—Hay un chico que insiste hablar contigo. No he dejado que atraviese el umbral de la puerta en todo caso. Dice ser Alonzo, tu compañero de Ballet —Lorenza informó a Gianna, quien esperaba por la llegada de Pía para tratar el asunto de Nicoletta, jamás se habría imaginado que Alonzo visitaría su casa. —Dile que pase y por favor no te vayas muy lejos —pidió la joven rubia a su hermana, quien le dio una sonrisa cómplice. —No te preocupes Gianna, te cuidaré la espalda siempre —murmuró antes de caminar de regreso a la entrada de la casa. —Por favor pase, mi hermana lo espera en la sala —el hombre enarcó una ceja, hasta donde él sabía Gianna era hija única. Aun así, no dijo nada, hablar con la servidumbre no era su costumbre. —Te traje esté presente —Gianna observó las rosas roja

