CAPÍTULO 4. Sexto

1302 Palabras
Pasada la media hora de mi llegada a la capilla me encuentro concentrada en las anotaciones de mi libreta, lo que no quita que me resulte demasiado extraño que mis compañeros e incluso el médico forense aún no hayan llegado. El lugar se encuentra vacío siguiendo mis instrucciones, todo está en silencio excepto por el viento que mueve las hojas amarillentas y muertas de los árboles caídos por el suelo. Aclaro mi garganta tratando de mantener la calma y no perturbarme por el olor a descomposición y sangre seca que emana del cuerpo, no importa cuántos años pase uno en este trabajo uno nunca se acostumbra solo aprende a soportarlo. Saco el teléfono del bolsillo de mi pantalón y le marco a Dylan. -Aquí Dylan- logro escuchar del otro lado de la línea. -Me pueden explicar dónde mierda están?- escupo terriblemente molesta. -La operadora nos envió mal las coordenadas vamos en camino…- -Apúrense no puedo dejar el cuerpo solo y ya está…- logro divisar una sombra por el rabillo del ojo, rápidamente me giro pensando en algún adolecente curioso o periodista amarillista que está tratando de obtener alguna foto del cuerpo pero los últimos rayos del sol de la tarde que se cuelan entre las nubes golpean mi rostro encandilando mi vista y dejándome ver solo una figura masculina pasar. -Aeryne…- vuelvo a la realidad al escuchar a mi compañero del otro lado de la línea. Giro sobre mis propios pies observando el ambiente a mi alrededor, de pronto la calma absoluta que reinaba hace unos segundos es opacada por la ansiedad que me invade, mi corazón corre a kilómetros por hora tratando de salirse de mi pecho en lo que bombea adrenalina por todo mi cuerpo. -Presta atención a lo que te voy a decir… hay alguien dentro de la capilla, no es el padre ninguno de los vecinos, trataré de encontrarlo, la evidencia ha sido catalogada, la cadena de custodia va a ser comprometida, pero nadie se va a enterar si tú no hablas, deben llegar lo más rápido que puedas- vuelvo a entrar al recinto- cerca las calles circundantes a la Iglesia- camino por los pasillos de la supuesta casa de Dios revisando cada lugar donde algún posible perpetrador pueda estar escondido- todo hombre de contextura robusta, al menos un metro 80 centímetros, de más de 30 años, lo detienes e identificas- el estruendo de las campanas llegan a mis oídos- la evidencia está en el cantero a la izquierda de la víctima en una bolsa hermética, debo irme, cuídate- escucho los gritos de mi compañero del otro lado del teléfono hasta que corto la llamada. Recorro los cuartos buscando el pasadizo en el cual jugaba con mi vecina cuando me aburría de la misa matinal de domingo, a los 5 años todos los escondites nos parecen enormes y accesibles pero con la edad nos damos cuenta de lo pequeños que pueden llegar a ser. Llego frente al altar donde se supone que debería estar la cruz la cual ahora está en la cabeza de un feligrés en el patio. Camino entre los bancos buscando alguna pista de por dónde podría haber entrado en individuo, si es que lo hay. Llego frente al altar y giro mis pasos a la derecha, la puerta de la sacristía se encuentra frente a mí y a su lado la pequeña puerta se encuentra abierta, nunca supe realmente por qué estaba allí, hay un acceso al campanario fuera de la iglesia que es mucho más cómodo para todos. Tomo asiento en el suelo para abrir la pequeña abertura y adentrarme en ella cuando el tenebroso silencio que se había formado es roto por el timbre de mi teléfono. -Detective Wolf con quién hablo?- del otro lado del teléfono el sonido de una respiración cortada se oye- Hola con quién hablo?- -"El hereje muerto siempre es mejor"- musita una voz femenina del otro lado de la línea. -Quién eres, cómo te llamas?- -Cada afirmación de palabra debe ser mantenida con actos, cuando los actos nos convierten en infieles estos se vuelven peligrosos para el orden del mundo, de pronto la infidelidad se convierte en herejía, cuando los ideales son traicionados…- -Cómo te llamas?- logro articular levantando mi anatomía del suelo, la mezcla de adrenalina y miedo hacen temblar mis manos. -Soy furia, poseedora de los únicos ojos que pudieron ver sus verdaderas naturalezas… y la única que mantendrá el orden de la naturaleza!!- El sonido de un disparo seguido de un grito desgarrador se oye desde el confesionario. Corro a las escaleras y subo al primer piso donde se encuentra el recinto. Al llegar a la habitación abro la puerta procurando tener la funda de mi 9 milímetros en posición de ataque, recorro el habitáculo hasta llegar una ventana abierta la cual deja que el fresco de invierno ataque mis huesos, una figura femenina se aleja a toda velocidad corriendo por el tejado, no hay nada que pueda hacer para atraparla, la veo partir tratando de memorizar todo lo que pueda. Me lleva de vuelta a la habitación los gemidos de un hombre al que reconozco como Thomas Western, practicante católico que reside en el vecindario, el cual tiene una herida de bala profunda en el muslo izquierdo y al menos la mitad de su cuerpo con signos de quemaduras de alta graduación. Caigo de rodillas junto a su cuerpo y comienzo a hacer presión sobre la herida tratando de que disminuya el sangrado. -Todo estará bien Thomas- deshago de mi cuello el nudo de la bufanda azul marino que llevo encima y hago presión en la herida con la misma. -Lo...lo siento mucho- balbucea el hombre ya pálido, la bala debe haber tocado alguna de las arterias principales ya que el sangrado es tan constante que parece una de esas pequeñas cataratas de mesa. -Todo está bien- descuelgo el teléfono de línea sobre la mesa de confesiones y marco a la estación- Aquí la detective Aeryne Wolf tengo un herido de bala masculino en la iglesia San Bernardino, el atacante es una mujer de unos 28 años de edad, de identidad desconocida, va a pie es extremadamente peligrosa, no intervengan solos en su arresto, envíen unidades y una ambulancia inmediatamente- dejo caer el auricular y continúo haciendo presión. -Yo quise...hacer las cosas bien- -Y lo ha hecho no lo dudes- sigo en mi labor tratando de no terminar de arruinar mi ropa ya manchada de sangre. Las bisagras de la puerta se escuchan a mis espaldas, me giro para observar a los paramédicos entrar, unas manos se posan en mis hombros otro grupo de paramédicos me saca de la iglesia para hacerme un chequeo. -Doctor por favor estoy bien- aseguro en un susurro observando mis manos aún manchadas de la sangre de la víctima. -No lo está- la voz de mi compañero se acerca a nosotros, las mangas de su camisa arremangadas, las manos en los bolsillos de su clasico pantalon de vestir n***o y una sonrisa arrogante en sus carnosos labios- fíjese doctor si no tiene algún golpe en la cabeza que la dejo demente- el enfermero ríe mientras y yo lo veo con mala cara. Luego de un chequeo general bajo de la ambulancia con ayuda de mi compañero. -¿Qué fue lo que te dije? no vayas sola- revoleo los ojos ante sus comentarios inoportunos. -No me paso nada Dylan, además conseguí una nueva pista para poder identificar a los asesinos- parloteo victorioso.- la victimaria femenina me llamo- le paso los datos.- llámenme cuando encuentren algo- camino a paso lento hacia mi auto. -¿Dónde irás tú?- -A casa por un buen baño de burbujas- veo su sonrisa torcida perderse entre los uniformes azules que custodian el lugar
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