Capítulo seis.

1817 Palabras
Ya ha pasado una semana mas, debo decir que me siento desilusionada, pues ingenuamente creí que aquella señora me dejaría en paz, pero no fue así, en toda la semana he dejado currículum, tras curriculum en distintas empresas, y me da rabia porque siempre que llego me dicen que el puesto ya ha sido ocupado. ¿Ustedes creen que eso sea casualidad? Pues yo no. El día lunes decidí salir a buscar trabajo, pues lo menos que quería era seguir lamentando mi mala suerte en el amor y salí del departamento de mi amiga con la esperanza de conseguir un empleo, lo cual no logre. Así anduve por toda la semana buscando trabajo sin suerte alguna, no puedo evitar sentirme lamentable, aunque era lo que menos quería, Lisa trata de no hablar de la oficina, y ella piensa que no se cuando será la boda de Alejandro, pero la noticia salió en las revistas, ese día que había salido decidida a buscar trabajo, los vi. No negaré hacen bonita pareja, los dos se ven muy bien juntos, y si yo no supiera en cierta forma la verdad, diría que de verdad están enamorados, me dolió saber lo apresurado de su boda, pero en cierta forma es lo mejor, mientras tanto yo seguiré buscando trabajo, para olvidarme de todo esto que me esta pasando. Esta semana me mudare de nuevo a mi departamento, Alejandro ya no puede buscarme, su boda esta a la vuelta de la esquina, así que dudo mucho que vaya a verme y si ya fue, ya debió haberse dado cuenta que cambie la chapa. Llegó a casa de mi amiga, cansada y con los pies hinchados de tanto caminar, ella me sonríe al verme entrar y camina hacia la pequeña sala, donde yo ya he tomado asiento. — ¿Cómo te fue? — pregunta y yo niego con la cabeza. — Mal, nadie quiere contratarme, casualmente cuando entregó mi currículum y después de leerlo me dice que el puesto ha sido ocupado. — digo pesadamente, con un ligero toque de frustración en mi voz. — Maldita vieja bruja, ella debe de estar detrás de esto. — dice mi amiga y yo asiento con la cabeza. — Tal vez si, pero no importa, ya veré que haré. Por cierto Lisa, quiero darte las gracias por lo que has echo por mi, estas dos semanas, pero mañana me regreso a mi departamento, Alejandro no me buscará más, eso sería muy tonto de su parte, y más al saber que su boda está a la vuelta de la esquina. — digo y ella me ve asombrada. — Tú ¿Cómo sabes eso? — me pregunta y le sonrío. — El lunes lo vi en una revista, además ya no puede contactarme, recuerda que cambie de número, y vuelvo y repito, sería muy estúpido de su parte que vaya a búscame, espero estas dos semanas ya haya pensado la cosas, y haya entendido que no debe buscarme. — digo, pero ella no se ve muy convencida. — Y, si mejor pones tu departamento en venta y te vienes a vivir aquí. Sabes que para mi es mejor estar acompañada. — su idea no suena nada descabellada, aunque eso de quedarme con ella me gustaría, se que ella también necesita su privacidad, el día de mañana puede encontrar un buen chico y yo sólo será un mal tercio. — Tu idea no suena nada mal, aunque tengo bonitos recuerdos de ese departamento, creo que lo mejor es cambiar de aires. — ella salta de la felicidad. — Bien, mañana mismo podemos conseguir a un agente de bienes raíces para que lo ponga en venta ¿Te parece? — me pregunta y asiento. Después de haber cenado, cada quien se fue a su habitación. Me puse a pensar en lo que hablábamos hace un rato y Lisa tiene razón, si sigo en ese departamento me invadirán los recuerdos, y es lo último que quiero, así que espero poder conseguir rápido un comprador, para después comprar otro, tal vez más pequeño, con solo dos habitaciones mi cónica, sala y comedor, solo será para mi solita, así que uno pequeño será perfecto. ••• Ya es jueves, la semana se me pasó rápido, como lo habíamos planeado Lisa y yo buscamos a unos de los mejores en bienes raíces, y aunque no he tenido suerte en encontrar trabajo, si tuve suerte en encontrar un comprador. Lo adquirió una linda familia de tres, me cayeron muy bien, y ellos se veían feliz cuando los vi en la mañana, hoy me quedaré aquí, para recoger todo y una mudanza llegue por las cosas mañana, no creí que la venta se efectuará rápido. Así que no me había tomado el tiempo de empacar mucho. Lisa había quedado en ayudarme, por desgracia parece ser que la boda y la fusión los trae locos a todos, así que hoy saldrá tarde, así que le pedí que mejor se fuera a descansar, ya que está casi todo empacado, me sorprende ver que me apure en hacerlo. Son las nueve de la noche y decido tomarme un baño por última vez en este lugar, saco mi pijama, que consiste en un short corto tipo seda y una blusa de tirante, lo dejó sobre mi cama, y voy por esa ducha que de verdad necesito. No se cuanto tiempo ha pasado, solo sé que mi cuerpo se siente relajado, salgo de la ducha y envuelvo mi cuerpo en una toalla, mientras uso otra para secar mi cabello, salgo del baño y pongo mi ropa interior y después mi pijama, no me molesto en ponerme bra, la verdad no lo soporto por las noches. Quito la toalla de mi cabeza y empiezo a secar mi cabello, esta vez tendré que dejarlo a que se seque naturalmente pues mi secadora está en la casa de Lisa. Estoy tan perdida en mis pensamientos, mientras me desenredo mi cabello, que el timbre de mi casa me hace saltar, frunzo mi ceño al darme cuenta de la hora, son las diez y específicamente le dije a Lisa que se fuera a casa, dudo que sea alguien más pues solo ella sabe que estaría aquí, salgo de la habitación para abrir la puerta a mi amiga. — Lisa, te dije que... — las palabras se me otra en la garganta, al darme cuenta que la persona en la puerta no es Lisa, si no Alejandro. Mirarlo de esta manera hace que mi corazón duela, en esos lindos ojos que me cautivaron la primera vez que lo vi, veo dolor y sufrimiento, pero esto es consecuencia de las decisiones que el tomo, ver sus prominentes ojeras, signo de que no ha dormido bien, sus ojos rojos por el que creo ha sido llanto, hace que mi corazón y alma duelan más, él me ve de pies a cabeza, logrando incomodarme. — ¿Qué haces aquí? — pregunto enojada. No comprendo qué está haciendo aquí, pero el en lugar de contestarme, se abalanza a mi, haciéndome retroceder y cayendo en el sillón que está en la entrada. No se como, pero él está encima mío, forcejeo para que me suelte, pero de un momento a otro, ya tiene mis manos sobre mi cabeza. — Suéltame Alejandro, y vete de aquí. — digo, tratando de calmarme. Pero me sorprende cuando junta sus labios con los míos, forcejeo de nuevo, pero sentir sus labios de nuevo hace que mi corazón lata al mil por hora, solo por esta vez me dejaré llevar por lo que mi corazón siente, que aunque mi cabeza diga que esto está mal, que mañana me arrepentiré de esto, mi corazón se llena de alegría al tenerlo una vez más junto a mi. . . . . . . . . . . . . . . . Alejandro. No se porque, pero siento que estos días se me han pasado rápido, la desesperación por no saber de Aitana me tiene mal, creo saber dónde está, pero no quiero ser imprudente con su amiga, las veces que me la he topado, me ha dado unas miradas de que me quiere matar, y si no lo ha hecho, es porque soy su jefe. La empresa está vuelta loca, la fusión es beneficiosa, pero también implica muchos cambios y mi personal está como loco de aquí a allá. Más aparte, está el tema de la boda, realmente siento que me volveré loco, pues será ya en unos días, en tres precisamente ya mi traje está listo imagínese mi emoción. Si notan mi sarcasmo verdad. Estoy encerrado en mi despacho, tengo una botella de whisky conmigo, ya casi terminada, veo la hora en mi reloj y son las nueve de la noche, me pongo a pensar en todo lo que ha pasado. Ahora pienso que Aitana tenía razón, me cerré a la posibilidad de buscar más socios, y solo acepte esto, porque pensé que ese era mi destino, sacrificar mi propia felicidad y ahora lo veo todo claro. Lo único malo, es que ya no puedo echarme para atrás no puedo hacerlo, pues di mi palabra, aparte la fusión ya está casi hecha, no puedo echarme para atrás, al fin de cuentas este será mi cruz por un año o dos, en lo que busco la manera de divorciarme y después de eso buscaré a Aitana, para que se case conmigo y por fin podamos ser felices como debió ser desde un principio. Me levanto de donde estoy, a pesar de haberme acabado la botella no estoy del todo ebrio, si me siento mareado, pero no pasa de ahí, tomo mis llaves, y mi saco he tomado una decisión, iré a buscar a Aitana, necesito sentirla entre mis brazos, aunque sea una última vez, quiero tocar su piel de nuevo, quiero sentir sus labios sobre los míos, quiero sentir el aroma de su piel, para poder guardarlos en mi mente y en mi corazón, ella tiene razón. Si la sigo buscando después de casarme, no hablaran de mi, hablaran de ella, y es es algo que no pienso permitir. Decidido, bajo al estacionamiento, subo al auto y me encamino al departamento de Aitana. Debo confesar que mi valentía se ha ido por el caño, ya estoy en la puerta de su departamento y ya toque el timbre, se que está aquí porque la luz esta de la sala está encendida y las veces que he venido todo se ve totalmente apagado. Mis nervios esta al mil y mi corazón late desbocado. el aire se me va cuando abre la puerta, pues piensa que soy su amiga pero se queda callada cuando nota que soy yo y yo sinceramente no puedo apartar la vista de ella. Dios perdón por lo que voy hacer, pero no me puedo resistir a lo que mi corazon siente en este preciso momento.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR