Capítulo 12: Disculpa

1376 Palabras
Una semana después. Miércoles. Estaba en la compañía telefónica, cuando de repente recordé la última vez que bailé con Héctor. Desde esa noche, no lo había vuelto a ver ni en la discoteca ni en el trabajo. En este tiempo no habíamos coincidido en trabajar juntos. Ya había pasado una semana de eso, y me preocupaba que pudiera interpretar mal mi reacción. Aunque me incomodó un poco cuando se acercó demasiado con la intención de rozar su pelvis en mi trasero, consideré que tal vez fue accidental, ya que Héctor solía ser respetuoso, y no parecía ser parte de su comportamiento acercarse sin permiso. Ana: — ¿Qué te sucede? — No, nada — respondí mientras ella se acercaba a mi cubículo. Aún no le había mencionado lo de Héctor porque no deseaba escuchar lo predecible: que hiciera lo que quisiera, que me dejara llevar. Y sí, sabía que debía darme una oportunidad con algún hombre, pero en eso prefería avanzar a mi propio ritmo. No me apresuraba en buscar a alguien con quien estar; más bien, permitía que la vida me llevara hacia las personas adecuadas. — ¿A ti qué te pasa? — pregunté para cambiar de tema. Se sentó en una silla que estaba cerca de mí, detrás del cubículo, y suspiró de frustración. Ana: — La señora González — ¿Qué pasó? Ana: — Estaba gritando, como siempre — Esa señora solo sabe hacer eso Ana: — Sí, y a mí ya me tiene harta. Solo porque es la jefa, no la mando a la mierda cuando me pide hacer las cosas de nuevo, solo porque no le gustan — Yo también lo haría, esa señora cae mal Ana: — Muchísimo — No sé cómo la aguanta su marido Ana: — Lo mismo me pregunto yo, pobre. Pero se supone que es igual que ella — ¿Tú lo conoces? Ana: — Sí, lo he visto. Es alto, cabello n***o y ojos cafés. Pocas veces le he hablado porque normalmente solo lo he hecho con la jefa, pero ya te podrás imaginar, si ella es así, su marido será peor — Claro. ¿Y cómo es que lo conoces? Ana: — Porque trabaja aquí en la compañía también — ¡Ah! No lo sabía Ana: — Bueno, ya me voy. Seguiré trabajando — Yo igual, ¿a la salida quedamos y vamos a algún sitio? Ana: — No, es que hoy he quedado con Kevin — ¡Uy! Ana: — Pues sí — ¿Y a dónde irás? Ana: — A cenar o al cine — ¿Es una cita? Ana: — Sí — respondió y se puso colorada. — Pues suerte Ana: — Gracias, amiga — No hay de qué. Nos veremos después. Suerte Ana: — Gracias, nos vemos luego Sábado, 01:21 a.m. La noche en mi otro trabajo, en la discoteca, ya había finalizado. A decir verdad, no quería dejarlo porque me gustaba, así que decidí quedarme con dos trabajos, con el de la empresa y con el de la discoteca. Con uno ganaba bien y con el otro también, pero además, me divertía. Era una noche fría de febrero. Iba saliendo de la discoteca, me dirigí a buscar mi auto y de repente, vi que de un auto de color n***o que se estacionó casi cerca del mío, se bajó un hombre que se parecía a Héctor y cuando subió su mirada para verme, me di cuenta de que era él. — Hola Héctor: — ¿Te vas ya? — Sí Héctor: — Oye, de hecho, venía a buscarte — ¿Y eso que vienes tarde? Normalmente, vienes a eso de las diez de la noche Héctor: — Me agarró la tarde, pero igualmente quería venir — Pues, qué gusto verte por aquí Héctor: — Digo lo mismo. Por cierto, ¿te gustaría dar un paseo por aquí o ya te vas a casa? — No, si quieres que me quede lo hago. ¿Te parece si entramos a la discoteca y nos sentamos en los sillones? Es aquí afuera hace frío Héctor: — Claro Entonces, nos dirigimos a la discoteca y antes de ir a sentarnos, le pedí a Gustavo dos cervezas. Luego, nos dirigimos a la primera planta donde estaba la pequeña sala con sofás, generalmente desocupada, a menos que alguna pareja estuviera compartiendo más que simples palabras, incluyendo besos, caricias y unas cuantas manoseadas. Pero, en ese momento, no había nadie, así que solamente estábamos Héctor y yo. Héctor: — Quería disculparme por aquella vez — mencionó al sentarnos en dos sofás que estaban juntos. — No tienes por qué disculparte Héctor: — Pero quiero hacerlo — Acepto tu disculpa, pero no pasó nada, créeme. ¿Y cómo te ha ido en todo este tiempo? Héctor: — Bueno, a veces bien, a veces mal — Hubieras venido a bailar, así te podías distraer — dije, sonriendo. Héctor: — ¿Me echaste de menos? — Bastante, la última vez me gustó — respondí, tomando de la botella de cerveza. Héctor: — Yo también te eché de menos. ¿En serio te gustó la última vez que bailamos? — Sí — respondí y tomó de su cerveza. Héctor: — En esta semana no había podido venir porque estuve ocupado con algunos asuntos, por eso no vine a la discoteca, pero también fue porque me sentía avergonzado. Cuando me acerqué a ti no fue intencional, te lo prometo — No hace falta que te disculpes, ya te lo he dicho Héctor: — Pero no quiero que tengas una impresión de mí equivocada. No quiero que pienses que soy un pervertido o algo así — No, para nada Héctor: — Vale — Olvidemos ese tema. Tampoco es que haya sido exageradamente preocupante Héctor: — Está bien. ¿Y cómo te ha ido en todo este tiempo? — ¿Pues, qué te digo? Héctor: — ¿Te ha ido mal? — Un poco Héctor: — ¿Por? — Por muchas cosas en general Héctor: — ¿Y puedo saber por qué? Te veo estresada — Y lo estoy, aunque sé que no debería Héctor: — ¿Por qué estás así? ¿Tienes problemas con tu novio? — preguntó, y lo miré. — No, no tengo novio. Para ser honesta, aquel día que un hombre me apuntaba con una navaja, el día en que te conocí, te hice pasar por mi novio Héctor: — Ese día siempre está presente en mi memoria — dijo con una actitud picarona. — ¿Entonces, si no es por tu novio, por quién te sientes mal? — Es que aún estoy cerrando algunos ciclos y ya sabes… Cuesta un poco, pero no quiero hablar de eso, no merece la pena Héctor: — Entonces, cambiemos de tema si eso te incomoda — Me parece bien Héctor: — La ciudad luce increíble — dijo, dirigiendo su mirada hacia una ventana que estaba cerca. Desde ahí se divisaban edificios, algunos aún iluminados y otros en la penumbra. — Sí, es impresionante Héctor: — Si me permites decirlo, no más que tú — mencionó con una sonrisa, y le devolví la mirada antes de tomar otro trago. — ¿Y tú? ¿Tienes novia? Héctor: — No — respondió mientras me miraba. Nos quedamos en silencio y aprovechamos para acabarnos la cerveza. Unos minutos después, miré mi reloj y me di cuenta de que ya era muy tarde. — Ya es tarde, me tengo que ir Héctor: — Sí, yo también. ¿Te llevo a casa? — No, me iré en mi auto, pero gracias Héctor: — Vale Nos encaminamos a la salida de la discoteca y cada uno se dirigió a su auto. — ¿Mañana nos vemos aquí y bailamos un poco? ¿Qué te parece? Héctor: — Por supuesto ¿O te gustaría hacer otra cosa? — ¿Como qué? Héctor: — Pensaré en algo. ¿A qué horas sales de trabajar? — A las doce Héctor: — Perfecto — Si quieres dame tu número de teléfono y así hablamos Héctor: — Claro — asintió, y le di mi teléfono móvil para que anotara su número. — Ya está registrado — Vale. Pues, ya nos veremos. Buenas noches Héctor: — Buenas noches. Duerme bien — Igual tú
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR