Mi niña, mi Faby

1769 Palabras

ALESSANDRO El día comenzó como cualquier otro en el refugio. Faby se levantó antes que todos, como siempre. Esa niña tenía la energía de un ciclón y el espíritu de una guerrera. Me encontró en el comedor, con el cabello revuelto y los pies descalzos, pidiendo desayuno con su pijama de dragón. —Quiero avena con chispas de chocolate —dijo con una sonrisa traviesa. —Y yo quiero paz mundial, Faby, pero aquí estamos —le respondí, revolviendo su cabello con una mano mientras tomaba su tazón. Le preparé su maldita avena con chispas. Porque claro que lo hice. Era Faby. Mi pequeña bestia. Elena bajó poco después, con ese aire de mujer letal envuelta en sudadera. Su coleta pelirroja me hacía pensar en cosas que no podía hacer mientras Faby estaba presente. Aunque no lo dijera, su mirada decía q

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