LIFE IS A b***h

2132 Palabras
Comenzó con su primer día de trabajo en el nuevo departamento. Era el CEO por fin, lo que tanto había deseado desde que ingresó a la empresa, y se encargó de toda la parte de ingresos. Apenas llegó, todos los recibieron de manera muy amable, algunas mujeres le sonrieron y los muchachos se acercaron para hablarle de las nuevas noticias y también de las nuevas reformas que iba a hacer prontamente. Todos esperaban mucho de él y allí estaba el problema, sabía que si daba un paso en falso y cometía un error, se lo comerían como lobos y no quería que le suceda eso, por lo cual, intentaría lo mejor.  Se sentó en el sillón de su oficina y abrió la persiana de la ventana. Era una ventana balcón así que podía observar los árboles fuera desde allí, algo que le gustaba hacer. Por fin un poco de paz. Pero creo que sabemos que la paz no está en el diccionario de Lukács. Revisó su celular mirando los últimos posteos de sus amigos, a quienes no veía hace tiempo, sin embargo, éstos le continuaban mandando mensajes y lo habían felicitado. Luego, leyó toda la conversación con Iris, definitivamente se había enganchado de ella como un tonto, bueno, un tonto según él. En ese instante, recibió un mensaje de parte suya.  “¿Revisando los mensajes, eh?” Él se sorprendió ante ello, y frunció el ceño. “¿Cómo lo sabes?” De repente, la puerta se abrió e Iris entró por ella alzando sus cejas, casi riéndose. Traía un ramo de flores, tan grande como su cabeza. Era un bouquet de rosas y margaritas, él desvió la mirada por unos segundos, pero luego se levantó de la silla para saludarla como correspondía. Aún no salía de su asombro, pero su presencia lo alegró enormemente.  — Una flor para otra flor. —le confesó guiñándole el ojo y acomodando las flores sobre el escritorio.  — Qué cursi. Pero, muchas gracias, Iris. —contestó con cierta timidez. — No te hagas el tímido que el fin de semana estuvimos besándonos. ¿O vos sos de esos que se olvida porque ahora es jefe? —le preguntó bromeando y se acercó a él para dejarle un besito en su frente. Lukács cerró los ojos.  — No voy a olvidarme. Es que me pareció sorprendente recibir un regalo el primer día y me alegra saber que es de parte tuya. No estoy acostumbrado a recibir regalos. —habló y tomó las manos ajenas para besarlas para después mirarla a los ojos. — ¿Preparado para no trabajar el resto de tus días? — ¡Hey! Ya me estás tildando de algo que no soy. Estoy planeando algunas reformas en este sitio y también tomar más personas. ¿Qué te parece? — Sí, yo creo que unas reformas le vendrían bien a este departamento. ¿Qué pensás cambiar? — Aún no sé muy bien, pero estoy pensándolo. Hay ciertas cosas que no me agradan y muchas personas que tampoco me agradan ni hacen su trabajo.  — Uf, cariño, acá tenés hasta para hacer una historia. Si te contara todo lo que sé de la mayoría de ellos. ¿Sabés cuántos escándalos encubrieron? ¡Un montón! No me pagaron a mí, pero le pagaron a la revista para que no publique nada. No me quieren muy cerca de acá porque saben que soy periodista.  — Tenemos muchas cosas en común. Al parecer no mucha gente nos aprecia demasiado.  — Mientras vos me aprecies, eso va a ser lo único importante para mí. —le dijo sonriéndole y besó fugazmente sus labios. A Lukács le parecía increíble que no se sonrojara al decir eso, sino que simplemente lo decía con emoción y con confianza en sí misma. Al parecer, eso le faltaba mucho a él. Sin embargo, continuó el beso tomándola de la cintura, y después se alejaron de a poco. Aún parecían adolescentes que recién conocen el amor, especialmente Lukács, quien no había experimentado nada parecido anteriormente. Sólo breves amoríos, relaciones sexuales y allí todo se quedaba. Pero quizás con Iris sería diferente, sentía el ánimo de estar en una relación seria junto a ella. Estuvieron conversando un tiempo más, las horas parecían volar, en sus pensamientos sólo veía el rostro de la muchacha y le sonreía como a nadie nunca. Ni siquiera con sus padres era así de cariñoso, ni tampoco pensaba serlo.  