Capítulo Tres.

2106 Palabras
Las horas han pasado, la oscuridad, comienza a cubrí todo a su alrededor, pero sinceramente no tengo ganas de levantarme a prender la luz. La botella de vino está a la mitad, mis ojos los siento inchados de tanto llorar y mi corazón, mi corazón esta totalmente destrozado. El ruido de la puerta, me avisa que mi amiga ha llegado, sorpresa que se llevara al ver que estoy aún con las luces apagadas. — ¡Tany! — exclama al verme, cuando a prendido la luz y camina a paso apresurado hacia mi. — Perdón por llegar tan tarde. — dice abrazándome. Seca algunas lágrimas que todavía corren por mi mejilla, es inevitable que deje de hacerlo, por mas que lo he intentado. — Ese imbecil, no merece tus lágrimas, y no le des gusto a la vieja bruja de verte así. — dice mi amiga, haciéndome sonreír. Ella siempre ha llamado así a la señora Gabriella y creo que el apodo se lo tiene bien merecido. — ¿Qué harás con todo esto? — pregunta preocupada. — Mañana a primera hora iré por mis cosas y renunciare. — digo sin titubear, con eso en mente salí de ahí hoy. — Sabes que te apoyo en todo lo que decidas, eres mi mejor amiga, casi una hermana para mi, y tengo tanto coraje con el imbecil, que si no fuera mi jefe ya le hubiera roto la cara y tambie lo hubiera dejado sin descendencia. — dice furiosa, y créanme cuando les digo que si lo haría. — Tranquila, no vale la pena en realidad, creo que ambas sabíamos que esto pasaría tarde o temprano. Esto es mi culpa, por haberme enamorado de la persona equivocada, por haber creído que las cosas realmente cambiarían, pero no fue así. Lis de hora en adelante no creeré en el amor, no dejaré que vuelvan a destrozar mi corazón de nuevo. — mi amiga me mira un poco sorprendida sí, hace unos minutos seguía sacando lágrimas y aunque mi corazón esté roto, porque de verdad lo amo, no voy a llorar más, no soluciono nada, él se casara, formará una familia y yo, yo buscaré mi propia felicidad pero, sin incluir al amor. — Lisa, solo te voy a pedir un favor. — digo y ella asiente. — Déjame quedarme aquí unos días, Alejandro tiene las llaves del departamento y estoy segura que en este momento está ahí, y no quiero verlo, no por el momento. — Sabes Tany, siempre te he admirado, eres una mujer fuerte que a pesar de los golpes que la vida te ha dado, siempre te levantas, estoy segura que a tu vida llegará la persona correcta, aquella que te ponga a ti antes que todo lo demás, así que no digas que no te enamoraras, por que no sabes que pasara el día de mañana y no digo que será mañana, en un mes, en un año, no, per ten en cuenta, que siempre hay que darle una nueva oportunidad al amor. — niego ante las palabras de mi amiga. — quédate el tiempo que quieras tany, sabes que esta es tu casa, y te apoyaré en todo, si quieres que matemos a ese desgraciado dime y lo haremos. — sonrio ante sus palabras. Lisa es la hermana que no tuve, siempre ha estado para apoyarme desde que la conocí, la quiero mucho y así como ella mete las manos al fuego por mi, yo también haría lo mismo por ella. Después de platicar otro rato más, hurte su lap para hacer mi carta de renuncia, mañana iría a dejarla muy temprano, lo último ue quiero en este momento es ver la cara de Alejandro o la de la bruja de su madre, eso solo sirviria para darle el gusto a ella y burlarse de mi, y no pienso dejar que eso pase. Unos minutos después apago la laptop y me voy a la cama, espero dormir un poco, a partir de mañana tengo que pensar en que hacer con mi vida. Decirles que normi, sería una enorme mentira, lo sucedido el día de ayer no abandono mi cabeza por más que yo quice, aún ya estoy lista para irme a la oficina, lisa, también se levanto temprano, así que se irá conmigo. Suspiro pesadamente antes de dar un paso hacia la puerta de entrada, Lisa me hala del brazo para que siga caminando y lo hago, solo que al llegar a la puerta soy detenida por Miguel, el gusrdia de seguridad. — Lo lamento señorita, tengo instrucciones de no degarla pasar. — dice el hombre con cara de pena, pero yo comprendo de quien es la orden. — Señor Miguel, por favor solo quiero subir por mis cosas y dejar mi carta de renuncia, no quiero hacer nada más que eso, cuando baje puede revisar que no me llevare nada de aquí. — Si señor Miguel, nadie sabrá que ella estuvo aquí, más que el jefe. — poya lisa y él suspira. — De acuerdo, pero no se tarde tanto, la señora Gabriella dio sus órdenes específicas, no quiero meterme en problemas. — asentimos y entramos casi corriendo. Lisa me ayuda con las poquitos cosas que tengo en el que era mi escritorio, cuando ya todo esta listo, dejo la carta de renuncia ensima del teclado de la computadora y salgo de ahí, Lisa me acompaña hasta la salida y no es necesario que Miguel revise mis cosas, pues la pequeña caja no esta llena y se ve todo lo que llevo. Me despido de ambos y regreso al departamento de Lisa, solo espero que Alejandro no me haga la vida difícil y que acepte las consecuencias de sus actos... . . . . . . . . . . . . . . . Alejandro. Me pase toda la noche sin dormir, si Aitana no aparece me volveré loco, estuve toda la noche en el departamento y ella nunca llego, además de que no contesta su teléfono y yo no se donde rayos esta, me di una ducha fría y ahora voy camino a la oficina, le ruego a dios encontrarla ahí, necesitamos hablar, necesito hacerla entender que esto lo hice por el bien de todos y sobre todo hacer que ella me