Alejandro.
Hace media hora que llegue a la oficina, por más que le doy vueltas al asunto, no encuentro la mejor manera de decirle a Aitana que la única condición que me han puesto para que la sociedad se concrete, es casarme.
Es que ni siquiera yo lo pude creer, cuando mi madre me informó de aquello. Me negué rotundamente, pero mi madre puso un peso muy grande sobre la balanza, entre mi amor por Aitana y la empresa.
Mi abuelo, mi abuela y mi padre lucharon mucho por ella. Esta empresa comenzó desde cero, tocando de puerta en puerta, consiguiendo así, ser una de las empresas número uno en todo el país. Comenzó siendo un pequeño local, donde con letreros en la pared como propaganda, dándole a conocer a las personas, el trabajo que se le podía ofrecer. En aquel entonces solo constaba en ir a las casa de las personas, decorarlas a su gusto y todo eso.
Con el tiempo y por el excelente trabajo que se hacia fue ganando clientes, eso llevó a una oportunidad de trabajo más grande y extensa, buscando a los mejores diseñadores de interiores, buscando personal para hacer el trabajo y buscar un lugar más amplio, para fortuna de mis abuelos, mi padre había estudiado administración de empresas, eso ayudó mucho también.
Pero ahora la oferta y demanda me esta sobrepasando, necesito un inversor con urgencia, no quiero degar a tantos trabajadores en la calle, así que ya que tengo esta oportunidad, no la dejaré escapar, aunque tenga que guardar mi amor por Aitana por un tiempo.
La vos de mi madre, me trae de regreso a la realidad, pues la escucho decirle una scuantas cosas a mi asistente y si, mi asistente es Aitana, el amor de mi vida.
— Madre, este no es momento para pelear, deja a Aitana en paz por favor. — digo saliendo al pasillo y mi madre me da una mala mirada.
La observa con desagrado y después de dirije a mi despacho.
— ¿Cuándo terminaras con ella Alejandro? Será mejor que lo hagas lo antes, y si es posible despidela para que no tengas problemas con la que pronto será tu prometida. — suspiro pesadamente ante sus palabras.
— Hoy se lo diré, no te preocupes y eso de alejarme de ella no lo haré, sabes perfectamente que la amo y no dejaré que se aleje de mi lado. — ella me mira con los ojos muy abiertos por lo que le he dicho.
— Estoy en contra de eso, no dejaré que tengas una amate, cuando te cases con Eloisa. — dice tajante y la verdad es que Aitana no querrá estar conmigo, de eso estoy seguro.
— Creo que ya estoy grandecito para saber lo que hago, es mi asunto, yo me encargaré de ello.
— Esta bien, como quieras. — mi madre sale del despacho, asontando la puerta, donde a saber al que sea que se encuentre en su camino que está furiosa.
Niego con la cabeza ante eso, el temperamento de mi madre siempre ha sido el mismo, no entiendo como mi padre se enamoro de ella, pues el carácter fuerte es propio de ella, mientras que mi padre es más pasifico, le gusta llevarse bien con todos, siempre le ve el lado bueno a las personas, eso sí en los negocios es todo un as.
De verdad extraño mucho a mi padre, me hace mucha falta, después de todo y gracias a él, conocí a Aitana.
Suspiro pesadamente, veo la hora en el reloj, me levanto,e acomodo e saco y la corbata, ante de salir de aquí necesito ver a Aitana. Como si la hubiera llamado con el pensamiento la veo entra al despacho, mis pies se mueven por sí solos y llego hasta ella, cierro la puerta y la pego a ella, uno mis labios con los suyos, sin darle oportunidad a que me diga algo invadió su boca en un beso desesperado. No quiero alejarme de ella, no quiero perderla, pero en este momento estoy atado de manos.
Ella responde al beso, con la misma intensidad que la mía, no quiero soltarla, no quiero hacerlo, pero es ella quien se aleja de mí.
— Señor Cisneros, es hora de ir a la sala de juntas, no hay que hacer esperar al socio. — su voz seductora eriza mi piel, aún así obligó a mi amigo a no despertar.
— Entonces, andando señorita Valencia. — ella sonríe y salimos del despacho, rumpo a la sala de juntas.
Dios perdóname por ser un cobarde.
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Aitana.
Llegó al edifico y ni bien entró, mi querida mejor amiga me hala del brazo, para ir con ella a la cafetería, esa mujer ni siquiera me deja llegar a gusto, pero le concedo que todavía es temprano así que tengo tiempo para lo que sea que me quiera decir.
— Tany, Tany, Tany, hoy me enteré de algo, y no sé si sea cierto, pues tú y el jefe son... — mi amiga voltea a ver a ambos lados, para ver que nadie escuche. Ella y unos cuantos más lo saben, pero Alejandro los hizo firmar un acuerdo de confidencialidad, ya que no quiero andar en boca de la gente, suficiente tengo con su madre.
