"La erudita"

2156 Palabras
-príncipe, debemos prepararnos para la guerra que se aproxima. -lo sé, el emperador trata de mantenerme ocupado para que no siga movilizándome. -los asuntos de la corona sin duda es importante, pero prepararse para la guerra es también una prioridad, sus soldados esperan que los lidere en batalla. -Bien, no puedo darles simplemente la espalda, pero esta guerra no solo durará unos meses, el hecho de que el emperador haya decidido invadir Turia traerá graves consecuencias ¿en que estaba pensando su consejero al permitir que atacaran al país neutral? Prácticamente ese era el balance de los cuatro imperios. -si solo nos enfrentamos a los turanios sin duda venceremos, pero si otros imperios se mezclan será un problema. -No importa cuantos imperios estén, ganaré esta batalla como las demás. -perdona que lo contradiga príncipe, pero ganar esta vez no será fácil si el país de Turia cuenta con la ayuda del imperio rival. Allen se quedó pensativo, el silencio invadió aquel despacho, el caballero Gilear quien se encontraba sentado del otro lado del escritorio de Allen se mostró preocupado.   -el hecho de que tú, conocido por el caballero despiadado, muestre preocupación, quiere decir que la situación no es tan sencilla como parece. -mi preocupación no es esa príncipe, me preocupa la princesa Emily, si la guerra dura más de lo esperado ¿Quién se quedara a su cuidado? Es hora de buscarle un caballero personal. La mirada de Allen se clavó fijamente en Gilear. - ¿Por qué te preocupa mi hermana? - dijo recalcando en la palabra “hermana” -si la princesa Emily es importante para el príncipe velar por su seguridad también será una de mis prioridades- contestó firmemente Gilear. -espero que sea eso Gilear, además tienes razón al decir eso, debo dejar a alguien a su lado para que la cuide. -si gusta, me encargare de buscar a un caballero que sea leal y fuerte. -Gracias, que sea así, no puedo dejar a mi hermana al cuidado de cualquier persona. -príncipe, si me permite decirles algunas palabras fuera de lugar… -di lo que quieras decir. -ya va siendo hora de que usted empiece a realizar su vida ah estado ocupado en asuntos de la corona y en el cuidado de su hermana, si será el emperador necesitara a una emperatriz de su lado.   - ¿emperatriz? Puedo gobernar solo, además Emily siempre será más importan que cualquier cosa. -no tienes que llevar todo el peso príncipe. -cuidar de Emily nunca ah sido una carga, desde antes de que ella naciera sabía que debía protegerla como su hermano mayor, jure que si fuera niño yo le daría el trono para su bienestar y si fuera niña yo le daría mi vida para protegerla. -se del gran afecto que le tiene a la princesa. -Emily es lo más sagrado que tengo después de perder a mi madre. -la muerte de la emperatriz fue algo injusto. -todo por culpa de esa erudita. -bien sabemos que llego aquí para convertirse en una concubina, pero es ambiciosa al igual que la princesa Nevil. -a veces me pregunto ¿Cómo fue que comenzó todo esto? Mirando hacia atrás creo saber la respuesta. ******* En la biblioteca imperial se encontraba el pequeño Allen parado encima de un banco buscando libros acerca de la historia del imperio - ¡auchhhhh! - exclamó Allen quien había sido golpeado por los libros que habían caído sobre su cabeza. El banco en la que estaba parado comenzó a moverse debido al desequilibrio de Allen, provocando que este cayera sentado al piso junto con muchos libros. - ¿Qué sucede príncipe? Preguntó una persona de cabello rubio y ojos color esmeralda. -no ha pasado nada- contestó Allen poniéndose de pie enseguida. -Príncipe, si desea que alguien le alcance los libros solo tiene que pedirlo. -puedo hacer esto yo solo, no necesito ayuda de nadie- contestó mientras se sacudía el polvo. - ¿Por qué no? Tu hermano Josef lo hace y él no es un príncipe aún. - ¿Josef? ¿Quién es Josef? - preguntó Allen fingiendo ignorancia - ¿el príncipe no es capaz de recordar el nombre de su hermano? O será que ¿solo finge ignorancia? -no es necesario aprenderme el nombre de todos ¿no es así erudita? - dijo Allen