Tuve un mal aterrizaje. Casi quise pensarlo dos veces antes de saltar. Caí sobre mi costado y sentí una punzada gigante en todo el cuerpo. Rodé y me levanté con dificultad y ya de pie, me encontré con Melyssa Dubois entrando a su coche.
–Perfecto –sonreí y haciendo caso omiso al dolor en mi cuerpo, corrí hacía el auto que estaba aproximadamente a 7mts de distancia. Al llegar a él, me subí al asiento del co–piloto y apunté mi glock a la cabeza de Melyssa.
–¿Q–Quién eres tú? –Balbuceó, mientras llevaba sus manos a la altura de sus hombros. Solté el seguro del arma para intimidarla.
–Conduce hacía tu reunión, si no quieres que te dispare.
–Llamaré a la policía –me amenazó.
–Tu solo conduce de una maldita vez –le presioné el arma en la sien e inmediatamente comenzó a conducir. Sus manos temblaban y estaba sudando.
–¿Qué quieres? –Preguntó entrecortadamente con las lágrimas asomándose en sus ojos.
–Algo muy sencillo. Toma tu teléfono y marca el número de Hamilton. Le dirás que no puedes ir y que enviarás una representante.
–No tengo a ninguna representante –masculló.
–Claro que la tienes –sonreí.
Hice que Melyssa condujera hacia donde estaban Jack y Anna y la deje ahí con ellos. Al verme, ambos dieron una notoria expresión de preocupación por los moretones en mi cara y los rasguños y cortadas en mis brazos.
–Estoy bien –sonreí–. No hay de qué preocuparse. Me cambiaré.
En ese momento llegó Bryan en el malibú, se bajó y al verme, abrió los ojos desmesuradamente. Desvió la mirada hacía Anna y le susurró algo al oído, luego se dirigió hacia mí.
–Lo siento, princesita –murmuró, acercándose incómodamente a mí–. En verdad no lo sabía. Lo siento –repitió. Algo en sus palabras me hacía sentir culpa por haberle gritado "imbécil" repetidas veces, por algo que radicalmente no era su culpa–. ¿Estás bien?
–Si –contesté, aunque sentía el palpitante dolor de mi costilla, causadp por la caída y la horrible sensación de lps rasguños y cortadas en mis brazos.
–No sonaste muy segura –ladeó la cabeza. Parecía preocupado.
–Estoy bien –repetí de nuevo, esta vez con firmeza.
–Deja que Anna continúe la misión –me dijo, casi como una orden, limpiando un poco de sangre de mi mejilla derecha–. Ve a descansar y a curar esas heridas.
–Yo puedo continuar –dije, tratando de pasar escapar, pero siendo detenida por él, que me tomó del brazo que me había lastimado en la caída–. ¡Auch!
–¿Ves? –Dijo, irónico. Me solté de su agarre en un ágil movimiento.
–He dicho, que puedo continuar, Bryan –escupí, haciendo énfasis en todas las palabras.
–Sonny –se acercó Jack junto con Anna–. Por favor, descansa un rato. No nos funcionas así. Solo queda investigar, podemos hacer eso.
–Por favor, Sonny –suplicó Anna. Todos tenían sus miradas puestas en mí, casi haciendo ojitos. Quería descansar, por supuesto. Tomarme una larga ducha caliente y luego colocar hielo en mi costado y dormir hasta mañana. Pero si algo me enseñaron mis padres, es a no dejar las cosas sin terminar, y había crecido con el valor de la perseverancia como lema. Tenía una lucha interna con mi dolor y mi perseverancia. Dolor tenía la delantera. Los miré a todos, y al final di un gran suspiro
–Está bien. Pero solo será un momento.
***
Anna y Jack insistieron en que Bryan me acompañara de vuelta al hotel. Tenía un notorio semblante de preocupación por Anna y Jack. Ellos eran buenos con las computadoras y sistemas, pero no sé qué tan bien manejen una pelea. Además, los hombres de Gabrielle estaban entrenados y tenían destrezas en peleas. No quería ver a Anna y a Jack lastimados.
–No te preocupes, princesita –Bryan me exhortó de mis pensamientos–, son tan buenos como nosotros.
–No me pidas que no me preocupe cuándo yo estoy a salvo y ellos haciendo mi trabajo –Bryan aparcó en frente del hotel, bajó del auto, pasó por el frente de este, abriéndome la puerta y ayudándome a bajar. Ahora que mi adrenalina había disminuido y mi cuerpo estaba frío, sentía un dolor terriblemente agonizante, la sensación era punzante y mi cabeza daba vueltas. Con dificultad, casi logré sostenerme a mí misma sobre mis pies.
–Déjame ayudarte –y en un abrir de ojos ya estaba entre los brazos de Bryan, sosteniéndome sin dificultad alguna y adentrándonos en el hotel, ajenos a las miradas de los hospedados. El recepcionista dio una notoria expresión de sorpresa seguida de un semblante de preocupación. Al vernos, o más bien al verme a mí, tomó el teléfono entre sus manos para llamar a una ambulancia. Iba a decirle que estaba bien, que no necesitaba nada, pero Bryan solo dijo "no es necesario", tomó las llaves de mi habitación y se dirigió al ascensor.
–Yo puedo caminar –mascullé a mitad del largo pasillo.
–¿Por una vez en tu vida, podrías dejar de ser orgullosa? –Me reprochó, mientras insertaba la llave en la cerradura, abriéndola con un sonoro "clic". Entró y cerró la puerta detrás del con el pie. Se dirigió a la cama y me colocó allí delicadamente.
