Consciente de que, si le contestaba, diría algo de lo que se podría arrepentir después, le repitió con voz trémula: —Cuando llegue a casa, te llamo; ahora tengo que cortar. Adiós. Y colgó. Vio que sus manos temblaban, respiró profundo hasta tranquilizarse y se aproximó al stand de art & viiva para despedirse de sus superiores. Pero se encontró con que el ambiente desenfadado de antes se había evaporado. Su jefe tenía el iPad abierto y escribía algo en él con suma concentración. Tommi le sonrió y le preguntó: —¿Todo bien? —Sí, sí, todo bien, gracias. Bueno, creo que tengo que irme; gracias por el café. —Buscó los ojos de Mika, pero este siguió concentrado en su ordenador. Le daba la impresión de que esquivaba su mirada. Su corazón se desplomó, pero fingió una sonrisa—. Los veré en la cl

