Capítulo 3: Problemas matrimoniales

1378 Palabras
HÉCTOR Hace instantes había sucedido algo que no imaginé. Una mujer de ojos café y pelo castaño, se acercó y me dio un beso excusándose de que un borracho la quería agredir, y no la culpaba, pues eso sucedía a menudo, mucho más en ambientes fiesteros y llenos de alcohol. No obstante, ese acto me pareció extraño, pues nunca había visto a una mujer tan atrevida como ella, ya que robar un beso a un extraño, desde mi punto de visita, era bastante audaz, y eso me llamó la atención de ella. Solamente con atreverse a hacer eso se veía que tenía carácter. Entonces, en eso que me había acabado mi vaso lleno de whisky, cayó un mensaje en el teléfono. Matilde, 00:20 a.m. Mi padre me ha dicho que quiere hablar contigo mañana por la mañana, así que tienes que venir a casa Yo, 00:20 a.m. Vale Matilde, 00:20 a.m. ¿Dónde estás ahora? Yo, 00:20 a.m. Ahora llego a casa. Voy manejando Me salí del chat y guardé el teléfono en mi bolsillo. Me puse de pie y salí de la discoteca. Era consciente de que le había dicho una mentira a Matilde, pero eso no era novedad entre ella y yo. Busqué mi auto y llegué a casa media hora después. Abrí la puerta principal y fui directo a mi habitación. No vivía solo, vivía junto a mi esposa Matilde González, aunque, a decir verdad, estaba contemplando la idea de buscar una vivienda para mí solo, ya que no quería estar con Matilde. Nuestra relación llevaba viva seis años, de los cuales, cuatro de ellos fueron bien. Había sido una época bastante feliz, estable y romántica, pero los dos años restantes… Habían sido un caos. Nuestra relación se había basado en peleas constantes y no es que todos los días hubiera discusiones, pero sí cada semana. La relación entre Matilde y yo se vio afectada por su exitoso trabajo en el mundo de la moda, específicamente con su marca de bolsos reconocida a nivel nacional e internacional. Al principio, logramos coordinarnos bien a pesar de sus constantes viajes, pero con el tiempo, la conexión entre nosotros se debilitó. De un momento a otro, Matilde pareció haber perdido interés en nuestra relación, y a menudo sentía que era el único que intentaba salvarla. Además, la distancia emocional fue creciendo y había llegado a tal punto que dejamos de dedicarnos tiempo. Entre Matilde y yo había mucha falta de satisfacción a nivel personal y físico, pero aun sabiéndolo, no hacíamos nada serio para solucionar esos problemas. Matilde: — Qué tarde vienes hoy — comentó cuando me vio entrar en la habitación. — ¿A qué horas vendrá tu padre mañana? ¿O tengo que ir a su casa para hablar con él? Matilde: — Me dijo que vendría aquí, seguramente es para terminar de acordar lo que te dijo la última vez — ¿Lo de ser uno de los encargados de la empresa? Matilde: — Sí — Puede ser, pero ya le he dicho que no quiero Matilde: — Pero él quiere que lo seas. Sabes que yo no puedo sola porque estoy ocupada con mi marca de bolsos. Alguien se tiene que encargar de la empresa cuando yo no esté — Ajá Matilde: — Tú eres mi marido y tienes que ayudarme cuando lo necesito — dijo y bufé mientras iba a buscar mi pijama. — Siempre lo he hecho, pero al parecer no pones de tu parte en nuestra relación Matilde: — Amor, si lo hago. ¿Lo dices porque la semana pasada me negué a hacer el amor? Eso fue porque me dolía la cabeza. He estado con migraña estos días — No me refiero a eso, pero si no quieres estar conmigo solo dímelo. Ya me estoy cansando de fingir delante de tu padre que nos amamos porque no es así — expresé con disgusto mientras ella se levantaba de la cama para acercarse a mí. Matilde: — Yo si te amo, ¿tú no me amas? — Supongo que sí — respondí y ella me besó. Matilde: — Nuestra relación está bien y saldremos de estos problemas que tenemos. Yo te amo y no quiero divorciarme — Igualmente, buscaré un departamento para mí solo Matilde: — ¿Estás seguro de eso? — Lo necesito Matilde: — Pero no me vayas a dejar porque yo te quiero — dijo y me dio otro beso. — Ven, vamos a dormir — Yo iré a dormir a la habitación de al lado. Ya la he arreglado y hasta que no encuentre un departamento dormiré ahí Matilde: — ¡Ay! No seas tonto, ven — Me iré a duchar Matilde: — ¿Y eso? Tú nunca te duchas por la noche — Pero tengo ganas. No es ilegal ducharse Me dirigí al baño y me despojé de mi ropa. Muchas veces sentía que luchaba solo por mantener viva mi relación con Matilde, mientras ella parecía no estar dispuesta a hacer nada al respecto, incluso a pesar de sus afirmaciones sobre un futuro para nosotros. Es más, con el tiempo, perdí mi verdadera identidad; estar a su lado ya no me hacía feliz ni me proporcionaba libertad. Me sentía atrapado, como si hubiera perdido la razón para encontrar la felicidad junto a ella. Domingo, 10:19 a.m. Estaba en la sala leyendo un periódico cuando de repente escuché la risa de Matilde proveniente del patio. No era sorpresa, ya que era habitual verla hablando por teléfono. Aunque se suponía que sus conversaciones eran con clientes, siempre me pareció un tanto surrealista porque ¿con qué cliente hablaría tanto? ¿Y de qué? Puesto que se pasaba horas y horas hablando por teléfono. A decir verdad, algunas veces me hacía pensar que había algo más, tal vez una persona secreta con la que me estuviera siendo infiel. Y tampoco era de extrañarse porque tal y como iba la relación hasta yo estaba pensando en irme con otra. Al sonar el timbre de casa, fui directo a abrir la puerta. Seguramente era Jorge. Jorge: — Héctor, ¿cómo estás? — Todo bien. ¿Qué tal tú? Jorge: — Muy bien. ¿Dónde está Matilde? — Supongo que haciendo llamadas Jorge: — Esta niña no para con su trabajo — Parece que no Jorge: — Pero eso es bueno, porque significa que le va bien el trabajo — Ya Jorge: — Mira, quería comentarte lo de la empresa — Claro, vamos a la sala. Ahí estaremos más cómodos Jorge: — Está bien — ¿Quieres algo de tomar? Jorge: — Solo un vaso de agua, si no es mucha molestia — Vale Jorge: — Bien, sabes que Matilde no puede gestionar mi empresa sola, ya que tendría dos trabajos y sería abrumador para ella — Sí, me lo comentó Jorge: — Por eso, como te mencioné anteriormente, me gustaría que tú, siendo su esposo, colaboraras en la dirección de la empresa junto a ella — ¿Colaborar? Jorge: — Exacto. No significa asumir todas las responsabilidades, pero serías como un director, supervisando y encargándote de cualquier problema que Matilde no pueda resolver — Entiendo Jorge: — Sabes, yo confío demasiado en ti y como veo que te gusta la empresa quiero que hagas esto — En verdad te agradezco mucho esta oportunidad que me estás dando Jorge: — Entonces saca provecho de ello — Lo haré, pero que quede claro que solo estaré ahí para ayudar si surge algún problema o algo así. Sinceramente, no me veo asumiendo un rol muy importante en la empresa, sobre todo porque sé que no es mía y quisiera evitar posibles fallos Jorge: — Sí, te entiendo. No te preocupes. Tal vez con el tiempo te guste mucho más otro cargo que no solo el de director de márquetin — Ya veremos Jorge: — Lo tomo como un sí. Agradezco mucho tu disposición para ayudarme a mí y a la empresa. Siempre supe que podía confiar en ti, eres una persona excepcional y un excelente yerno — comentó con alegría. En ese momento, me sentí decepcionado conmigo mismo, como si me culpara por no amar a Matilde como debería, sabiendo cuánta confianza su padre depositaba en mí y creyendo que aún la amaba profundamente.
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