Lo tomé de la chaqueta y lo besé. Al principio, nos quedamos ambos inmóviles y luego él tomó la iniciativa de profundizarlo. Recorrió mi espalda con sus manos mientras yo enredaba las mías en su cabello. Me sujetó de los muslos y me levantó con facilidad, dándome la señal para enroscar mis piernas en su cintura. Le quité su chaqueta dejando al descubierto sus brazos e instintivamente pasé mis manos por ellos. Me colocó en la encimera del lavamanos sin cortar el profundo beso. Recorría expertamente mi boca con su lengua mientras pasaba sus manos por mi abdomen hasta llegar a mi pecho. Gemí involuntariamente al contacto de sus gruesas manos con la tela de la camiseta y el brasier. Dejó a un lado mi boca y comenzó a trazar un camino de besos, deteniéndose para lamer o chupar la piel.
-j***r, sí –gemí.
-Hueles embriagadoramente bien, princesita -gruñó con voz ronca. Las respiraciones eran aceleradas y el pequeño cubículo pronto se llenó de nuestros gemidos y respiraciones entrecortadas por los besos. La sangre me quemaba la piel junto con el contacto de sus ásperas manos. Los sentimiento encontrados me embargaban y sabía en el fondo que esto estaba mal, que debía empujarlo y salir corriendo de allí. Pero no quería. Aunque dentro de mí sabía que esto era lo más lejos que llegaría.
-¡Vengan a ver esto, chicos! -Escuchamos el grito de Anna y ambos nos estremecimos. La razón nos llegó y nos dimos cuenta de la posición en que estábamos; yo en la encimera del lavamanos y Bryan entre mis piernas. Nos miramos y rápidamente se apartó, desviando la mirada.
-¡Chicos! -Apareció Anna en la puerta y al vernos ladeó la cabeza- ¿Qué sucede aquí?
-Nada -cortó Bryan, colocándose la chaqueta-. Termina pronto, princesita -murmuró, sin hacer contacto visual y salió de la misma forma, pasando por un lado de Anna. Esta me miró y enarcó una ceja.
-¿Qué fue eso?
-Nada -corté también bajando de la encimera e incorporándome-. Nada -repetí-. Vamos, tenemos que idear un plan.
***
Era madrugada cuando salimos de Nueva York. No sabía exactamente cuánto había tardado el vuelo, pero estábamos sobrevolando cielos parisinos.
-Casi puedo escuchar las serenatas debajo de la torre Eiffel -suspiró Anna, con expresión soñadora. Casi pude ver corazones en sus ojos.
-Nos hospedaremos en el hotel Astra Opera -dijo Jack-. Espero que no les importe compartir habitación, señoritas.
-No hay problema -dijimos Anna y yo al unísono. Nos miramos y compartimos sonrisas.
-Tú y yo, Bryan -se dirigió a Bryan.
-Encantado -dio un asentimiento de cabeza-. Aunque eso sonó raro.
Bryan y yo no nos dirigimos la palabra en lo que quedó de vuelo, a excepción de los comentarios que compartíamos mientras preparábamos el plan. Había cierta incomodidad por parte de ambos y de vez en cuando lo miraba de reojo y cuándo volteaba a mirarme yo desviaba la mirada. Lo mismo sucedió con él. Quería desgarrarme la piel. Sí, eso quería. No pasó un segundo de ese maldito vuelo en que no recordara sus besos, sus caricias y además de eso, me había dejado chupones en el cuello, lo cual me volvía toda una agonía viviente. En serio quería desgarrarme la piel. Para borrar cualquier rastro de él de mi antes de que llegará a la locura.
Ya en el hotel, subimos a nuestras habitaciones a refrescarnos, bajaríamos en una hora para llevar a cabo el plan.
-Es una lástima que estemos aquí solo por trabajo -Anna estaba que lloraba-. ¡Estamos en el país del amor! Es irónico venir a París y no salir a una cita en semejantes paisajes como los que nos ofrece esta ciudad -suspiró profundamente y siguió investigando en su laptop.
-Sí, es una lástima.
Me metí debajo de la ducha caliente, sintiendo como el agua resbalaba de mi cuerpo junto con el cansancio.
