El chico había conseguido la ubicación de Hamilton. Repentinamente olvidé todo el problema de Jeremy Miller. Recordé que aún tenía el registro de llamadas de anoche. Saqué mi teléfono y le marqué. –¿A quién llamas? –Preguntó Bryan. –Es Sonny McDowell. –Esperaba tu llamada más o menos en la madrugada –dijo, al otro lado del teléfono–. ¿Por qué tardaste tanto? –Problemas. Nada que te interese. –Lo imagino, los abogados de Jeremy Miller no deben ser nada agradables –maldición, ¿cómo lo sabe?–. No olvides que yo sé todo. –Lo sé, lo sé, pero por alguna razón...–Me detuve un momento y miré la hoja de papel en mis manos, solamente unas coordenadas. ¿Me arriesgaría por solo unos números?–. Por alguna razón no creo que esta simple hoja de papel tenga la ubicación de Hamilton. –Hasta ahora h