espere hasta que yo pueda divorciarme. Sí, algo egoísta de mi parte lo sé, pero no quiero perder la por nada del mundo. Todavía es muy temprano, apenas comienzan a llegar algunos empleados, llego a mi piso y caundo estoy a punto de legar a mi despacho, el escritorio de Aitana llama mi atención. Esta completamente limpio, no hay rastro de ninguna de sus cosas, solo veo una hoja doblada en el teclado de la computadora, la tomo esperando que no sea lo que pienso y entro a mi despacho. La palabras carta de renuncia en el principio de la hoja, hace tensar todo mi cuerpo, salgo como puedo del despacho hacia recursos, si esta carta está aquí, también esta ahí y no dejaré que se haga efectiva por nada del mundo, pero antes de llegar al ascensor, este es abierto, ante aparace mi madre, junto con la mujer que será mi esposa. — Alejandro, hijo mío. ¿A donde vas? — pregunta mi madre. — Tengo que revisar algo. — respondo cortante, pero estoy seguro que se imagina que es, pues sus ojos se dirijen al papel en mi mano. — No puedes ir a ningún lado, Eloisa esta aquí, la llame porque quería saber como les había ido anoche, ya que mi hijo no se digna a contestar el teléfono y resulta que no fuiste a reunirte con ella, y en sima, no tuviste la decencia de llamarla para decirle que no la verías anoche. — la chica solo agacha la cabeza y estruga sus manos, mientras que mi madre esta que arde de la furia. — Después hablo con usted señorita, por el momento tengo algo más importante que hacer. — le dijo a Eloisa y ella siente. — No iras a ningún lado Alejandro, nada puede ser más importante, que pasar el tiempo con tu futura prometida. — ¡No te metas en lo que no te importa madre. Así que déjame en paz. — entro al ascensor y pulso el botón del piso que me llevará a la oficina de recursos. Sinceramente no se como me siento en este momento, sabía que mi madre nunca quiso a Aitana, pero jamás me imagine hasta que punto. — ¡Te atreviste a correr a Aitana! — digo entrando a mi despacho, importando me poco que esa mujer siga aquí. — Creo que este no es el momento de hablar de eso. — dice mi madre, pero yo estoy furioso. — Me importa un cara... — no termino de decir la frase, ya que mi madre me ha plantado una cachetada. — Yo... Será mejor que me vaya. — dice Eloisa saliendo casi corriendo del despacho. Mi mandíbula esta tensa, el coraje que tengo va más allá de lo que yo mismo me puedo imaginar. — Jamás te atrevas a faltarme el respeto, soy tu madre, que eso nunca se te olvide. — río ante lo que dice. — Mi madre dices, creo entender que una madre vela por los interés de sus hijos, vela por su felicidad, y no lo pone entre la espada y la pared para que haga algo que no quiere, y sobre todo no lo separa de la mujer que ama. — respondo y ella me observa dolida. — Esa mujer no te conviene, ella no te puede ayudar en lo que tu este momento necesitas, además que solo esta contigo por interés. Ella no es de nuestra clase social, esa mujer no puede estar en nuestra familia, y es por eso que ayer cuando se fue decidí correrla, ya recursos se encargará de su liquidación, no te preocupes por ella que se irá con una muy buena compensación por su servicio en esta empresa durante cinco años. — De verdad crees que eso es lo que a ella le importa, realmente nunca te tomaste el tiempo de conocerla, esa mujer se merece el jodido mundo entero, o acaso ¿crees que mis buenos modales, hacia como tratar a las personas fue por ti o por haber estudiado en el extranjero? Fue ella la que me enseñó a ser humilde. Así que no te atrevas a decirme que ella está conmigo por interés, porque estas muy equivocada. — digo casi al borde de las lágrimas. — Eso es porque realmente no quieres ver lo que realmente es. — dice ahora y no se si algún día me arrepienta de lo que diré. — Basta ya madre, te diré esto una sola vez, no me interesa lo que pienses de ella, yo la conozco y papá también la conoce, aún así quédate tranquila porque has ganado, pero eso sí te digo una cosa, ya no eres miadre, eres tan fribola que prefieres verme sufrir por la mujer que amo. Te odio y ahora te pido que me dejes solo. — Alejandro tú... — ¡Que te vayas te he dicho! — grito molesto. Ella solo me ve y sale del despacho. No se lo que voy hacer, no se como voy a enfrentar un matrimonio sin amor y solo por conveniencia, porque eso es lo que es, un matrimonio por conveniencia. ... Ya es de noche, estoy en el departamento de Aitana y desde ayer no se nada de ella, no me responde los mensajes, ni las llamadas me encuentro desesperado, su celular sigue apagado, no se como demonios solucionar esto. Tal vez haya alguien en la oficina que me pueda ayudar. Haré lo que sea para poder hablar con ella y pedirle sobretodo que me perdone. . . . . . . . . . . . . . . Eloisa. Dicir que me sorprendió la forma en la que Alejandro le hablo a su madre es poco, es que no sólo estaba molesto, se veía furioso, con ganas de asesinar a alguien. Creo en este momento que esa mujer es más importante de lo que pensé, porque debo confesar que me imagine que solo era un capricho de él, hacia ella, pues note que a la señora Grabriella no le agrada la chica y vaya que hombre no caería ante esa mujer, si es muy hermosa. No negare que me siento mal por esto, pero haré mi mayor esfuerzo por conquistar el corazón de Alejandro, el será mi esposo, y se tendrá que olvidar de esa mujer a como de lugar.
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