02:07 a.m.
La terraza acababa de cerrar sus puertas, poniendo fin a nuestra velada. La cita con Héctor, si se le puede llamar así, resultó sorprendentemente encantadora. A medida que nuestras conversaciones avanzaban, descubría más sobre Héctor y comenzaba a explorar posibilidades más allá de la amistad. La idea principal era ver si entre nosotros podía surgir algo más.
Y es que no podía ignorar la verdad: Héctor había sido mi crush en la secundaria, y con todo lo que había sucedido entre nosotros hasta ahora, su presencia despertaba un creciente interés y atracción en mí. Y sí, esa atracción ya no solo era por su personalidad, sino también física.
— Disfruté mucho esta noche — comenté mientras caminábamos hacia su auto.
Héctor: — Me alegra que la hayas pasado bien. Yo también me divertí contigo
— dijo con una sonrisa, y noté que su mirada se desvió hacia mis labios.
— Veremos si salimos de nuevo
— mencioné, y aprovechando que estábamos cerca, intencionalmente me quedé cerca de su cuerpo.
Héctor: — Claro. Podríamos hacerlo
— dijo, y aunque deseaba besarle, dudaba sobre si debía hacerlo.
Tenía ganas de repetir aquel primer beso que nos dimos hace muchos días.
— La noche está preciosa — añadió, mirando al cielo estrellado.
— Sí, y la media Luna también
— respondí, notando su mirada intensa cuando le miré de nuevo. El brillo de sus ojos reflejaba la complicidad del momento.
Héctor: — Por cierto, no te lo había dicho, pero tu outfit me gusta y te ves bien
— Gracias — expresé y me lamí los labios.
— Tú también te ves bien. Me gusta cómo te ves
Héctor: — Eres la primera mujer que me hace un cumplido
— ¿Ah sí?
Héctor: — Sí, aparte de mi madre
— Pues tendrían que hacerte más cumplidos porque eres… Encantador y atractivo — dije, y esta vez fue él quien sonrió, dejando escapar una risa suave. Después, se lamió los labios.
Héctor: — Más guapo que tú no creo
— dijo y volvimos a sonreír.
Entonces, guardamos silencio por unos instantes, pero no pude resistir más. Quería ser yo quien diera el primer paso, ya que el deseo de un beso entre nosotros era innegable.
Así que, aprovechando de que nos detuvimos frente a su auto, me acerqué lentamente, mirándole a los labios para avisar mis intenciones.
Él permaneció inmóvil, y finalmente nos besamos. Fue un beso cálido y fugaz, pero repleto de sentimiento.
Al separarme, nuestros ojos se volvieron a encontrar.
— Este beso fue completamente intencional, nada que ver con la primera vez cuando estaba en apuros — bromeé, recordando nuestro primer beso días atrás.
Héctor: — Pues yo también quiero darte uno porque quiero
Esta vez, él tomó la iniciativa, colocó su mano en mi cintura y me regaló otro beso, más prolongado y pausado.
Héctor me hizo perder la noción del tiempo y de lo que había a mi alrededor.
Sus labios eran una exquisitez y la pasión y ternura con la que me besaba no tenía comparación.
Héctor: — Me tengo que ir, creo que ya es muy tarde — dijo mientras me daba un último beso.
— Sí, yo también tengo que irme
Héctor: — Te llevaré a casa
— Está bien — acepté y me abrió la puerta del auto para meterme en él.
El viaje estuvo lleno de tensión, pero también de silencio. No obstante, cuando se detuvo el auto al llegar a mi casa las tensiones y las ganas fueron más que evidentes, ni Héctor ni yo pudimos controlarnos.
A pesar de eso, nos limitamos solamente a besarnos, ya que prefería tomar las cosas con calma y no entregarme rápidamente.
No era mi estilo irme a la cama con la otra persona en la primera cita.
Héctor: — Ya nos veremos otro día
— Claro
Me acerqué para darle otro beso, pensando que sería el último, pero mis deseos tomaron el control, dándole más de uno.
En ese instante sentí un calor recorrerme el cuerpo, lo que hizo detenerme.
No podía continuar, ya que, coincidentemente, estaba ovulando ese día, así que decidí dejarlo ahí.
Y es que si continuábamos con esos besos apasionados, podríamos terminar enredados bajo las sábanas de alguna cama y yo todavía no estaba lista para eso.
— Me tengo que ir, nos vemos otro día
— insistí.
Héctor: — Sí, claro. Duerme bien
— Tú también. Gracias por esta noche
Héctor: — A ti. Me la pasé muy bien
Le dediqué una sonrisa y salí del auto, evitando que la idea de ir más allá de los besos se apoderara de mis pensamientos. Me preocupaba que lo que había experimentado en mi sueño por la mañana pudiera volverse realidad. Pero, aun teniendo ese tipo de sueños, era consciente de que no estaba lista para acostarme con alguien.
En verdad, agradecí en silencio que Héctor comprendiera mis emociones, incluso si no las expresaba abiertamente. Su respeto se manifestó al dejar de besarme cuando le indiqué que me marchaba. En contraste, con otra persona, la situación podría haber tomado un rumbo distinto, quizás obligándome a quedarme sin notar mis ganas de partir.
Realmente, no había reflexionado con claridad sobre haberle dado un beso, que esta vez fue consciente. Lo que sí sabía con certeza era que logré satisfacer las ansias que tenía desde aquel primer beso cuando estaba en apuros.
Todavía no estaba segura de por qué sus besos me volvían loca y por qué el recuerdo de Héctor no se iba de mi mente. Sin embargo, mi interés en él era verdadero, ya fuera por ese primer beso o porque lo consideraba un hombre intrigante. De cualquier manera, mi fascinación persistía.