Capítulo 3.

3381 Palabras
-Es aburrido cuándo todos están de vacaciones o en misiones en otros lugares -suspiré. -El año pasado tuvimos nuestras oportunidades -asintió Bryan. -Es un asco que tenga que quedarme aquí. Y sobre todo contigo -suspiré de nuevo, aunque sabía que recientemente, Bryan me estaba agradando de una manera muy...extraña. -Sentimiento mutuo, McDowell -sonrió, levantando su lata de cerveza en modo de brindis-, sentimiento mutuo -dio un sorbo de esta y luego fijó la mirada en algún punto en específico. Nos encontrábamos en una de las salas de reuniones de la agencia. El lugar consistía en una habitación amplia, con una mesa de madera maciza con superficie lisa. Las paredes eran de un blanco y n***o elegante a juego con muebles de cuero n***o, con pinturas y retratos en las paredes. El lugar perfecto para llevar a cabo reuniones importantes con un ambiente tranquilo. Saqué mi teléfono y vi un nuevo mensaje. Era de Paul, mi ex novio. Chasqueé la lengua en señal de irritación y borré el mensaje. Paul era un chico simpático y encantador. Cabello rubio, tez bronceada y ojos azul cielo, el sueño de cualquier chica. Terminamos hace un verano a causa de su infidelidad con Stacey Hamilton, la capitana del club de porristas de la secundaria. Desde el comienzo de este verano ha estado enviándome mensajes de texto y de voz. Estaba comenzando a irritarme. -¿Algún problema? -Preguntó Bryan, que ya había acomodado sus pies en la mesa y colocando su chaqueta de cuero en el respaldo de la silla. -Ex novio irritante -dije, tirando el teléfono lejos de mí. -Nunca pensé que llegaras a tener novio -comenzó a reírse. -Idiota. Obviamente tengo muchos encantos y detrás de eso están mis exasperantes pretendientes -sonreí,  con aires de grandeza. Ambos reímos y luego nos miramos fijamente y al cabo de unos segundos desviamos las miradas. Incómodo. Realmente incómodo. -Tenemos que terminar el informe -afirmó cortante. De algún modo, nuestro tiempos juntos se estaban convirtiendo en algo agradable, y aunque lo odiara, era encantador y misterioso, y por Dios Santo, esa camisa le quedaba demasiado bien. No me había dado cuenta de que lo estaba mirando fijamente hasta que volví y lo encontré observándome con la cabeza ladeada. -¿Algún problema, Sonny? -No, ninguno. Tenía que dejar de traicionarme a mí misma. -Está bien -ladeó la cabeza con confusión, pero pareció decidir ignorarme-. Acércate aquí. Mira esto. Pasé por encima de la mesa y me posicioné de pie a su lado. Me incliné hacía delante, apoyando mi mano en la mesa para mirar bien su laptop. Me estaba explicando algo acerca de la oficina de Hamilton pero no estaba prestando total atención. Lo miraba de reojo. Su mandíbula se tensaba de vez en cuando, cuándo se trababa en alguna palabra y mordía descuidadamente su dedo índice cuándo hacia algunas correcciones. Maldita sea. Mente traicionera. ¡Deja de mirarlo! -No estas prestando atención -reclamó. -N-No -balbuceé-, es solo que estoy...cansada. Un poco cansada, eso es todo. -Pues, yo también estoy cansado -concordó, mientras estiraba su cuerpo en la silla. Su camisa se levantó un poco, dejando al descubierto un hilo de piel morena. -Descansemos, entonces -asentí, incorporándome erguida. Tomé otra silla y me senté a su lado. Destapó otra lata de cerveza y dio un largo sorbo de esta. Limpió los restos con el dorso de la mano y dio un largo suspiro. -¿Nunca has pensado en ser otra cosa? -preguntó repentinamente. Volviendo a la realidad, lo miré confundida. -¿Cómo qué? -Ya sabes. Preguntarse qué hubieras hecho si no fueras espía. Sueños, metas. Algo así -concluyó haciendo gesto con la mano de "restale importancia". La verdad era que nunca lo había pensado. Desde pequeña he estado entrenando para ser espía. Simplemente no tuve el tiempo para sentarme y pensar "¿quiero hacer otra cosa además de ser espía? Ey, ¡Quizá pueda ser chef!"  Si tan solo supiera cocinar... -No lo sé. Nunca pensé en otra cosa que ser espía -me encogí de hombros- ¿Tú? -Pareció incómodo de repente. Se revolvió en su silla y dio un largo sorbo a su cerveza. Tenía la mirada distante y vacía, como si estuviera rebuscando en su interior sus sueños y metas perdidas. -Quería ser profesor -confesó-, como mi padre. -¿Qué? -Reí. Pasó por mi mente la visión de Bryan en un horrible traje marrón claro con una corbata verde, frente a un pizarrón explicando matemáticas o algo así. No pude parar de reírme. -Oye, eso duele -dijo, colocando su mamo en su pecho simulando dolor. -Ok, está bien -me limpie unas lágrimas que salían de mis ojos con el dorso de la mano- ¿Y por qué no fuiste profesor? -No nací para ello -se encogió de hombros-. Pienso que solo lo quería porque tenía a la figura de mi padre y yo quería imitarlo. Ser cómo el. -Prácticamente era un capricho -resumí. -Algo así -asintió-. La verdad es que no le caigo bien a los niños. -Eso es cierto -estuve de acuerdo mientras distraídamente lo miraba de reojo. -Auch. *** Esa misma noche, estábamos entrando por el conducto de ventilación de la compañía de Hamilton. Al final, James nos sacó las sospechas y tuvimos que hablar. Nos sentamos hacer un plan para averiguar que se traía Hamilton entre manos. -Yo debería esperar aquí -dijo Bryan, cuando ya yo estaba entrando en el conducto. -¿Por qué? -Fruncí el ceño en su dirección. -No si eres tonta o te la haces, pero estos -señaló sus hombros-, no entran allí, princesita. -¿Cuál es el sentido de ser espía si no entras por un conducto de ventilación? -Me estas discriminando. -Sí. Como sea, no entraré sola. -Eres delgada y liviana. Además, los conductos suelen ser inestables y aunque entrara, no sabemos cuáles son las probabilidades de que soporte mi peso. -Gordo -me burlé. A él no le hizo gracia. -Esto -tocó sus bíceps-, es pura fibra, princesita. Ahora, ve. Hamilton saldrá dentro de 10 minutos, te cubriré aquí abajo. Si sucede algo, llama a Jack, el equipo monitoreará tus pasos. -No consigo mi láser, ¿me das el tuyo? -Le pedí, sonriendo. El chasqueó la lengua y lo sacó de su bolsillo. -No lo pierdas. -Haré lo posible -le guiñé un ojo y me adentré en el conducto. Olía a gato remojado y hacía frío. De inmediato me arrepentí de no haberme colocado mi chaqueta de cuero. Seguía las instrucciones de Jack por el audífono, cruzando de izquierda a derecha y viceversa. Pasé por lo que parecía la cafetería de la compañía y visualicé a dos siluetas encima de una mesa, una de ellas muy conocidas. Era Hamilton, besándose con alguna mujer. Al menos estaba segura de que no entrará a su oficina aproximadamente en veinte o treinta minutos. -¿Cerca? -Pregunté a Jack. -Cerca. Es la rejilla de tu izquierda. En efecto, la rejilla daba de lleno en la oficina de Hamilton. Busqué un destornillador en mi bolsillo y saqué los tornillos de la rejilla, haciendo que esta cayera al piso de porcelanato de la oficina. Seguidamente, até una cuerda a la rejilla vecina. Era inestable, pero podría funcionar para la salida. Salté dentro y caí sobre mi pie y mi rodilla y de inmediato me acerqué al escritorio de Hamilton, abriendo el primer compartimiento. Tijeras, lápices, cinta adhesiva, bolígrafos. Nada importante. Ya el tercer compartimiento estaba bajo llave. No pondrías algo bajo llave si no fuera importante. Tomé un gancho de mi cabello y forcé la cerradura, abriendo con un sonoro "click". Dentro, se encontraba un fichero de la letra "A" hasta la "Z", e instintivamente busqué la letra "G". Solo había una carpeta negra con unas frases en francés. -Sonny, Hamilton está regresando a su oficina -la voz grave de Bryan me sobresaltó por el audífono. Levanté la vista y la puerta de la oficina estaba entre abierta. -Ya salgo -tomé la carpeta y la guardé en mi mochila. Corrí hacía la cuerda, la aseguré una última vez y comencé a escalar por ella- ¡Mierda, la rejilla! -tuve que bajar de nuevo y tomar la rejilla. Escuchaba los pasos de Hamilton cerca. Me apresuré a escalar y entré de nuevo al conducto, colocando la rejilla en su lugar, seguido de la intromisión exagerada con un portazo por parte de Hamilton, que examinó su oficina cuidadosamente, luego tomó sus llaves, apagó las luces y salió de esta. -¿Estas fuera? -Preguntó Bryan. -Fuera -balbuceé con la respiración agitada-. Acaba de salir definitivamente, ¿entro de nuevo? -No, está bien. La electricidad la cortan al cerrar las puertas principales, los conductos quedaran oscuros. Ven aquí. *** Al empujar la rejilla de la calle, me encontré con Bryan, Jack y otros agentes esperando abajo. -¿Pero qué mierda...? -Miré hacia abajo y estaba más o menos a unos 5mts de altura- ¡¿Por qué estoy tan arriba?! -Chillé. -Bueno -Jack estaba rascándose la cabeza-, creo que me confundí un poco al guiarte -me dedicó una sonrisa de disculpa. -No te preocupes, princesita. Salta -dijo Bryan-, estamos seguros de que no vas a pasar del piso -y comenzó a reírse. -¿Les causa risa? -puse los ojos en blanco- La próxima vez consigan a otro agente que hago de su payaso -solté. -Ya, calma princesita -Bryan extendió los brazos-, salta a mis brazos -¡No saltaré a tus brazos, imbécil! -Entonces, que tengas una preciosa noche allí arriba -sonrió, girando sobre sus talones. ¡Menudo imbécil! - ¡Está bien! -Se detuvo en seco y me miró fijamente- Pero si no me atrapas, clavaré un cuchillo en tu garganta. ¿Entendido? -Levantó las manos a la altura de sus hombros y volvió a extender los brazos. -Está bien, lo capto. Tragué grueso. Inhale una larga bocanada de aire y antes de arrepentirme y volver por el conducto, salté con los ojos cerrados a los brazos de Bryan. - ¿Ves? Aún sigues viva y completa -abrí mis ojos y me encontraba completamente envuelta por unos musculosos brazos y apretujada a un perfecto pecho. Mis pies no tocaban el piso. Estaba mirándolo directamente, mirando esos ojos verdes mar penetrante que quitaban la respiración a cualquiera. -Sí, gracias -desvié la mirada, tratando sin esfuerzo de salir de sus brazos. -Siempre a la orden, princesita -Me dedicó una sonrisa. Comencé a mirar a todos lados, tratando de evadir su mirada. ¡Tonta, lo haces muy obvio! -Solo logré encontrar esto -dije, tratando de no parecer incómoda, entregándole la carpeta negra. Bryan la tomó y le dio una hojeada. Luego se la entregó a Jack. -Nos encargaremos de eso mañana, hay que revisarlo cuidadosamente. -Entiendo. -¿Necesitas un aventón a casa? *** Minutos después, Bryan aparcó su elegante mustang rojo frente a mi casa. -Buenas noches, princesita -se despidió, dedicándome una media sonrisa. Traté de no inmutarme y le respondí con un asentimiento y bajé del auto. Sé que  se dedicó a tratarme mejor por el bien de su trabajo y en efecto del mío también, pero ¡Mierda! Eso solo me hizo dar cuenta de lo encantador y perfecto que es. Esto está yendo por un mal camino. -Estoy en casa -cerré la puerta detrás de mí y al levantar la vista me encontré a mis padres charlando animadamente con Amy. Rayos, no ahora. - ¡Sonny, nena! -Exclamó Amy abrazándome- Eres una muy mala mejor amiga -me reprochó-, no puedo creer que haya tenido que venir hasta aquí para poder verte. Es injusto -chilló, haciendo un puchero. -Sí, lo siento -la abracé-. Espera en mi habitación, iré en un segundo. -Está bien, no tardes. Tenemos mucho de qué hablar -dijo animadamente y despareció por las escaleras. -¿Día difícil? -Preguntó mi padre besando mi frente. -Lo normal -sonreí. -Bryan te dejó en la puerta, cariño -mi madre me miró subiendo y bajando las cejas. -Es un buen chico -completó mi padre-. Si te casaras con el nuestro nietos tendrían cien por ciento sangre de espías. -Están alucinando. Cuándo acabemos la misión no me dirigirá ni la palabra -puse los ojos en blanco-. Amy me está esperando, con permiso -subí las escaleras pausadamente, pensando en mis anteriores palabras. Bryan pudo haber cambiado, ¿pero fue solo por esta misión? ¿Al terminar, será indiferente? Un escalofrío recorrió mi espina dorsal y por un momento me arrepentí de mis palabras. Me sujeté fuerte del pasamanos y llegué a la conclusión de que estaba llegando a la locura por cosas que relativamente solo tenían sentido para mí. Estaba soñando despierta con posibilidades que solo vivían en mi cabeza, y con sentimientos fervientes clandestinos en mi vida. Tenía que dejar de pensar en él. Ponerle un fin a mi mente traicionera antes de que me lleve a un lugar indeseado. -De verdad lo siento, Amy -me senté al lado de mi amiga y la tomé entre mis brazos mientras ahogaba sollozos en sus manos. -¡Yo lo amaba, Sonny! ¡Lo amaba! Le di mi virginidad, mi tiempo, mi vida y fue solo por diversión de verano -masculló entre lágrimas. Tom, su novio desde antes del comienzo del verano, le termino hace dos días con la cobarde excusa de que se había aburrido de ella. Si tan solo pudiera dispararle... -Tranquila. Eres mucho para él, por eso huyó de ti -la consolé mientras acariciaba su cabello rubio-. Eres demasiado buena para ese imbécil -la levanté y le limpié las lágrimas-. Ahora, sonríe. -No quiero -soltó débilmente. -No seas terca. Eres una chica hermosísima dotada de encantos y atributos. No te ahogues en un pequeño charco cuándo puedes nadar el océano. -¿Qué? -Preguntó confundida. -Sabes que soy mala para las frases célebres -me disculpé-. El punto es que tienes que seguir adelante. -Seguir adelante -repitió-, lo entiendo -secó los restos de sus lágrimas y me dedicó una hermosa sonrisa seguida de un asfixiante abrazo de oso-. Eres la mejor, Sonny -se apartó-. Y no sabes cuánto extraño pasar tiempo contigo. -Lo sé -asentí tristemente-, igual yo. Dos horas después, despedí a Amy en la puerta, viendo cómo se marchaba en su malibú clásico. Sus padres le prometieron un Cruze, pero amaba a su bebé y no quiere cambiarlo a menos que sea necesario. Yo en cambio, sueño con un Audi convertible. -¿Amy ya se fue a casa? -Preguntó mi madre. -Sí, acaba de irse. -Oh, entonces apagaré las luces -se acercó y besó mi frente-, ten unas buenas noches -y se fue a su habitación. Estaba tomando una ducha caliente cuándo rompió el silencio la voz de Ricky Martín con "Come With me". Sequé mis manos con la toalla y tomé mi iPhone entre mis manos. -¿Qué sucede? -Pregunté a Bryan que se encontraba al otro lado del teléfono. -Es Hamilton, princesita -se escuchaba agitado-. Está tratando de salir del país. La información en la carpeta estaba toda en francés, me informó Jack. Creemos que es una carta con cuentas bancarias o algo así. Prepárate, estaré allí en 10 minutos -colgó. Miré el teléfono y salté de la bañera. -Perfecto -mascullé. 20 minutos después estábamos camino al aeropuerto. -Este hombre se ha encargado de quitarnos las horas de sueño -solté irritada-. Entonces, si Hamilton quiere salir del país es porque claramente esta con los herederos de Gabrielle. -¿Crees que va a Francia? -Miré a Bryan con cara de "¿eres estúpido o qué?" -Claro, idiota. ¿A dónde más podría ir sin avisar? Es obvio que está escapando. -Pero escapar a Francia es muy obvio. Allí buscaríamos primero. -Buen punto -mordí mi dedo índice, tratando de descifrar el siguiente movimiento de Hamilton -¡Tengo una idea! -No grites mientras conduzco, nos mataremos -puse los ojos en blanco y tomé la carpeta negra del tablero. Había cursado 3 grados de francés básico y 2 de avanzado. De algo tiene que servir. -¿Sabes francés? -Algo. *** -No pudimos detener el avión -explicó Mary, una agente de nivel estadal-. Despegó en su Jet privado y el aeropuerto no se hace cargo de ese despegue. El señor Hamilton paga cierta cantidad de dinero para que el Jet permanezca aquí, proporcionándole libertad de despegar cuándo se le antoje. -¿Hacía donde partió? -París, Francia -dijo. Miré a Bryan con cara de "te lo dije" y su mandíbula se tensó en molestia, como lo hace normalmente. -Tenías razón -aceptó entre dientes-. Eso significa que tenemos que partir hacia Francia nosotros también. - ¡Genial! -Exclamé-. Bonjour monseur -sonreí. Bryan soltó una risa ahogada. -Muy graciosa, princesita. *** -Está bien, tendré cuidado con las armas -le prometí a mi madre por teléfono mientras subía al jet privado de la agencia-, y con las cosas afiladas también. Ok, láser. También cuerdas, saltar de azoteas, luchar con personas con el doble de mi peso... ¡Estaré bien, mamá! Dile a papá que lo quiero. Los extrañaré -y colgué. Mis padres podían ser un poco irritantes -Colócalo en modo vuelo -me ordenó Bryan -Ya lo hice. En el jet estábamos Jack, que es un excelente rastreador, Anna, que es experta en computadoras y Bryan y yo que somos los expertos en lucha-. Por cierto, chicos. Esto no es una carta bancaria -sostuve la carpeta negra en alto-, son direcciones de las propiedades de Gabrielle en París. -¿Cómo lo supiste? -preguntó Anna en desconcierto. -Curso de francés avanzado -sonreí. -Pero solo cursaste dos niveles. -Tres de francés básico y dos de avanzado. Y no seas malagradecida. -Cuándo aterricemos podemos empezar por los hoteles. En uno de esos debe estar hospedado Hamilton. Sonny. -¿Si? -Necesito que traduzcas esto. Lo escanearemos para rastrearlo -concluyó Bryan. -Gabrielle también posee una compañía publicitaria -dijo Anna investigando en su laptop-, y casualmente es de la misma cadena de Hamilton. -¿Gabrielle tiene en su poder una de las compañías de Hamilton? -Son negocios, princesita. Hamilton puede ser poderoso y millonario en Nueva York pero eso no le servirá de nada en otros países. El plan de Hamilton es extender su compañía a nivel internacional, y para eso tiene que hacer buenos negocios con las personas indicadas -explicó Bryan. -Pero Gabrielle no es una persona indicada, es un mafioso. -No colocarías una compañía extranjera en el centro del país si no tuvieras la persona indicada -recalcó Anna. -Y justo en el medio de París. Lugar estratégico -culminó Jack. -¡Ahhg! -Grité irritada-. Ustedes son los cerebritos, yo solo golpearé cuándo sea el momento -chasqueé la lengua irritada y me fui hacía el baño. Lavé mi cara y miré mi reflejo en el espejo. No es que fuera tonta, es solo que se me dan mejor los golpes, de cierto modo. Pensar y analizar no son mis fuertes. -Toc, toc -miré por el espejo y Bryan estaba de pie en la puerta-. ¿Tu cerebro se ha recalentado? -me miró con diversión. -Muérete Bryan, muérete. -Primero las damas -sonrió. Me empujó hacía un lado, abrió de nuevo el grifo y se lavó la cara. Las gotas de agua escapaban por su cuello, acariciando su nuez de Adán despreocupadamente. De pronto me imaginé a mí misma encima de él besando su cuello. -¡¿Que mierda te pasa?! -Grité inconscientemente. El color subió a mis mejillas amenazando con ruborizarme. -¿Te sientes bien? -Me preguntó, acortando la poca distancia de nuestros cuerpos para revisar mi temperatura. Y no es que el baño fuera espacioso. -Estoy bien -aparté su mano de mi frente y desvié la mirada -Estás un poco caliente -dijo con voz grave y gruesa, que me recorrió desde la punta del pie hasta la última hebra de cabello. -Debe ser por...-de repente se me cortaron las palabras, la respiración era agitada y el lugar era demasiado pequeño. Levanté la cabeza para poder mirarlo a los ojos. Un gran error. Esos ojos verde mar, esa mirada que le quitaba la ropa interior a cualquiera. -¿Por? -Preguntó, acercando su boca a la mía. Una parte de mi quería empujarlo y correr y la otra parte me impulsaba a tomarlo de la chaqueta y estampar mis labios en su perfecta boca. Opté por la última.
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