— Suena casi cómico decir que lo “mordiste”. —acotó Jules y su padre se acercó a ellos.
— ¿Hay algo de esto que no me están diciendo, no? —les preguntó enfurecido.
— Sí, pero no podemos hablarlo hoy. Te lo diré cuando estemos más tranquilos, en la mansión si es posible, ¿está bien? —Lukács le prometió y le dio una palmadita en la espalda. Mucho no podía decirle tampoco ya que estaba un poco ebrio debido a la bebida, además a lo lejos venía acercándose Iris con otros dos tragos en mano y un claro gesto de preocupación, así que él se aproximó a ella también.
— ¿Pasó algo Lukács? ¿Ese no es el socio? —le cuestionó alarmada y lo llevó a un rincón. Allí le dejó la bebida en su mano.
— Sí. Es él. Vino a amenazarme, ¿te acordás que te dije que él está con Malika?
— Sin putos escrúpulos el charlatán. —le respondió ella y agitó su bebida de la cual se derramó un poquito. Parecía que le había molestado.
— Pero bueno, para mí estaba drogado o borracho, así que se descompensó.
Mintió, en realidad no estaba borracho ni drogado, pero había usado sus palabras al revés porque de eso había acusado a su madre. Simplemente lo mordió porque sintió la necesidad, además quizás sería él quien estaría yendo al hospital en ese momento si la navaja se incrustaba en su estómago. Era el otro idiota o él, obviamente no perdería con un amante estúpido y sin escrúpulos. Era increíble al límite que había llegado Malika, por una parte, la comprendía, y quizás ella era la única persona que lo comprendía a él porque ambos se habían metido en un juego sucio en el cual no podían parar porque toda su vida estaba en ello. Claros problemitas tenían los dos y Lukács lo sabía, pero si el ganador es el rey, él se coronaría. Lo que restó de la noche, bailó con Iris y con algunas mujeres más, las esposas de los socios. Los hombres estaban todos sentados en un rincón observando como presas, y el director ejecutivo le guiñó el ojo en un momento dado de la noche acercándose a él cuando lo vio solo.
— ¿Cómo estás, bebé? —le dijo el hombre tomándolo de la mandíbula.
— ¿A quién le decís bebé? Qué puto asco. —le respondió alejándose de él.
— A vos, a vos. ¿Y esta noche lo vas a hacer de vuelta? —estaba alcoholizado y decía tantas incoherencias, Lukács no lo soportaba porque eso le recordaba a su infancia, el ver a su madre así todos los días y todo el día, había aprendido a lidiar con alcohólicos, pero no los aguantaba.
— No voy a hacer nada nunca más. Fue una vez simplemente hace meses y ya está. —le contestó intentando sacárselo de encima, pero parecía bastante imposible.
— ¿Ya no me la vas a chupar? ¿Por qué? ¿No te gustó?
— En todo caso, lo tendrías que hacer vos porque ahora tengo un cargo más alto.
El hombre parecía no entender nada realmente y por ello Lukács deseó reír, antes de irse completamente, estuvo a centímetros de su rostro para decirle: “Si vos querés hacer algo conmigo, me vas a tener que decir yes, daddy”. Luego de ello, se fue.
— Seré yo simplemente ¿o la mayoría parece tener una fijación s****l con vos?
La voz de Iris ingresó en sus oídos. Tenía razón, se dio vuelta, y ella le sonrió burlona. Desaparecieron de la escena. Ahora se encontraron los dos solos parados contra una columna del salón de fiestas. El rostro de Iris parecía brillar y sus ojitos amables parecían conocer sus verdaderas intenciones. En ese mismo momento, Lukács decidió comenzar un beso, unir sus labios en un momento duradero e íntimo, la muchacha únicamente lo siguió, no opuso resistencia, más bien cruzó sus brazos alrededor del cuello ajeno y lo acercó a sí misma. Era el único instante donde Lukács se sentía a salvo y no porque necesitara a una persona para hacerlo, sino más bien, porque sentía un cariño y un afecto que no había experimentado anteriormente. Quizás aún le dolía, muy dentro suyo, la huida o la traición de Dánae, al darse cuenta que lo tenía allí porque le daba lástima. Había calado muy hondo en él ese tipo de sentimientos, por lo cual, el amor era algo nuevo y estaba emocionado por ello. Su corazón latía cerca de Iris y al parecer, la muchacha se sentía igual.
— Me gustas. —confesó ella frotándose sus manos, pero mirándolo muy de cerca, a centímetros de sus labios.
— ¿Si? ¿Aún si apenas nos conocemos? —la confesión lo tomó por sorpresa. Era la segunda vez que recibía algo así de manera sincera.
— ¿Qué importa si nos conocemos hace unos días, Lukács? El amor se siente igual. No puedo esperar todo este año a decírtelo. Te lo digo ahora, de manera valiente, y vos podés pensar que luego me arrepienta o no, pero no importa demasiado. Lo importante es hoy. —afirmó muy segura de sí misma.
— Iris, yo siento lo mismo por vos. —le contestó y luego quedó en silencio. Era la primera vez que se confesaba a alguien. Su rostro hirvió.
Ambos se tomaron de las manos y las miraron como si fueran apreciadas. Ninguno de los dos dijo más nada, sólo las acariciaron lentamente. Iris se abrazó a él colocando su rostro en el hombro ajeno. — “Yo te apoyo” —murmuró y Lukács sintió como su corazón se había abierto ante ella, y mucho miedo. Miedo de que quizás no era el momento indicado, pero no decidió prestarle atención a ello, también la abrazó y cerró sus ojos. Sintió que pasó una eternidad.
La fiesta terminó y los dos se separaron en ese momento, cada uno volvió con su chofer y su familia, aunque la observó hasta que se fue. Él fue el último, al ser la pieza más importante, debía llevarse algunas cosas, saludar a todos los viejos y las viejas ricachonas con una gran sonrisa porque sino se pondrían en su contra y no quería que sucediera eso. No más mala reputación. Ya estaba amaneciendo cuando regresaron a la mansión.
— ¿Así que te gusta Iris Richards, no? —le preguntó Jules de camino a su hogar alzando una ceja.
— No me molestes, Jules, si no querés que te golpee. —le respondió de brazos cruzados, aunque su padre y el otro continuaron molestando, parecían felices y mucho más libres. Hasta él mismo se sintió mejor, hasta pudo sonreír por un breve segundo.
Apenas llegó, subió hasta su habitación para caer rendido en la cama y no supo más del mundo hasta la tarde del día siguiente. Se levantó mareado y después de tontear unos minutos acostado, decidió darse una ducha. Su celular explotaba de notificaciones, recordaba que se había tomado fotos con todos los invitados, pero lo que más le importaba eran las publicaciones de Iris, a estas las miró todas y decidió apretar el corazón. Se sentía tonto haciéndolo y hasta casi gracioso. Bajó de su habitación para comer algo, obviamente se percibía una tranquilidad distinta. No estaba ninguno de los busca-pleitos, entonces Lukács también volvía a su manera tímida de ser e introvertida. Pero la tranquilidad obviamente no duraría mucho ya que su padre cuando lo vio terminar la comida, se sentó frente a él y le pidió explicaciones sobre aquello que habían hablado en la fiesta y la verdad sobre el hombre que llevaron al hospital. Lukács tragó saliva.
— No pensaba decírtelo. ¿Estás dispuesto a escuchar algo que tal vez no te guste saber de mi parte?
— No me importa lo que sea, Lukács. Estoy harto de los secretos y parece que vos tenés un montón.
— Pues. Malika te engaña con el empleado que se desmayó en la fiesta. Sí.
Su padre lo observó extrañado, parecía no creerlo en un principio, pero luego la información le cayó como un balde de agua fría. Jules estaba apoyado en un rincón y también se sorprendió al oír eso. No lo sabía. El único que lo sabía era Lukács hasta ese momento, él sólo se quedó sentado y sacó un habano que le había robado anteriormente a su padre para fumarlo. El estrés ya se le estaba acumulando.
— ¿No estás mintiendo, Lukács? —preguntó él con sus ojos lagrimosos. Nunca pensó que le podría afectar tanto.
