—¿Qué hay con eso? —Un día cualquiera puedes terminar preso. Suspira, y con advertencia en la voz, espeta —No es el lugar apropiado para hablar de éstos temas. —No. No lo es, pero lo empezaste al responder ese mensaje y contestar mi pregunta —recrimino—; así que dime, ¿y la cárcel? ¿No te importa terminar preso? Alza la quijada y con una convicción que se delata hasta en sus ojos, responde un helado, contundente, y preciso —No. —Nicolas... —tartamudeo absolutamente desconcertada. —Necesito que entiendas ahora más que nunca, si es que en verdad queremos tener una relación duradera y valiosa, que prefiero la cárcel a que un día cualquiera, por una decisión equivocada, y en un mundo que no admite fallas, esté presenciando el velorio de alguien que amo. Prefiero, y preferiré mil ve

