Capítulo 39

2191 Palabras

Adrián no fue a trabajar directamente esa mañana. Por primera vez en mucho tiempo, dejó el coche aparcado frente a una tienda que no tenía nada que ver con números, reuniones o decisiones empresariales. Se quedó dentro unos segundos. Con las manos apoyadas en el volante. Pensando. No en el problema. En la solución. Porque eso era lo que siempre había hecho bien. Resolver. Controlar. Recolocar las piezas cuando algo se salía de sitio. Y aquello… aquello tenía que volver a su sitio. Bajó del coche. Entró. El sonido de la puerta al abrirse fue suave, acompañado de un ligero tintinear de campanas que le resultó extrañamente ajeno. —Buenos días —saludó la dependienta con una sonrisa tranquila. Adrián asintió. —Buenos días. No estaba acostumbrado a ese tipo de espacios. Flores

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