–Gracias.
–No te matará ayuda de vez en cuándo –dijo. Desvié la mirada, rehuyendo de esos estúpidos ojos verde mar que penetraban y rebuscaban en lo más profundo de mi interior. Le dirigí la mirada de nuevo cuándo sentí un leve frío en el abdomen. Bryan estaba quitándome la camiseta.
–¡¿Qué haces?! –Chillé apartándole la mano.
–Quiero ver tus heridas –dijo suavemente y con voz ronca. No pude evitar el maldito pensamiento de su voz en el vuelo cuándo me dijo >.
–No es nada grave –balbuceé, protegiendo mi costado punzante.
–Sonny, no estaría bien usar la fuerza en ti en este estado tan reprobable, así que colabora conmigo –concluyó, mirándome fijamente. Su maldita mirada era malditamente hipnotizante con ceño fruncido, su mandíbula tensa y su respiración profunda. Suspiré hondo, arrepintiéndome al instante cuándo se expandieron mis costillas y mi dolor se hizo más agudo.
–Está bien –dije, con expresión de dolor. Intenté quitar mi camiseta pero el dolor era traicionero.
–Deja que yo lo haga –Tomó mi camiseta y con gran escrúpulo la quito por encima de mi cabeza, procurando no lastimarme. Más. Tenía los ojos cerrados, abrí uno y le pregunté:
–¿Se ve muy mal?
–Nah –Bryan hizo un ademán con la mano, restándole importancia–. Se ve horrible.
–Déjate de juegos.
–Está muy moreteado. ¿Cómo te hiciste esto? –Preguntó incrédulo.
–Eran 10 o 15mts –me encogí de hombros despreocupadamente. Me fulminó con la mirada y pasó su dedo por la herida. Se levantó y se dirigió a la mesita de la habitación, en donde había una cubeta de hielo, agua y copas. Tomó un pañuelo y colocó hielo en él. Traté de ver mi costilla pero estaba imposibilitada. Mientras más reflexionaba, mas agradecía a los chicos por haber insistido en que descansara.
–Colocaré esto aquí para bajar la inflamación. Luego podremos vendarlo. Si quieres grita –dijo, y seguidamente colocó el pañuelo con hielo en mi costilla. El contraste de mi cuerpo con el frío me hizo dar un sobresalto y mordí mi labio inferior para ahogar un afligido de dolor. Luego me acostumbré al frío y recosté mi cabeza en la almohada de plumas.
–Gracias, Bryan –suspiré. Me sentía un poco mejor.
–Es lo menos que puedo hacer, princesita –me miró fijamente–. Si voy a trabajar contigo, necesito saber cosas de ti.
–¿Por qué el interés repentino? –Pregunté sarcástica. En el poco tiempo que llevaba de agente internacional y en las pocas misiones en las cuáles trabajé con Bryan, ni siquiera se había acercado a preguntar mi nombre o "Ey, mucho gusto. Soy Bryan". Sus frases hacía mi consistían en chasquearme la lengua cuándo hacia algo mal o preguntarme si estaba bien, luego se iba.
–No me agrada lastimar a mis compañeros –murmuró, enfrascado en el hielo en mi costilla punzante.
–No fue tu culpa –dije suavemente. Aunque había sido su error, no tenía el corazón para arrojárselo en cara. Su desasosiego me hacía sentir culpable.
–Sé que no quieres arrojármelo en cara –soltó una pequeña risita–. Se ve mejor –dijo satisfecho, quitando el hielo–, ¿puedes ducharte?
–Claro que puedo –corté. Intenté fallidamente levantarme, chasqueé la lengua irritada y Bryan me tomó en sus brazos, de nuevo.
***
Luego de ducharme y colocar vendas alrededor de mis costados, llegaron Jack y Anna e hicimos una reunión en la habitación que compartía con Anna.
–Suéltenlo.
–Anna entró sin problemas –explicó Bryan–. Hamilton tenía sospechas pero no se inmutó.
–Melyssa es socia privada de Hamilton –dijo Anna–. Ha invertido mucho dinero en la sucursal de Hamilton –tiró una carpeta a la mesa en la que se encontraba sentada–. Esas son las facturas de las inversiones de Melyssa.
–¿Creen que Melyssa también trabajaba con Gabrielle? –Cuestioné.
–Por supuesto –afirmó Jack–. Con la ayuda de ambos, la sucursal de Hamilton en medio de París fue posible.
–Los herederos de Gabrielle ya debieron haberse comunicado con Hamilton –agregó Anna.
–Hamilton es igual o peor que Gabrielle –escupí, chasqueando la lengua–. Y nosotros custodiándolo. Es increíble.
–Lo cierto es que Hamilton está moviendo dólares ilegalmente –concluyó Bryan.
Todos nos quedamos en silencio sepulcral, cada uno sacando sus conclusiones y buscando respuestas. ¿Y si Hamilton estaba también haciendo transporte ilegal de mujeres como Gabrielle? ¿Y si estaba vendiendo visas falsas a otros mafiosos extranjeros? Hamilton había conseguido la visa falsa para que Gabrielle entrara despreocupadamente a EE.UU. Una pregunta cayó a mi como un balde de agua fría. ¿Y si...? Abrí los ojos desmesuradamente cuándo completé la pregunta.
–¿Y si Hamilton es el heredero de Gabrielle que buscamos?