Narra Nancy.
Tiempo atrás.
Oliver se mantiene callado tras decirme aquellas palabras y corro en busca de un par de pastillas y el gatorade que Scarlett me ha dejado. Sin embargo, en cuanto se lo extiendo para que lo tome él suelta un gruñido, como si mi acción le molestara.
Mi pecho duele y me quedo inmóvil a su lado esperando lo que tiene para decirme, aunque me asuste, y aunque sé que está borracho y probablemente este divagando.
Él no puede decir que no me merece porque aunque ambos podemos ser un desastre individualmente, cuando estamos juntos nos queremos, nos entendemos y nos complementamos como nunca.
Siempre he tenido en mente que lo que tenemos es suficiente para seguir avanzando juntos.
Sé que en parte su estado tiene que ver con su madre, pues esta hace unos días tuvo una recaída, una que él no me ha querido descifrar ni explicar. Entiendo que debo darle su espacio, y esperar que se sienta listo para decirme, aunque me da ansías la espera.
Lo veo intentando descifrar su rostro, lo que siente, pero luce tan agobiado que me resigno a esperar.
—Tu mamá tiene razón... —Lentamente fija su mirada en mí. Mi respiración se pausa porque no entiendo —Necesitas a un chico que... no llegue tomado vuelto un coño a tu departamento... un chico que no tenga una familia deprimente, un chico que tenga un padre, un ejemplo a seguir, como David... —Ha comenzado a llorar y no sé cómo actuar —Necesitas un chico que estudie con ganas, que tenga futuro, no como yo que me la paso encerrado en mi cuarto dibujando estupideces y jugando video juegos —Se detiene y mi corazón comienza a deteriorarse y… no sé qué decir —Mi papá tenía razón; no sirvo un coño y yo soy quien tiene a mi mamá así, porque no hice nada y no hago nada más que llorar por todo, como seguro lo haré ahora...
Los latidos de mi corazón suben, aterrados mientras sacudo la cabeza en negación y lo tomo de la mano, pero él me aparta, hiriéndome poco a poco.
—Estás divagando, amor —Considero, cuando mi pecho hace presión —Eso es mentira, él no tiene la razón... se equivoca —Le acaricio la cara, y compruebo algo: está ardiendo en fiebre.
Pensé que ese pensamiento respecto a David y mi madre había desaparecido en el preciso momento que le juré que en mi corazón, respecto al amor de pareja, jamás cabría otra persona que no fuera él. Porque hubo un tiempo en el que las cosas para ambos no fueron fáciles, ni para mi madre “aceptarlo”, ni para mí entender algunas cosas de su familia, especialmente el tema con su padre. Sin embargo, y repito, llegué a pensar que lo había superado.
David puede tener muchas medallas, elogios y personalidad inspiradora, pero no se compara con Oliver. Porque Oliver aunque no es atleta y no tiene ganado el corazón de mi mamá, ha crecido como persona conmigo, porque Oliver fue mi manta cuando no sabía qué hacer con mi vida y porque él simplemente... me conoce tanto, que me asusta. Y me ha correspondido de una manera que me llena en alma.
—Vi a mi papá hoy —Voltea su cara y aleja mi tacto, lo cual me hace sentir terrible —Alexandru dice que mi papá intenta culpar a alguien que no sea él por lo que le pasó a mi mamá... pero no es cierto, el culpable soy yo, porque después de que yo nací ella tuvo que tomar esos medicamentos que hicieron que ella…
—¡No! —No me resisto y lo abrazo —¡No tienes la culpa de lo que le pasó! —Digo molesta y me estiro hasta el mueble para darle las cosas que al principio me rechazó —Ahora toma eso y te vas a dormir.
—Nan…—Intenta decir después de tomar el liquido y limpiar sus lágrimas.
—¡Silencio Oliver Josué Suarez Mujica! ¡Silencio!
—A-amo cuando te pones brabucona... —Musita luego de una risita nostálgica —caramelito...
Vuelve a acostarse en el sofá colocando su cabeza en mis piernas y yo acaricio su rostro suavemente cuando cierra los ojos.
—Vas a estar bien, amor...
Él comienza a respirar con pesadez como si se sintiera desesperado y comienza a llorar. Mi corazón se oprime haciendo que me derrumbe con él y apriete una de sus manos con fuerza.
Su padre es un desgraciado, y yo no lo voy a abandonar como lo hizo él.