05.

1028 Palabras
Narra Nancy. Años atrás. Habían pasado un par de semanas desde mi encuentro bachatistico con Oliver. Estaba comenzando a pensar que realmente éramos “panitas”. Conversábamos sobre nuestros pasatiempos en la hora de entrada, y en la salida terminábamos el tema. A ese punto, ya que no era un chico para nada tímido,  sabía un par de cosas que quizás me hubieran mantenido alejada de él  ¿cuáles? Bueno, desde que terminó su segundo año se había propuesto tener una novia por corte escolar. Estúpido sí. Es decir, nuestro año escolar se dividía en tres cortes, así que él... en ese momento y sacando cuentas: había tenido cinco novias en tan solo año y medio. ¿Lo peor? —Háblame más de Josefina... —Susurró viendo cómo un grupo de estudiantes pasaba a nuestro frente. Sí, Oliver  estaba intentando conquistar a una chica de mi clase. ¿Y cómo me hacía sentir eso? No era una situación cómoda, puesto que al principio pensé que él estaba coqueteándome a mí, pero luego de saber sus estúpidas metas me alegré en saber que desde su punto de vista: él y yo solamente éramos “panitas”. Sí “amigos”. El primer amigo hombre que tenía. Yo no solía ser la chica de muchos amigos. La multitud a veces me generaba ansiedad. Trataba de mantenerme lo más alejada posible de los chicos de mi edad para no verme obligada, por ejemplo: a asistir a fiestas. Porque lo malo no era el baile, ni la música era: la multitud. No obstante, y retomando el tema del cómo me hacía sentir que Oliver quisiera tener de novia a mi única amiga en toda la secundaria pues: era una mierda. No quería que él  se molestara conmigo y tampoco quería que hiriera los sentimientos de Josefina. O al menos eso era lo que yo me mentalizaba que sentía. —Ella... es que vamos Oli, no creo que seas su tipo —En parte, me sinceré. —¿Y entonces qué clase de gafo es su tipo? —Se cruzó de brazos arrugando el entrecejo. Sí, definitivamente hasta molesto era atractivo. —Pues... —Apreté los labios mientras veía hacia la calle de nuevo, esperando que me salvara mi madre. Pero no se veía ni la sombra —No, es privado. —Coño pero... —Ladeó la cabeza haciendo un puchero y cerré los ojos para no caer con ese truquito que me hacía sonreír y posteriormente hacer lo que él quisiera. Me había convencido en darle la mitad de mi desayuno casi todos los días, ayudarlo con Matemáticas. Y peor aún: sacarle las espinillas de la frente ¡Y todo eso solo en dos semanas! —No, Oliver Josué, no te diré quién le gusta... Abrí los ojos lentamente cuando sentí que apretaba mis cachetes. Quité sus manos pálidas de mi rostro y le di un zape haciéndolo soltar un quejido. —¡Mi cara es sagrada! —¡Mis metas también, coño! Volteé el rostro sintiéndome molesta por alguna extraña razón. —¿Qué te cuesta buscarte otra chica?  ¿Por qué tiene que ser ella? ¡Esas cosas no se hacen! Imagina que hay una chica rompecorazones que te pide que le ayudes con tu mejor amigo ¿qué harías? —Bueno... —Parecía pensativo —Le diría que me dé lo mío primero y luego cuando lo hagamos... le digo que Alexandru no está interesado en ella —Sonrió maravillado por su propia respuesta. Abrí la boca, sorprendida. —Mano pero qué... —No podía creer que realmente pensara de esa manera. —¿No me entendiste verdad? —Yo negué aún sorprendida —Eres mala captando indirectas. Ow, eres tan inocente, Nancy. Moví mis pestañas varias veces mientras sentía un extraño revuelo en mi estómago ¿Indirectas? ¿De qué me había perdido? —No voy a obligarla a salir contigo, Oliver. Es lo último que diré al respecto. —Bien... —Se recostó de la pared cerca a la entrada de la secundaria —Ya te has negado a algo hoy, eso quiere decir que debes, como mi gran panita que eres... aceptar algo. Rodé los ojos ¡Y mi madre nada! A veces Oliver me ponía nerviosa. —¿Ujuhm? —Me di vuelta mirándolo. —Ve conmigo a la reu de Alexandru, es el domingo. Solo es familia pero... —Eh eh —Negué con una sonrisa forzada. De solo pensar que tenía que estar entre una multitud en un lugar pequeño me daban ganas de vomitar. —¿Por? —Se acercó hasta mí con un gesto serio. Retrocedí un poco cuando estuvo demasiado cerca. Y al ver hacia arriba para responderle el sol me pegó en la cara haciéndome sacudir la cabeza. —¿No me darás una explicación? —Ney. Era muy cobarde para confesar ciertas cosas sobre mí, en especial con ese tema ya que al menos Josefina se había burlado de ello. Y eso siendo mi amiga. —A mi nadie se me niega dos veces, Nancy —Se mostró ofendido. —Pues llegó tu alguien... —Toqué su pecho apartándolo al ver por fin el choche de mi mamá —Así que adiós. —Naaaancy... —¡Hola mamá, hola Carol! —Subí al coche ignorándolo. Me mantuve abriendo los ojos como platos hacia mi hermana y ella parecía confundida. Mamá puso a andar el coche y el grito que escuché de ambas me hizo ver hacia al frente. —¡¿Qué te ocurre, hijo?! —Mi madre se llevó la mano al pecho, yo bajé, molesta. El estúpido se había cruzado en el camino para detener el coche. —¿Te pica el...? —Quise decir algo más pero él reía como un loco. —Ve a la reu... —Me guiñó el ojo. No me dio tiempo de reaccionar ante lo que aquello me hizo sentir. Así que subí de nuevo al coche, molesta, mientras le pedía a mi madre que nos fuéramos. Sin embargo, a lo lejos, y para aliviar mi enojo, escuchamos un: —“Discúlpeme, futura suegra y cuñada.”
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