En verdad estaba bastante liada con Bryan. ¿Cómo de la noche a la mañana cambió su actitud? Y además, ¿qué hizo para que quedara impreso en mis pensamientos? Es como si siempre hubiera estado allí escondido, huyendo de mí. Como si hubiera esperado el tiempo adecuado para salir de su cueva en lo más profundo de mí y haya decidido salir y desgarrar todo por el camino.
Estúpidos pensamientos incoherentes.
***
Eran las 5:00pm horario de París. El plan era en su contexto mayormente estratégico, según explicaba Jack, lo que significaba que él y Anna se quedarían ocultos mientras Bryan y yo arriesgábamos nuestras vidas en un edificio lleno de hombres de Gabrielle.
La historia de mi vida.
-La compañía de Hamilton tiene muchos inversionistas en esta zona -explicaba Jack-, la mayoría, empresas pequeñas y minoritarias pero de gran renombre. Aquí -dijo arrojándonos una fotografía-. Melyssa Dubois. Es gerente general de la compañía de cosméticos "L'moar". La compañía de Hamilton hace la publicidad de sus cosméticos y ella a cambio invierte dinero en la empresa. Un gran negocio, ¿No?
-Eso es como una especie de contrato, ¿no? Tú inviertes en mí, yo hago la publicidad de tus cosméticos -recalqué.
-Exacto -asintió Jack-. Bien, Sonny. Es hora de que le hagas una visita a Melyssa.
-Está bien -afirmé.
-Bryan, tú la cubrirás -ordenó Jack-. Intenten, por favor, evitar las peleas. Somos agentes secretos, no boxeadores.
-Cierra la boca, Jack -solté-. ¿Quieres ser tú el que le de la visita a Melyssa?
-Está bien -levantó las manos en señal de derrota-, golpea lo que quieras.
***
Anna rentó una malibú clásico del año 92. Estaba en buen estado y pasaba desapercibido.
-Yo conduzco -le quité las llaves de la mano.
-Pero siempre conduzco yo -se quejó Bryan-, ¿por qué el repentino interés de conducir?
Me encogí de hombros. -Me encantan los clásicos.
En el trayecto de verdad estaba muy incómoda. Me revolvía en el asiento y sujetaba fuerte el volante haciendo que mis nudillos se blanquearan. En cambio Bryan, estaba de lo más relajado, como si tuviera una tarde en el Spa.
Maldito.
-La vista al frente, princesita -me reprochó.
-Estoy mirando al frente.
-Me estas mirando de reojo -soltó una risita.
-¿Cómo crees? Estaba...Estaba mirando una tienda de ropa en la otra calle.
-Umn -volvió a mirar por la ventanilla y me pregunté si hubiera sido mejor haberle dicho algo como "estoy observando esos tremendos ojos verde mar e imaginando esa boca en lugares clandestinos".
-Sobre lo que paso en el vuelo... -Me corté a mí misma.
¡¿Por qué mierda toqué ese punto?! Yo y mi bocota deberíamos irnos al infierno.
-Lo siento -se disculpó-, me dejé llevar -completó sin voltear a mirarme.
-¡No! Digo, yo comencé. En realidad es mi culpa. ¡No quiero que pienses extraño de mí! No hago eso con todos...-¡Cállate Sonny, Cállate!
-Me alegra saber que no soy parte de "todos" -murmuró sonriendo y simulando las comillas con los dedos.
-Como sea -sacudí mi cabeza buscando concentración-. No volverá a suceder -mientras más lo evada, más fácil será olvidarme de él.
Por alguna razón, una vocecita me repetía en la cabeza que estaba equivocada.
-¿Beso así tan mal?
No, por Dios, besas de maravilla.
-La verdad es que me han besado mejores -mentí.
-Oh, no -se rió irónicamente-. Te arrepentirás de tus palabras.
Trague grueso y esperé a que se abalanzará sobre mí y me besara de nuevo. Pero no pasó nada. Hubo un silencio doloroso y la tensión en el auto era palpable. Quería besarlo de nuevo como nada en el mundo, pero sabía que si lo hacía no podría detenerme. Me estaba haciendo daño a mí misma. Un daño irreparable y aunque sabía que estaba mal quererlo...lo quería más.
-Ten el auto encendido -le dije a Bryan al aparcar a dos calles de la mansión de Melyssa Dubois-. Si sucede algo, estaremos listos para escapar.