— Tranquilízate, no hay moros en la costa, así que habla de una vez. — le digo un poco exasperada.
Ella está apunto de hablar, cuando su teléfono suena.
— Perdón, es una llamada importante, antes de que la junta comience iré a verte necesitas saber esto. — dice saliendo de la cafetería dejándome con la intriga de saber que es lo que tiene para decirme. Niego con la cabeza y me encaminó al ascensor.
El cubo gris me lleva a mi piso, dejo mi bolso aún lado y enciendo la computadora, para revisar la ajenda de mi jefe, y tener todo listo para la reunión de al rato, después de media hora o más tal vez, veo entrar a Alejandro a su despacho, me perdí tanto en esto que no lo vi pasar, aún así mi trabajo es hacer que el tenga todo bajo control, y no lo molesto.
Ya son las nueve y media, ya todo esta listo en la sala de juntas, regreso a mi escritorio para tomar la agenda e ir a ver a mi jefe, pero su madre se para frente a mí escritorio, primero me sonríe, y eso me descoloca, pues nunca en estos cinco años que llevo trabajando aquí, me había sonreído.
— Espero ya estés lista para la reunión, recuerda que es muy importante, y aunque no me guste tenerte ahí, tienes que hacerlo, después de todo ese es tu trabajo. — dice con una sonrisa de suficiencia.
— No se preocupe, yo...
— Madre. — es cucho la voz de Alejandro, interrumpiendo lo que yo iba a decir, ella me mira como diciéndome que me ha salvado la campana y camina hacia su hijo. Dándole una mala mirada, Alejandro entra tras de ella y yo solo niego con la cabeza.
Después de unos minutos la madre de Alejandro sale echando chispas del despacho, azotando la puerta con gran fuerza, me mira mal y se va, supongo a la cafetería, pues estoy segura que la reunión de hoy no se la perdería por nada del mundo.
Cinco minutos para las diez, me levanto de mi asiento y camino al despacho de mi jefe, entro y me sorprendo al ser aprisionada contra la puerta, Alejandro me besa con mucha pasión, puedo sentir un lijero temblor en su cuerpo, aun así, respondo al beso con la misma intensidad, cuando siento que el oxígeno se me está acabando me aparto como puedo. Él me observa, sus ojos me transmiten algo, que no se identificar.
Me aparto de él, diciéndole que la reunión está apunto de comenzar, no podemos darnos el lujo de hacer esperar al socio, mi voz sale seductora y créanme que no lo hice apropósito, solo fue el calor del momento y lo mejor es salír de aquí, antes de que Alejandro quiera tomarme aquí mismo.
Sonrio cuando el dice mi apellido, siguiéndome el juego y ambos salimos del despacho.
En la sala de juntas se encuentra, el abogado y la señora Gabriella, ella me observa a mi y luego Alejandro, niega con la cabeza pero agradezco que no hace ningún comentario, solo se queda en silencio y no sé si eso sea bueno o malo. Unos minutos más tardes, llega a la sala un hombre de unos cincuenta años aproximadamente o tal vez un poco menos no lo sé su nombre es Antonio Palafox, y junto a él una chica más o menos de mi edad, muy bonita por cierto, tengo que reconocerlo y otro hombre que supongo debe ser el abogado.
Después de los saludos y que todos están acomodados, Alejandro procede a explicarles los término de la sociedad y porque debería invertir en la empresa, la mirada de la chica hacia Alejandro, no me pasa desapercibida, pues ella lo ve con un brillo particular en los ojos, aún así pongo toda mi atención en lo que Alejandro dice, y después de terminar el señor sonríe, endereza su postura para hablar.
— Estoy impresionado, sinceramente lo estoy, y estoy seguro que con una inversión más esto se irá a lo grande, pasando fronteras, ya te había echo una propuesta y tú madre me dijo que aceptaste, quiero cambiar algo, así que como te casaras con mi hija, en lugar de ser socios, fucionemos ambas empresas.
Lo siguiente que dice no lo escucho, él ha dicho que Alejandro acepto casarse con la chica, yo... Siento como mi pecho arde al sentir la punzada en mi corazón al escucharlo, Alejandro no niega nada, y yo lo único que quiero es que la tierra me trague y me aviente en el polo norte.
Ahora comprendo la sonrisa de la señora, ahora comprendo las palabras de Alejandro, soy una estúpida trato ser fuerte y no llorar, aunque mis ojos arden por querer hacerlo. Aún así veo como el señor Antonio se levanta y le da la mano a Alejandro, aceptando la fusión de la empresa y lo que más me mata es cuando la chica se acerca a él para darle la mano, le sonríe con complicidad, pues Alejandro le ha dicho que más tarde la verá.
Todos salen, incluyendo su madre, esta última sonríe ampliamente al verme.
