Emine Siento sus manos tibias posarse en mi vientre, falta muy poco para traer a los trillizos al mundo, luego sus labios dejan besos en mi panza y como de costumbre el trío de bebes se escandaliza, serán un torbellino bastante difícil de controlar. —Buenos días, mi trío de traviesos. —Susurra Eriel, es lo acostumbrado, desde que lo supimos diario le da sus buenos días y antes de acostarnos sus buenas noches. Es parte de la rutina. —¡Hum! —Me quejo cuando las pataditas se convierten en dolorosas, siento que ya no cuentan con espacio suficiente para moverse. La vida al lado de mi vejestorio ha sido bastante buena, descubrí que le encantan los niños, más de lo que reconoce, es un romántico intenso que me ama sin igual. —Quiero dormir un ratito más. —Dije cubriéndome por completo. —Ya vuel

