—¡Que casa! —espeté, mirando la fachada excelentemente cuidada y el jardín hermoso.
—¿A quien busca? —preguntó un guardia de la SS, era joven.
—La señorita Katrina.
Me mira con sospecha.
—¿Quién la busca?
—Jimin.
El hombre se marcha de las rejas que me permite ingreso al jardín y después de un rato aparece dejándome entrar.
—La señorita la esta esperando en la sala.
Asiento.
—Gracias.
Entro, y a medida que camino por el jardín me parece supremamente hermoso, hasta que llego a la puerta que esta entre abierta y toco.
—¿Puedo entrar?
—¡Entra! —se escucha la voz de Katrina.
Ingreso. Miro la sala, esta un poco desordenada. Polvorienta. Los muebles manchados y Katrina apoyada de la pared se atascó tosiendo.
—¿Te sientes bien? —pregunto.
—Hoy amanecí, terrible.
—Te ves terrible.
Ella se ríe. Tose.
—Bien Jimin, te muestro la casa —tose nuevamente. Se nota palida, exhausta.
—Esta es la sala de visita como ves —señala la sala, enseguida, camina y yo le sigo —. La cocina
La cocina es un desastre absoluto.
Camina me apuro a seguirle el paso.
—El sótano —señala la puerta y luego otra puerta frente al sótano —. Esta puerta es privada, no se abre.
Asiento.
—Anotado.
Camina por otro pasillo.
—El despacho —abre la puerta, esta ordenado.
Sigue despacio tosiendo, y me doy cuenta que Katrina esta descalza.
—Y, el salón de la música —abre la puerta y quedo majestuosamente encantada con el piano que esta en medio de la habitación.
—Oh, santo cielo, el piano —digo, emocionada.
—Si, es de los caros.
—¡Es espectacular!
—Puedes tocarlo cuando quieras —tose.
Los ojos me brillan.
—¿Enserio?
—Si.
Katrina se frota la cara.
—Por cierto, la paga me aseguraré de que mi hermano sea generoso. De eso, me encargo yo.
El hermano
—Una pregunta
—¿Sí?
—Tu hermano ¿es m*****o de la SS?
Katrina alza una ceja, asombrada.
—¿Por qué?
—Es solo para saber
La veo toser y sorber los mocos.
—Dios, esta gripa me va a matar —tose —. Con respeto a tu pregunta —se aclara la garganta —. Mi hermano es un musico de profesión.
Asiento, ¡que alivio!
—Gracias.
Ella sonríe, y luego, tose.
—No te preocupes por nada, mi hermano casi no esta en casa, es muy raro que venga, y si lo hace, solo dura una semana máximo y se marcha nuevamente. Tu tranquila, aquí está segura.
Asiento.
—Gracias.
Katrina asiente y tose otra vez.
—Debería acostarse, yo me encargo de todo.
—No te he mostrado arriba.
—Me informaré sola, no se preocupe, necesita descansar.
Me mira somnolienta y asiente.
—Okey, gracias Jimin, que haría sin ti —tose, y sube las escaleras, mientras yo me quedo sola en el cuarto de la música con el deseo de tocar el piano, juro que las manos me picaban por hacerlo, mas, controlé mis impulsos, había mucho trabajo que hacer y, por cierto, Katrina no me dijo donde me quedaría
Oooh ¡que falla!
Bueno, me aventuré a explorar la casa por mi misma, y descubrí todos los productos del aseo, y los utensilios, por lo tanto, me puse mano a la obra.
****
Al cabo de un rato, la sala había quedado limpia, tan reluciente como un pocillo de plata. Aunque me faltaba la cocina. Entonces, después de prepararle el desayuno a Albert y un caldo de papas a Katrina me dispuso a asear toda la cocina.
Albert se quedó a mi lado todo el tiempo dibujando y leyendo un cuento de piratas, además, de contarme todo el cuento de principio a fin. Me alegraba su compañía, Albert era tan parecido a ese hijo que me arrebataron que solo al verlo me revivía el corazón.
Al final del día, me sentía agotada y con demasiado sueño. Había trabajado tan duro para dejar por lo menos el primer piso reluciente.
—Te ves cansada —me asustó Katrina.
—Lo estoy.
Tosió.
Katrina se paso la mano por la frente.
—Creo que estoy caliente.
Me acerco para palpar la frente y me doy cuenta de la fiebre. Abro los ojos de par en par.
—¡Santo Dios! ¡estas hirviendo!
—Oooh, me siento morir.
—Tranquila, nadie morirá —digo. La tomo por el brazo y la llevo a su alcoba. La ayudo acostarse y preparo una taza con agua y un pañuelo.
—Hay que bajar esa fiebre.
Ella me mira
—Gracias.
—Tranquila.
Humedezco el pañuelo y lo pongo en su frente.
Albert me mira, se ha acostado a los pies de su tía.
—No me moveré de aquí hasta que te sientas mejor.
—Gracias, Jimin, gracias —dice.
—Chiiii descansa.
Y así duro toda la noche.
******
Notita: Un capitulo corto sin dudas, pero les prometo actualizar mas seguido, un abrazo