Joana. Cuando Gabrielle salió, a los minutos entraron varias enfermeras con cosas para curar mis heridas y me volvieron a colocar la intravenosa. Como si supieran lo que había pasado aquí dentro, de inmediato colocaron medicamento para calmar mi dolor. No podía ni moverme, solo sentía sus manos sobre mi piel. Y el dolor punzante que producía su tacto. A los pocos minutos el medicamento surtió efecto, y al fin pude dormir, no quería hablar con nadie. Solo quería cerrar mis ojos y abandonarme al abismo y no despertar más, me siento tan humillada. Lágrimas silenciosas redan por mis mejillas, ese maldito animal, juro que me las va a pagar. Esta fue la gota que rebasó el vaso, no voy a dejar que me vuelva a tocar, no pienso permitir que lastime de nuevo. Y menos, que me haga hacerme pas

