—Con elegancia, tus manos Carina, cuida tu postura —la voz del hombre era firme, mientras la joven hacía tal cual le solicitaba. —Estoy agotada papá, llevamos todo el día ensayando. Estoy lista para la audición de mañana —Carina bajó sobre sus pies, había estado sosteniendo su peso en la punta de sus dedos durante toda la tarde. —Cuando estemos en la sala de ensayo no soy tu padre Carina, soy tu instructor y esto termina hasta que yo diga que ha finalizado. Te he dicho que nunca llegarás lejos si te relajas —el hombre hizo un movimiento de con la cabeza indicando a la joven continuar. —Por favor papá, si continúo ensayando de esta manera dudo que pueda poner en pie mañana —Federico Romano observó con desprecio a su única hija. —Eres un desperdicio de tiempo Carina, no estás