quien recogía los libros que se encontraban tirados a su alrededor. Estas palabras dieron en el orgullo de la señorita Lionesa quien frunció el ceño ante tales palabras arrogantes. -bien, ya que no tiene que darme más clases, absténgase de merodear por lugares que no estén permitidos para usted- dijo mientras se daba la vuelta- ah, y solo tengo una hermana- agregó mientras se retiraba lentamente. - ¿el príncipe trata así a s gente? ¿Será capaz de ser un buen emperador? – cuestionó Lionesa tratando de desafiar al príncipe. -como futuro emperador estoy seguro de que balaré por el bienestar de mi gente, pero no seré gentil con aquellas personas que actúan amablemente mientras sostienen una daga detrás de su espalda ¿usted trata de probarme erudita? - contestó estando de espaldas -no… yo no… yo no lo dije -vasta de fingir, no pretenda ser inocente, su máscara se ah caído, al parecer el titulo de erudita le queda bastante grande- dijo marchándose. (ese tonto niño, no, creo que es demasiado listo para llamarlo así, lo reconozco) suspiró varada en la inmensa biblioteca. Los pequeños pasos de Allen se dirigían a la habitación de su madre quien reposaba después de haber dado a luz a su pequeña hija. -madre- llamó Allen a la puerta La puerta se abrió de inmediato. -joven príncipe la emperatriz esta agotada, es mejor que regrese en otra ocasión- dijo asomándose una de las muchachas que trabajaba para la emperatriz. -déjalo pasar- se escuchó una voz cansada que provenía dentro de la habitación La muchacha le abrió paso a Allen. -madre- dijo Allen con un tono de felicidad. La emperatriz Isabella se encontraba reposado sobre una cama rodeada de telas finas y almohadas de plumas, sus ojos rojizos reflejaban cansancio, su cara parecía estar algo pálida, el hermoso cabello n***o estaba atado con un listón de color blanco, a pesar de que se encontraba débil, pintó una tierna sonrisa al ver a su hijo entrar -hijo mío, lamento que me veas en esta situación- comentó al ver a su pequeño hijo acercarse. - ¿Dónde está? -tu pequeña hermana se encuentra en aquella cuna. Contestó la emperatriz señalando con la mirada aquella cuna de oro que s encontraba frente a la ventana. Allen se dirigió hasta ahí y miro detenidamente a su hermana quien dormía tranquilamente. -es muy pequeña, madre juro que la cuidare siempre y velaré por su bienestar. -solo tienes tienes seis años no es necesario que lo hagas, los caballeros del imperio la protegerán, es hija del emperador ¿Quién crees que se atrevería hacerle daño? Enfócate en ti joven príncipe, lo que te espera en el futuro no es nada sencillo, dirigir un imperio implica mucha responsabilidad. -estoy consciente del gran peso que significa ser emperador, confía en que seré in gobernador justo madre, además de que le devolveré la libertad a tu reino. -joven príncipe, eso ya no será necesario, han pasado años desde que se sometió al mandado de este imperio, será tu tierra después ya que ahora forma parte del imperio de Nord.   -madre- dijo Allen quien se acercaba de nuevo a la emperatriz- eres una princesa de ese reino, entonces ¿Por qué razón deberías sacrificarte? Pensar en que te entregaron a mi padre como un intercambio me molesta-añadió sosteniendo las manos cálidas de la emperatriz -eso sucedió antes de que nacieras, no fue ningún sacrificio, yo amo a tu padre desde la primera ves que lo vi en ese entonces aun era el príncipe de este imperio, el pensar que fui capaz de ayudarle a ascender de inmediato al trono me hace feliz. -entonces ¿solo fue un matrimonio político? -joven príncipe no es necesario que lo digas así, como dije yo amaba a tu padre, era un joven valiente y apuesto, espero que tú te cases con la persona que llegues amar. - ¿tiene que ser con una princesa? -no se ¿¿necesariamente, el único requisito que debe cumplir es que debe de amarte tal cual eres- dijo dulcemente la emperatriz colocando una de sus manos en la mejilla de Allen. – Allen, eres el príncipe, pero nunca te creas superior a los demás se amable pero firme. -hay personas que no merecen siquiera que les tenga compasión. -no