El cielo comenzaba a aclararse, los copos de nieve caían con gentileza dejando el suelo cubierto de ellos.
Kill caminaba sin rumbo, pero esta vez su mirada era diferente, el brillo es sus pupilas habían desaparecido completamente como si su mirada estuviera muerta.
-apártate de mi camino vagabundo mediocre- dijo un hombre que pasaba tambaleándose a causa del alcohol
Kill al escuchar estas palabras se detuvo.
-¿ehhhh? ¿acaso no me has oído? ¿estas sordo? preguntaba aquel borracho quien ponía sus manos sobre el hombro de Kill - ¿eres un chico? Valla, tienes un lindo rostro
-quita tus sucias manos de encima- dijo Kill molesto.
-valla, al parecer también los vagabundos tienen un mal su genio, oye chico, no tendrás una hermana que me presentes jajaja
Aquel tipo que aun sostenía a Kill de los hombros reía con fuerza.
-no repito dos veces, dije que me quites tus mugres manos.
Aquellas palabras dichas por Kill enfurecido, hicieron que el tipo mostrara un gesto de enojo.
-insolente, no eres mas que un pobre mendigo como te atreves a…
Las palabras fueron cortadas por el grito de dolor de aquel sujeto
- ¡ahhhhh! ¿Qué haces? Suéltame- gritaba.
Kill quien doblaba sostenía el brazo del señor con fuerza sonrió.
-veamos como te va sin un brazo, quizá estoy siendo muy gentil y debería arrancarte dos
El rostro de Kill lucia como si fuera una persona completamente diferente, una sonrisa malévola se pintaba en su semblante
-las personas como tú simplemente deberían desaparecer, muerto le harías al mundo un gran favor- mencionó al llevar las manos al cuello del sujeto apretándolo con fuerza.
-suel…suel…tame…- fueron las últimas palabras de aquel sujeto que trataba de zafarse, pronto dejo de moverse.
-valla, ¿ya esta muerto? ¿con que así se siente matar a alguien? Ahh, que aburrido- dijo mientras soltaba el cuerpo sin vida de aquella persona.
“necesito ropa limpia y comida” decía mientras seguía su camino.
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-Saludos al sol del imperio.
-Nivian, hija mía, me preguntaba el porque de tu ausencia, ¿Qué has estado haciendo todo este tiempo? Solías venir a visitarme seguido- decía el emperador quien abandonaba su asiento en el trono para dirigirse a su hija.
-no eh venido a visitar al emperador porque no soy digan siquiera de verlo a los ojos majestad.
-que tonterías dices hija mía
-padre, todos los que trabajan en esta mansión no me consideran una princesa, aunque lleve puesta una corona.
-dime quien son esas personas que se atreven a ignorar a un m*****o de la familia real.
-si los mencionase uno por uno no terminaríamos hasta mañana al amanecer.
-Nivian, no dejes que te traten así, eres la hija del emperador e hija de una de las eruditas mas talentosas de este tiempo.
-tú lo has dicho padre, soy hija de una erudita y no de una princesa como lo era la madre de Emily.
-aunque así sea tienes sangre real en tus venas.
-tal vez, si tan solo yo fuera como Emily todas las personas me respetarían, si tan solo tuviera el título de la princesa imperial.
-eres igual a mi Nivian, ambicionas mas de lo que ya tienes, pero eso no lo podrás tener, no importa cuánto asciendas no podrás poseer el titulo de princesa imperial, ese titulo solo le pertenece a la hija de la emperatriz nacida en matrimonio.
-lo se padre, pero, quizá si Emily.
- qué pasa con Emily
-majestad, ella me menosprecia, le mande a conseguir el mejor polvo de té y las hiervas que lo acompañan, yo misma se lo prepare y ella lo rechazo hasta me vació la taza de té encima.
- ¿Emily hizo eso?
-si padre, hay testigos que te lo pueden afirmar si no estás dispuesto a creerme- dijo Nivian exaltada con un rostro lamentable.
-aparte Allen…
-que te hizo Allen.
-ohh, no padre, no me hizo nada
Nivian quería comentarle al emperador acerca de el trato que le dio Allen, pero sabia claramente que aun no era tiempo de meterse en problemas con él, los resultados no serían benéficos para ella.
-hablare con Emily sobre este asunto.
-oh, no padre, no quiero que la castigues por mi culpa.
-No la castigare solo hablare con ella.
-de acuerdo majestad.
-si no te llevas bien con Emily puedes llevarte con tus demás hermanas pequeñas.
-oh, no padre, ellas son demasiadas pequeñas, quisiera a una hermana con quien hablar y que pueda entenderme.
-no te preocupes por eso, estoy seguro de que puedes llevarte con tu hermana Roxana.
- ¿Roxana? Pero ella esta muy lejos de aquí.
-termino sus estudios, acabo de recibir un telegrama que dice que volverá pronto.
- ¿ella volverá? Pregunto sorprendida.
-sí, al parecer estará aquí en unos días, acaba de terminar sus estudios allá, así que estará aquí antes de tu boda con el hijo del Duque, a propósito ¿Cómo vas con él? ¿Ya hablaron sobre la boda?
-ehhh, padre, si Roxana vuelve ¿quiere decir que le tendré que devolver el castillo de las rosas? - preguntó evadiendo las preguntas de su padre.
-lo harás, cuando ella se fue te dije que seria temporal.
-padre, eso es injusto- gritó furiosa.
-silencio Nivian, baja la voz, nadie puede gritarme ni siquiera tú, al regresar Roxana le devolverás su castillo, no puede ir en contra del protocolo, tendrás tu propio castillo.
-no quiero otro, quiero eso.
-pues que pena por ti hija mía, tendrás que hacerte la idea de que ya no estar ahí por mucho tiempo, ahora márchate que tengo cosas mas importantes que hacer- dijo el emperador molesto.
-me retiro su majestad- respondió Nivian sarcásticamente quien se marchaba molesta azotando la puerta.
“¿así que volverás? Pues no te hagas la idea de que permanecerás aquí por mucho, tengo que hacer algo” murmuraba mientras se mordía las uñas.