cachonda que le gustó masturbarse mientras que el chico con voz sexy, le describía cómo le lamía la Pochita. Jajajajajajajajajajaja.
—Jajajajajajajajajaja la…. Pochita… jajajajajajajajaja
—La señora Pochi, como le llamaste tú hace un tiempo atrás.
—¿Cómo recuerdas eso? Con suerte recuerdo lo que he cenado ayer.
—Ah, pero de seguro recuerdas bien el gemido que se te escapó por estar manoseándote…
Golpeo su rostro con mi almohada mientras que reímos a carcajadas. Con él todo es diferente, no me avergüenza tanto hablar de este tipo de cosas y es extraño, pero desde que comenzamos a tener esta relación bastante loca siempre sentí una vibra muy diferente y una confianza inigualable.
—¿Podemos ir a una tienda más tarde?
—Claro, termino el capítulo que estoy escribiendo y te acompaño.
—Te va a encantar…
.
.
.
.
¿Saben a dónde me trajo este desgraciado?
A un s*x-shop.
No conforme con haberme traído hasta aquí, me está haciendo mirar y elegir entre los diferentes productos que ofrecen.
—Este es demasiado enorme, quien en su sano juicio aguanta 27 centímetros de pasión, por no decir ne-pe.
—Eso creo que no es muy visto, la medida estándar está entre 13 y 15 centímetros.
—En ese caso no me quejaría, siempre y cuando tenga el grosor adecuado.
—Pero 27 es un número muy grande, fíjate que estamos hablando de casi el doble, lo cual quiere decir el doble de grosor.
—Detente, ya me está doliendo el…
—Ni se te ocurra, Maika.
—No te vuelves a sentar en la puta vida.
Por favor, necesito que se abra la tierra y me trague.
Insiste tanto que termino eligiendo un coso de esos que vibra, es como un pene pequeño que más bien es vibrador. Ya veré cómo se utiliza.
—Nena, mira estoooooooo. Ay que cosa más divina. Creo que vamos a llevar dos, yo también quiero uno de estos.
Lo que me muestra mi amigo me deja con la boca abierta, trae en las manos un aparatito que gira y tiene varias lenguas, se podrán imaginar para qué es, ¿verdad?