Jueves.
Hace un día, es decir, el miércoles, había tenido la ansiada entrevista de trabajo. Afortunadamente, salió como esperaba.
En todo momento me sentí con confianza y pude demostrar que era la ideal para ese puesto de trabajo.
Así que, justo después de acabar la entrevista, me confirmaron que podía incorporarme de inmediato.
Entre tantos candidatos y candidatas para el puesto, me habían elegido a mí.
Y es que me contrataron debido a mi experiencia en administración, gestión de documentos y atención al cliente. Habilidades que había adquirido gracias a mis estudios, prácticas en la universidad y en mi primer empleo hace tres años como administrativa en una gestoría.
Por lo tanto, planeaba comenzar a trabajar en la nueva compañía el próximo lunes, al finalizar el mes, ya que en el bar donde trabajaba me habían indicado que el domingo, un día antes, sería mi último día.
Sinceramente, tuve muchísima suerte haber encontrado un trabajo bastante rápido y eso me alegraba un montón.
La compañía donde trabajaría era grande, hermosa y elegante, con una remuneración que no dejaba lugar a dudas. Además, la certeza de realizar tareas en las que ya tenía experiencia me motivaba para comenzar a trabajar, a diferencia de las actividades en la cafetería o la discoteca, donde aprendía sobre la marcha, porque no tenía formación ni mucha experiencia en el ámbito de la hostelería.
14:22 p.m.
Terminaba mi jornada en la cafetería y, sintiendo hambre, decidí encontrarme con mi amiga y una compañera de trabajo para almorzar.
Ana: — ¿Vamos al restaurante de siempre?
— Sí
Ana: — ¿Cómo te fue hoy?
— Bastante bien
Ana: — Me alegra escuchar eso — dijo mientras recibía un mensaje en mi teléfono.
Hugo, 14:25 p.m.
Hola
— Madre mía...
Ana: — ¿Qué pasa?
— Hugo me volvió a escribir
Ana: — ¿Te escribió?
— Sí, desde hace días, desde que vino aquí a Madrid sin decirme, no habíamos hablado
Ana: — ¿Pero aún le quieres?
— Esa es la cuestión. Le tengo cariño, nada más. Sé que mis sentimientos no serán correspondidos, pero no puedo negar que todavía me hace feliz, aunque sea un poco, ver que me escribe
Ana: — Amiga...
— ¿Qué?
Ana: — Date cuenta
— Lo sé, soy muy tonta. Siempre le doy más de lo que se merece. ¿Pero sabes qué? Ya estoy empezando a ignorarlo y así voy a seguir hasta que deje de sentir algo por él
Ana: — Promételo — pidió, y solté un suspiro.
— Lo prometo. Así que dejaré mi teléfono en la mesa y no voy a responder al mensaje
Ana: — Así me gusta, que tengas un poco de dignidad y amor propio.
— Exacto. Por cierto, no te conté lo que me sucedió una vez
Ana: — ¿Qué?
— Me besé con un tipo la noche en que bailamos, ¿recuerdas? Fue hace como una semana o más
Ana: — ¡No! ¿De verdad? — exclamó, tapándose la boca en sorpresa.
— Pero no fue por capricho, necesitaba ayuda
Ana: — ¿Ayuda o ganas de tirártelo?
— Ayuda, claro
Ana: — Bien guardado que tenías ese secreto porque no me lo habías contado... ¿Y qué ocurrió? ¿Al menos era atractivo?
— Muy, pero muy atractivo — respondí riendo.
Ana: — ¡Ay! ¿Y luego qué pasó?
— Le besé para alejar a un tipo molesto que estaba borracho, haciéndolo pasar por mi novio, de ahí el beso
Ana: — ¿Y qué? ¿Besaba bien?
— Sí, aunque fui yo quien tomó la iniciativa, ya que él se quedó quieto. Fue un beso breve, pero al menos respondió
Ana: — ¡Uy! ¿Y después no sucedió nada más?
— No, nos despedimos y me fui
Ana: — ¡Qué lástima!
— En fin, no buscaba nada más con él. Solamente quería que ese señor borracho que me estaba molestando se alejara. Ese loco me estaba apuntando con una navaja
Ana: — ¿En serio?
— Te lo juro, y lo único que se me ocurrió fue acercarme a ese tipo y hacerle pasar por mi novio
Ana: — ¡Dios Santo! Menos mal no te hizo nada ese borracho
— Por suerte no
Ana: — Podría haber pasado algo entre tú y el tipo a quien le diste el beso
— Tal vez
Ana: — Bueno, al menos tuviste una oportunidad
— Sí, al menos. En realidad, no sé por qué le besé. Me dio mucha vergüenza.
¿Sabes qué me sorprendió más de todo esto?
Ana: — ¿Qué?
— Se parecía mucho al tipo que vi en la casa de la señora González
Ana: — ¿A tu crush?
— Sí
Ana: — ¡Qué coincidencia! ¿Crees que podría ser él?
— No lo sé, se parece un poco, pero no tengo idea. ¿Y sabes qué más?
Ana: — ¿Qué?
— El fin de semana pasado llegó a la discoteca y me pidió bailar
Ana: — ¿En serio?
— Ajá
Ana: — ¿Y qué pasó?
— Bailamos y la pasamos superbién. Además, justamente cuando fui al centro comercial para comprar la ropa de la entrevista, me lo encontré ahí
Ana: — Qué casualidad...
— Muchísima
Ana: — Amiga, creo que estas son señales que está enviando el destino.
¿Qué tal si él y tú están destinados?
— ¡Ay! No inventes
Ana: — Hay que leerte el futuro y destino
— Pero no tienes tus cartas aquí
Ana: — No, hoy no las traje, pero ya te digo que el hecho de que tú y él se hayan vuelto a encontrar es por algo
— Esa idea me parece bonita, pero al mismo tiempo me da miedo
Ana: — Sí, o si te leeré las cartas cuando lleguemos a casa
— Vale
Ana: — ¿Y no le has dicho a él que lo conoces?
— No, porque no sabía con certeza si era él o no, pero ahora mismo estoy más que segura de que es él
Ana: — Claro, ¡Ay! ¿Sabes qué? Te tengo un chisme
— ¿Cuál?
Ana: — Tendremos una nueva jefa
— ¿Cómo así?
Ana: — La hija del señor Jorge González Pons se hará cargo de la empresa a partir de ahora
— Quieres decir...
Ana: — Sí, la señora Matilde González Bernabé
— ¿Ah, sí?
Ana: — Como lo oyes
— ¿Y por qué ella? ¿No que ya tiene demasiado trabajo con su marca de bolsos?
Ana: — La verdad es que no sé, pero me enteré de que su padre, el señor Pons, se quiere dedicar a otras cosas, por eso le está dejando el cargo de jefe a su hija. Claro, teniendo en cuenta que, como es su única hija, se lo dejará a ella por tenerle más confianza
— Claro
Ana: — ¡Ay, amiga! Prepárate para lo peor. Me temo que esa señora nos va a gritar mucho
— Eso sería maltrato a sus empleados
Ana: — ¿Tú crees que a ella le importa?
¡Ja! Sabes que mi prima trabajo con ella y tuvo que aguantar bastante con esa tipa.
— Nos tocará aguantarla
Ana: — Es lo que toca
Cristina: — ¡Hola chicas!
Ana: — Hola
Una compañera de trabajo, Cristina, se unió a nosotras; resulta que era teleoperadora en la compañía en la que próximamente trabajaría.
Mientras ella charlaba con Ana, aproveché para verificar si Hugo había escrito otro mensaje, pero no fue así.
Entonces, no entré al chat y dejé nuevamente el teléfono en la mesa.
Aunque me dolía ignorarlo, sabía que era necesario.
Igualmente, planeaba decirle algún día que dejáramos de buscarnos porque lo nuestro no tenía futuro. Sin embargo, todavía no encontraba el momento adecuado para hacerlo.
Aunque me dolía ignorarlo, sabía que era necesario.
Igualmente, planeaba decirle algún día que dejáramos de buscarnos porque lo nuestro no tenía futuro. Sin embargo, todavía no encontraba el momento adecuado para hacerlo.