—Tany yo..
— No. — digo interrumpiéndolo.
— No digas nada, no quiero escuchar nada ya... — intento tragar el nudo que se a formado en mi garganta.
— Creo que ya supe lo suficiente, será mejor que me vaya. — digo rodeando la silla y pasando a su lado, pero me detiene tomando mi brazo.
— No te iras, tenemos que hablar primero. — mi interior esta que arde de la ira, del dolor, de la frustración y sin pensarlo le suelto una cachetada, echo que hace, su rostro gire.
— No creo que haya algo que hablar señor Cisneros, usted se va a casar, creo que pudo habérmelo dicho antes, pero prefirió no decir nada y espero justo este momento para que me enterara, creo que ya todo está dicho ¿no lo cree? — digo como puedo, el nudo en la garganta, se hace más grande, lo único que quiero es salir corriendo de aquí.
— Las cosas no son tan sencillas, yo te amo Aitana, pero sabes perfectamente que llevo un peso muy grande encima. Por favor déjame solucionarlo, no te alejes de mi, y espera a que cumpla un tiempo de casado y me divorcie de ella para casarme contigo y ser felices. — es que en serio no comprendo como es que se le hace fácil decir todo esto.
- No. - digo y el alza una ceja.
— ¿No? ¿A caso no me amas? — pregunta.
— El echo de qe te ame, no significa que me permitiré ser tu amante. — digo sin titubear.
— No te estoy pidiendo que seas mi amante, solo te pido que me esperes, esto lo hago por los dos, para poder ser felices. — dice y yo no creo lo que escucho.
— Alejandro, eres el jodido Ceo de esta empresa, aun así no te das cuenta que conllevará esta fusión. No sólo te Casaras, tendrás que hacer una familia con ella, aquí ya no hay un nosotros, entiende eso, eso fue lo que tu aceptaste, y ahora es tu responsabilidad cumplir...
—Por favor no me dejes, yo te amo y no puedo dejarte ir. — niego con la cabeza ante sus palabras.
— Pusiste el bien de la empresa primero que lo nuestro, al fin y al cabo es el legado de tu familia.
— Si lo es, y no tuve otra opción que aceptar estos términos.
— Siempre hay otras opciones Alejandro y... Ya, no quiero saber nada más, de una vez te aviso que renunciare y nunca más me veras, no podré con esto, lo lamento señor Cisneros, pero lo nuestro se acabó. — digo soltándome de su agarre y saliendo de la sala.
Esto tiene que ser una jodida broma, esto tiene que ser una maldita pesadilla. Tomo mis cosas y salgo de ese edificio que comienza a asfixiarme, sin rumbo alguno.
No se cuanto tiempo he caminado, mi celular no ha dejado de sonar, Alejandro es demasiado insistente, y cuando estoy apunto de apagarlo, aparece el nombre de mi amiga.
— Tany ¿Dónde estás? — pregunta preocupada.
— No lo sé Lisa, no quiero ir a mi departamento, yo...
— Se cómo te sientes, la vieja bruja se encargo de dar la noticia de que su querido hijo ha salvado la empresa y se comprometerá el sábado. Aitana, ve a mi casa, en un rato llego, sabes donde esta la llave, y espérame ahí no andes vagando por las calles sin rumbo. — acepto su propuesta.
— Está bien, te veo allá entonces, te llamaré desde tu casa, apagare mi teléfono, te avisaré cuando ya esté allí.
Termino la llamada y apago el aparato, paro un taxi y le doy la dirección de mi amiga, cierro mis ojos en el transcurso del camino aguantando las ganas de llorar, no quiero hacerlo. Pero mi corazón duele demasiado y no se cuanto aguantaré más.
Media hora más tarde ya estoy en el departamento de mi amiga, sola con mi soledad, busco una botella de vino y me siento en su enorme sala a esperarla.
Supongo dios, que esta es una prueba más que pones en mi camino y créeme que lo superare de nuevo.
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Eloisa.
Decir que estoy sorprendida seria poco, ver la cara de la asistente de Alejandro me dio a entender que ellos en realidad tiene una relación, lo cual también me da a entender que este juego somos las marionetas de nuestros padres, no soy estúpida, como mi padre cree, después de todo gracias a él soy como soy, aún así Alejandro ya frimo el acuerdo, donde estipula que la sociedad o más bien la fusión de ambas empresas se debe al matrimonio entre nosotros dos. Me sorprendio cuando me dijo que me vería esta noche. Así que lo esperare, supongo muy bien lo que me dirá, como ya les dije no soy tonta, pero sinceramente no sé qué haré con el amor que siento por él, han pasado cuatro años y yo lo sigo amando, como cuando estaba en la preparatoria, solo espero no salir lastimada de todo esto, porque si es así, será solo mi culpa, por no poder negarme a los deseos de mi padre.