hables así Allen, no quiero que el corazón de mi hijo se llene de resentimiento. Aquella conversación entre madre e hijo fue interrumpida por el llanto de un bebé. Allen se dirigió a la cuna y tomo a la pequeña princesa entre sus brazos. -ten cuidado de no soltarla- dojo su madre con un tono de preocupación. -descuida madre, mi hermana siempre estará segura estando conmigo. Cuidadosamente colocó a la pequeña en el regazo de su madre quien tomo le acaricio el rostro suave y angelical, la pequeña abría sus parpados dejando ver unos ojos de color escarlata. -madre, tiene nuestros ojos, me alegro de que se parezca a ti- dijo Allen bajando la voz. La pequeña princesa tomo entre sus pequeñas manos el dedo de Allen, apretándolo fuertemente. Allen al darse cuenta de que su dedo era presionado con fuerza por su hermana, sonrió. -ella crecerá sana y fuerte, será bondadosa igual que tú, me alegro de que se parezca a ti y no al emperador, él es feo- dijo Allen con una cara de desagrado. Su madre al ver la expresión graciosa de Allen no pudo evitar soltar una risa delicada. - ¿Qué pasa? - preguntó Allen arqueando las cejas. -nada, solo que, es curioso ver a mi hijo así, siempre tienes una cara seria que no parece que fueras un niño- objetó la emperatriz.   -porque es extraño, mis profesores me han dicho que un príncipe debe no puede actuar como un niño. -no siempre debes de comportarte frio y serio, es cierto que eres un príncipe, pero también eres un niño aún- dijo la emperatriz soñolienta -madre, creo que deberías descansar, me retiro, vendré en otra ocasión a visitarte a ti y a mi hermana. -muy bien, gracias por regalarme un poco de su tiempo Joven Príncipe. -No agradezcas madre, era mi hora libre, en unos minutos tendré clases de finanzas -bien, esfuérzate, pronto me pararé de esta cama, solo tengo que estar dos días más de reposo. -esa es una buena noticia madre, esperare por eso- dijo Allen poniéndose de pie, antes de irse le plantó un beso a su madre en la frente y uno a su hermana en la mejilla, echo esto se retiró. -señorita, cuide bien de mi madre y hermana- sugirió antes de salir -emperatriz, su hijo de preocupa por usted y por la princesa. Dijo amablemente una de las mucamas -Allen es un buen niño, pero temo que sea mal influenciado por su padre y que se obsesione por ser el emperador perfecto. -el príncipe es una persona prudente, estoy segura de que no será así, confié en eso emperatriz, si el joven príncipe tiene que mostrase cruel con algunas personas está bien. - ¿Cómo puedes decir que esta bien? Es solo un niño. - entonces ¿está bien que se muestre amable con esa erudita? - ¿te refieres a la señorita Lionesa? -sí, por alguna razón ve con resentimiento al príncipe, el hecho de que sus hijos no tengan ningún titulo le molesta. -los niños tendrán grandes riquezas, vivirán cómodamente durante toda su vida ¿por qué debería estar resentida? -esa mujer es ambiciosa, la escuche decir que los sirvientes se inclinarían delante de sus hijos en un futuro. -si es así, tendré que tomar cartas en el asunto - ¿le pedirá al emperador que la expulse? -No, ya lo intenté una vez, el emperador esta encaprichado con esa mujer, no dejara que se marche del palacio- dijo la emperatriz apretando la manta de seda con la que se cubría. -no tiene por qué preocuparse majestad, como usted dijo, es solo un capricho mas del emperador al igual que las mujeres que tiene en su harem. -quizá sea eso. Contesto la emperatriz Isabella mirando a su pequeña hija. - quería que se pareciera al emperador- añadió. -es difícil que se asemejen al emperador, hasta ahora las única que tiene algo en común con el emperador es la Princesa Roxana quien heredo el color de su cabello y las niñas Nivian y Nevil quienes poseen sus mismos ojos, pero eso no las hace ser parecidas. -ya veo, aunque no se parezca, Emily tiene unos hermosos ojos rojizos. -se parecerá igual a usted cuando crezcan, mantendrá viva su imagen- sonrió la mucama quien se disponía a ordenar aquel cuarto.                                
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