–Pequeña agente, he sido demasiado compasivo contigo –Hamilton me sonrió de una forma torcida que daba miedo. Sabía claramente que el arma en su mano contenía balas muy peculiares. Tenía que tener cuidado. –¿Que creías? –Le dije con una risa fingida–. ¿Qué me iba a sentar a ver la obra contigo a mi lado? Lo siento, ese no es mi estilo. –Tal vez deberías cambiar tu estilo –cargó su arma y los otros cuatro tipos hicieron lo mismo. No puedo equivocarme en mi movimiento. –Wao, ¿llegamos demasiado tarde? ¿Ya terminó? –Todos volteamos a las voces que provenían de la entrada. Mierda. ¡Mierda! Eran Brad, Tom, y Michael. ¿Qué rayos hacen aquí? No ahora, por favor, ¡¿por qué ahora?! –Invitados –masculló Hamilton–. Mátenlos –me moví lo suficientemente rápido para esquivar los disparos detrás de m

