Mellisa. Después de secar mis lágrimas, salgo de la bañera un poco más tranquila, respiro y salgo, mi Cielo ya necesita comer. Y yo también, pero ha sido uno de los días más pesados en mi vida, necesitaba este respiro. Me estaba ahogando, pensando en que en cualquier momento ese tipo se pudiera aparecer y quitarme a mi niña. Por suerte cuento con una red de gente muy profesional y preparada, pero aún así mis miedos no se callan. Sussi, me ayuda ponerme un conjunto deportivo, y me acomodo en una silla mecedora para alimentar a Cielo. Nos quedamos bastante rato solo las tres, parece que Gian sigue arreglando cosas con Pietro, pues ninguno de los dos ha venido aún. Varios minutos después, mi bebé termina, me dedico a cuidarla, hasta que mi estómago ruge. La nana y yo nos vemo

