Yo marco el ritmo

1488 Palabras

ALESSANDRO Salí del cuarto con la respiración aún densa. Con las bolas doliendo y el ego inflado. Ella se quedó ahí, frustrada, rabiosa, goteando por mí y odiándome más por eso. Bajé las escaleras sin mirar atrás. Aflojé el cuello de la camisa y tomé el control del carro con una calma que no sentía por dentro. No era deseo. Era dominio. Y ella necesitaba saber que yo marco el ritmo, no ella. Estaba por encender el motor cuando sonó el teléfono. —Dime, Samuel. —Jefe, salió hace quince minutos. Fue al campo de tiro privado… el del sur. Está con el tal Jullian. No dije nada. Solo apreté los dientes. Ese nombre no era nuevo. Antes de casarme, la investigué hasta los calzones. No por celos. Por supervivencia. Conocer sus hábitos, sus adicciones, sus debilidades. Elena no era una

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