Después de que Iris se marchó, organizó algunos papeles sobre el escritorio y observó las flores un largo rato enfocándose en ellas y pensando nada más en eso. Ese pequeño regalo, pero tan importante. Gracias a ese pequeño regalo y el aroma podía continuar su trabajo, gracias a las palabras tan cariñosas de ella podía seguir. Así de extremo era para él. Había encontrado allí lo que nunca halló en nada ni en nadie, pero eso era bastante peligroso. Aún no se dejaba llevar del todo porque temía tanto, cargaba con tanta desconfianza en sí mismo. Ahora oyó una voz ingresando por sus oídos que no le fue para nada placentera. La voz del maldito director ejecutivo. — En tu primer día y ni siquiera has trabajado. Todo por una mujer. —le dijo este bromeando, con una risita media irónica, y luego le sonrió falsamente. Lukács, sentado en el sillón, con sus brazos cruzados y leyendo algunos papeles, levantó apenas su vista para observarlo, aunque si fuera por él lo ignoraría por completo. Al primero que despediría seguramente. Lo tenía harto ese maldito depredador. Aún recuerdos horribles de su infancia venían a su mente cuando este lo había acosado, y de cómo terminó haciéndole sexo oral hace meses atrás. Todo eso le revolvía el estómago y no era una persona grata a sus ojos. Le respondió con un leve gruñido e intentó sonreír, pero simplemente su cara se transformó.  — ¿Podemos olvidar todo lo de la noche anterior, por favor? —le preguntó. En este momento, Lukács rió irónicamente y entrecerró sus ojos.  — ¿Por qué tendríamos que olvidarla? — Porque… ya sabes, estaba pasado de copas, y no quise decir nada de eso. — ¿Y te sobrepasaste, no? —una furia interna comenzó a salir de Lukács y clavó sus ojos en él levantándose de la silla. Se puso a sólo centímetros de éste. — Sí, me sobrepasé, por eso quería pedirte perdón. — ¿Por qué no me pediste perdón antes? ¿Eh? ¿Por qué no me pediste perdón cuando era chiquito y me acosabas? ¿Por qué no me pediste perdón cuando me drogaste e hiciste que te chupara? — Bueno… Eso, lo lamento mucho.  — Ya no sirven tus putos lamentos. Y para que sepas, nunca más me trates informalmente. Sólo te tengo acá porque te voy a hacer pagar muy duro así que andá acostumbrándote. Podés retirarte.  El hombre lo miró con cierto recelo, pero sólo bajó su cabeza. Sabía que Lukács podía destruirlo cuando quisiera. Le apiló algunos papeles en el escritorio y se largó hacia su sala. No dejaría que ese estúpido hiciese lo que quisiese. Pronto se hundiría solo.  Cuando terminó su trabajo, lo pasó a la netbook y recibió un mensaje, nuevamente anónimo. Se ve que el hater estaba trabajando bastante aquel día. Sin embargo, se sorprendió ante ver que le habían tomado una foto junto a Iris el día de la fiesta, el sábado, por lo cual, su hater había asistido allí o quizás mandó a alguien para lo que haga. No se le ocurría quién podría ser. Pensaba en Malika o Maxime, pero ellos ya habían mandado al empleado. ¿Quién sería? ¿Dónde se había sentado? ¿Con quién vino o simplemente se infiltró? Debería revisar la lista de invitados con cuidado. Tenía una buena memoria así que solía recordar muy bien los rostros, aún borracho, se le venían flashbacks de repente. Decidió contestarle. “No sé quién seas, pero por favor dejá de molestarme. O directamente vení a decirme lo que te molesta, seguramente ya sabes dónde trabajo y de qué”.  Estaba harto. Además por qué alguien se escondía tras el anonimato, era completamente estúpido. Debía empezar a descartar uno por uno a quien sabía que lo odiaban.  “Esto recién empieza, Lukács Kazino. ¿Presentarme en tu empresa, decís? Eso le sacaría toda la diversión. Bienvenido a la pesadilla. Con mucho amor xoxo.” Esa fue la contestación que recibió. Seguro era un maldito resentido o una maldita resentida con él. Comenzaría a investigar, no se le pasaría de largo nada y menos ahora. Su cabeza dolía. Los problemas comenzaron. Rió para sí mismo porque por fin había encontrado un oponente digno, quizás se aburriría si no tenía nada para hacer. Llamó a su secretaria rápidamente y esta acudió con una sonrisa increíble. — ¿Qué sucede, señor? — Hola, señorita. Quisiera que le envíe un telegrama a Chris Jackson, uno de los empleados de la oficina, ¿usted sabe quién es, no? — Claro que sí. El señor no vino hoy a trabajar porque está en reposo. ¿Con qué motivo se lo envío?   — Lo sé, señorita. El motivo será de despido. —concluyó y le sonrío. Ella quedó un poco paralizada, pero rápidamente recobró la consciencia y asintió con su cabeza despidiéndose.  “Chris Jackson”. Pensó para sí mismo. El maldito amante de Malika se quedaba sin trabajo por haberlo amenazado en la fiesta y haber querido atentar contra su vida. De repente, el teléfono en su escritorio sonó, se trataba de su padre. — ¡Lukács! ¿Despediste a Jackson, no? Me llegó una notificación. — Sí, padre.  — ¿Y qué tal si intenta demandarnos? Es un empleado de muchos años. — Que lo intente, pero tengo todas las pruebas en su contra.  — Lukács… Tal como dijiste vos, él sí estaba drogado esa noche. Había ingerido Fenciclidina.  Se quedó pensativo durante unos segundos. Esa droga se la conocía comúnmente como “polvo de ángel” y una de sus reacciones era volverse hostil o violento. Aún así, le pareció raro. ¿Lo había atacado por eso? ¿Se había inyectado esa droga especialmente para cometer un crimen esa noche? Todo era raro. Se sentía como buceando en aguas turbulentas.  Drogas. Alguien que tomaba fotos de Iris y él. Alguien que lo comenzaba a amenazar. Era parte de algo más grande, estaba seguro. No creía que Chris se inyectara eso para terminar apuñalándolo esa noche, y si lo había hecho estaba loco, ¿a ese límite había llegado Malika? No lo creía, y además no había tenido noticias de ella. Sabía que se comenzaron a separar debido al engaño de Malika. No la creía capaz de hacer tal cosa, tampoco a Maxime. Era un perro asustado. Estuvo reflexionando sobre su sillón, sentado, se encendió un cigarrillo y allí se quedó durante el día. Luego simplemente salió al balcón para admirar un rato el paisaje, hasta que su celular comenzó a vibrar nuevamente. Rodó los ojos. Era un maldito número desconocido. — No fue Malika, idiota. Fui yo. —alguien comenzó a reírse. Era una voz de mujer, extraña, parecía la combinación de diversas voces. Aguda, pero a la vez grave. No podía distinguirla.  — ¿Qué mierda querés? ¿Y quién sos? — Ay, Lukács, ¿te pensás que te voy a decir quién soy? Y no intentes rastrear el teléfono, no te saldrá nada. Soy una dulce incógnita hasta ahora. — ¿Una dulce incógnita? Sólo me das risa.  — Por meses te fui siguiendo y te pensé como un modelo a seguir. Tu egoísmo es increíble, sin embargo, me di cuenta que sólo sos un maldito cobarde y no te animarás a nada realmente. Sos una mierda igual que toda tu familia.  — ¿Por qué tenés tanto resentimiento? ¿Qué te hice?  — Adivinalo. Pensá. Reflexioná. ¿O querés que pase a la acción directamente? Ay ay, veo que sos muy bueno para amenazar y manipular, pero a veces yo suelo ser mejor. Te ablandaste por Iris Richards. ¡Qué lástima! Podrías haber sido grande, muy grande, pero te convencieron, te dieron un puestito y ya sos un Kazino más. Qué rápido te vendiste, Lukács Miranda.  El apellido de su madre resonó en su cabeza. Lo golpeó y tuvo que sentarse en el sillón. Cómo sabía todo eso.  — Estoy más cerca de vos de lo que crees. Xoxo. La llamada se cortó de forma precipitada y Lukács tragó saliva. Un oponente, sí. Una oponente, ahora tenía una figura femenina. Definitivamente debería hablar con su madre al respecto. Además… ¿Cómo que lo había seguido y era un modelo a seguir? ¿Cuál sería su próximo paso? 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR