El mes de enero dio paso al mes de febrero con el mismo paisaje: nieve, oscuridad y temperaturas bajo cero. La primera semana de Alejandra estuvo llena de altibajos, pero más que nada de bajos. El primero, a causa de Júpiter. Aunque había ensayado diversas formas de controlarlo cada vez que lo sacaba a pasear, la situación seguía siendo un resumen de fuerza y dominio a favor del perro. Derrotada, había optado por calzarse unas deportivas a prueba de nieve, que había comprado en un mercado de segunda mano, y se había dejado llevar por el ritmo que el animal le marcaba. Una cosa podía decir con absoluta seguridad: con él nunca, nunca se caminaba. Se galopaba. La segunda causa tenía que ver con el árido panorama laboral: ni rastro de empresa, grande o pequeña, interesada en contratarla. Es

