Estaba conduciendo con furia, las manos apretadas al volante y la vista borrosa por las malditas lágrimas que no dejaban de caer. Odiaba sentirme así, odiaba darle ese poder sobre mí. Apreté los dientes y pisé el acelerador con más fuerza de la necesaria. La ciudad pasaba como un borrón a mi alrededor, pero mi mente solo repetía una y otra vez las palabras de Daniel. "No quisiste abrirme las piernas, pero tranquila, tengo a muchas otras como tú." Asqueroso. Despreciable. Me limpié el rostro con la manga, tratando de calmarme. No valía la pena. Él no valía la pena. Pero me dolía. No porque lo quisiera, sino porque había sido una idiota en pensar, aunque fuera por un segundo, que detrás de su arrogancia había algo más. Sacudí la cabeza, tratando de enfocarme. No tenía tiempo para est