-Entendido. Hay guardias de seguridad en la puerta principal, sería más eficiente si escalaras la pared del costado para entrar por la puerta de la cocina.
-Entendido -bajé del auto y me dirigí a la mansión.
***
La mansión era estilo antiguo, con ventanas expandidas, puertas altas, casi como un castillo pero sin llegar a ser exagerado, con un patio delantero de 5km aproximadamente con abundancia de rosas rojas y amarillas y césped verdoso con caminos divisorios de granito. Estúpidos ricos.
-¿Princesita? -Escuché la voz de Bryan en mi audífono
-Aquí -respondí.
-Bien. Solo estaba probando -cortó.
-Imbécil.
-Te escuché -dijo, a través del audífono. Puse los ojos en blanco.
-No me pongas los ojos en blanco.
-Muérete Bryan, muérete.
Lancé una cuerda con una especie de gancho en una punta que quedaba atrapada en la pared. Escalé y me senté en la cima, saqué los binoculares y visualicé el panorama. La puerta de la cocina estaba despejada. Perfecto. Salté del muro y caí sobre mi pie y mi rodilla y corrí hacía la puerta. Entré y estaba vacío, y más adelante estaba una fila de sirvientas.
-¿Dónde está Melyssa?
-Según estos planos... -Se escuchaba al fondo papeles siendo arrugados-. Aquí...ya. A la izquierda.
-Entendido -estaban dos puertas en los laterales. Entré en la puerta de la izquierda y me llevé una gran sorpresa. Habían alrededor de 20 guardias (lo sabía porque...tenían trajes negros), tomando un ligero desayuno.
-Mierda -mascullé. Seguidamente, salí corriendo de allí, seguida por una estampida de hombres con el doble de mi peso. Pasé por un largo pasillo con mesas y jarrones y los derribé todos. Logré que cayeran al piso solamente 4. Los demás seguían detrás de mí. La casa era todo un laberinto y para completar mi agonía, los pisos estaban pulidos y resbalaba a causa de mis botas.
- ¡Bryan! -Grité al audífono entrecortadamente mientras corría y sobrevolaba mesas- ¡Me llevaste a una colmena de guardias, imbécil!
- ¿Te están persiguiendo? -Logré escuchar entre los disparos. Volteé y divisé 10 hombres con todo tipo de armas.
- ¡Si, grandísimo Idiota! -Me detuve y, saqué mi arma y le disparé a dos hombres, pero se me encimaron demasiados y tuve que seguir corriendo.
-Era la puerta correcta, a la izquierda -rectificó.
-¡¿Olvidas que soy zurda, imbécil?! -Le grité mientras entraba en una habitación y cerraba la puerta detrás de mí.
-Aaah -masculló-, no lo sabía -dijo normalmente.
- ¡Pues entérate! -Le grité entre jadeos- ¡Eres un inútil bueno para nada! -Me quite el audífono y lo lancé al piso-. Cálmate, Sonny -me dije a mi misma-. Piensa, piensa, piensa.
Visualicé la habitación y reparé en que era una especie de estudio-oficina con estantes de libros como paredes y un ventanal de aproximadamente 30mts de ancho que daba a un pequeño balcón, dando una excelente vista del patio delantero. Había una sombrilla en un jarrón y la tomé para bloquear la puerta que estaba siendo golpeada por los guardias. No iba a durar mucho, pero si lo suficiente para investigar. Me acerqué al escritorio de madera maciza que estaba paralelo al ventanal, tomé una de las carpetas que estaba colocada despreocupadamente sobre el escritorio, la abrí y estaba en francés, pero era demasiado complicado.
Maldije y la coloqué en su lugar. Como cosa obvia, todos los documentos estaban en francés, excepto un sobre blanco debajo de una carpeta negra que tenía un enunciado en inglés. Los golpes en la puerta eran más fuertes y hubo un momento de silencio en el cuál me quede inmóvil. Escuche el forcejeo de una llave en la cerradura seguida de otros golpes más. No iba a durar mucho tiempo, así que guardé el sobre en mi bolsillo y me dirigí al ventanal. Cerrado. Tomé impulso y la hice pedazos de una patada. Volteé y ya habían logrado abrir la puerta.
Con los ojos cerrados, salté del balcón.