— No estoy mintiendo, tengo hasta fotos. ¿Por qué inventaría algo así? Eso sucedió, estaba ella junto a él. No dije nada simplemente porque sabía que Malika me odiaba, y tener ese secreto conmigo, me daba poder. Pensé que te lo diría en algún momento o que quizás ya lo sabías, pero no. Lo que sucedió en la fiesta fue que él me estaba filmando, tal vez Malika lo mandó, quería que “confesara” algo que yo nunca había hecho y luego me amenazó con una navaja.
Su padre lo escuchaba con atención, pero se había sentado y pedido un vaso de agua para calmar sus nervios.
— ¿Todo esto te pasó ayer y no dijiste nada, Lukács? ¿Qué pasa con vos?
— Hay muchas cosas que pasan en la vida, padre, y vos no sabés casi nada de ellas. Quizás si le prestaras atención a tu alrededor.
— ¿Qué más tengo que enterarme, Lukács? —le cuestionó abatido y bebió el agua desesperado.
Los ojos de Jules se clavaron en él y no entendió lo que quería decirle, por lo cual, continuó fumando y negó con la cabeza un par de veces.
— No hay nada más para enterarse, por ahora.
Afirmó con seguridad, y Jules apretó su brazo. Obviamente que había más. Había mucho más. Había mordido a dos personas. Era CEO, su madre tenía un novio nuevo, le gustaba Iris. Se perdió entre sus pensamientos, aunque en ese instante, alguien tocó la puerta. Una de las empleadas abrió e hizo pasar a una muchacha. Una muchacha que él conocía muy bien. Yuri. Lukács abrió grande sus ojos, ¿allí terminaría su mentira? ¿Debería seguir hablando con su padre sobre lo que sucedió realmente?
Ella titubeaba al hablar, frotaba sus manos nerviosa, desviaba la mirada, sólo en un momento miró a Lukács y luego rápidamente bajó la cabeza. Todos la observaron extrañados.
— He decidido abandonar mi puesto.
— ¿Por qué Yuri? —preguntó su padre, un tanto desorientado.
— Por ciertos asuntos personales. —afirmó ella sin levantar mucho la voz y se retiró el delantal para dejarlo en la sala de estar donde otra empleada lo tomó.
— ¿Te podemos ayudar en algo?
Lukács la miraba con detenimiento, miraba su cuello, pero no tenía ninguna marca visible. Al parecer se acordaba todo lo que había sucedido y por ello abandonaba el empleo.
— No, sólo debo cuidar a mi madre y continuaré con mis estudios. Muchas gracias por la estancia en esta mansión. Cuídense mucho. Hasta luego. —concluyó y se retiró en silencio con una pequeña maleta.
Nadie más habló. Ahora debían conseguir alguien para el puesto de Yuri. Lukács miró para otro lado, y cuando su padre se fue a la habitación disculpándose con ellos, Jules se acercó a él, sentándose frente a frente.
— ¿No dirás nada Lukács? Te estás perdiendo una oportunidad.
— Fue demasiado por hoy, Jules. Intentá leer las señales. Se lo hubiera dicho si estuviera bien, pero la noticia de Malika fue demasiado para él y más aún lo que me sucedió con ese hombre. Es obvio que se sintió como un perdedor y derrotado. Imaginate si le decía que también el director ejecutivo quiere acostarse conmigo otra vez y que además por mi culpa perdió a una empleada, ¿eh? Probablemente me golpearía o me echaría, no sé.
— Tenés que decirlo antes de que sea muy tarde. No seas tonto. No hoy, pero en este mes, en algún momento, antes de que vuelva Maxime.
— No creo que él vuelva. Es un perro faldero de su madre y Malika seguro también se irá, a menos que se arreglen.
De repente, su celular vibró y recibió un mensaje de alguien anonimo: “Sos un monstruo #derribemosaKAZINO” y Lukács alzó una ceja, desorientado, le mostró el mensaje a Jules y ambos se quedaron mirándolo durante un largo rato.
— Estoy seguro que tiene que ver Yuri en esto. Se fue porque me tuvo miedo, porque le parecí un monstruo seguro. Lo que faltaba es que gente anónima me acuse de algo… Estos días van a ser duros.