18.

1039 Palabras
Narra Nancy.  Tiempo atrás. —Lo siento... —Es lo primero que digo al Scarlett abrirme la puerta de su casa. Ella hace una mueca. Sé que está molesta, y estoy aquí para arreglarlo. —No es necesario decirte que pases, Rodríguez... —Dice entre dientes. Y sintiéndome incomoda por su voz paso sentándome de inmediato en uno de los escalones de la escalera —Te ves espantosa. Sonrío con nostalgia y estiro mi mano para que ella la tome, pero niega y se cruza de brazos. Bien, realmente está molesta. —¿Y Carlitos? —Pregunto por su hermanito. —En beisbol. Ha pasado a la pre-junior y quería que estuvieras allí —Cierra la puerta y se recuesta de ella mirándome fijamente. Suelto un suspiro —Pero como estás tan ocupada ni me molesté en decirte. —No estaba tan... —Si respondías cortantemente era porque estabas muy ocupada —Levanto mi vista y me encuentro con su rostro molesto —No nos gusta suponer las cosas ¿lo recuerdas? Cuando asiento, ya ella se ha sentado a mi lado. Me aferro a su brazo y recuesto mi cabeza de su hombro sintiendo unas incontrolables ganas de llorar sin lágrimas que sacar. —Oliver no está bien... —Alexandru tampoco y por eso no me he alejado de mis amigos. Aprieto con más fuerza su brazo y me invade la culpa —Es diferente... —Ella suelta un bufido pero se queda quieta —Oliver es mi novio, y... no está pasando un buen momento, Scarlett. Sé que nunca ha sido de tu agrado pero te pido que sientas un poco de empatía por el hecho de que es mi novio y amigo del chico que... Me callo, porque sé que ese tema le duele. —Sé que no fue Oliver el que lo metió en el alcohol... —Dice bajito —Pero tampoco hizo nada para detenerlo cuando sucedió... —Expresa. Y sé que eso es falso pero no quiero extender el tema —Alexandru vino esta mañana y me contó lo que está pasando, me ha pedido ayuda porque quiere ayudar a su mejor amigo, y él no se siente en condiciones de hacerlo solo. Siento un vacio en mi pecho por haber pensado que Alexandru no iba a ser buena compañía para Oli y suspiro —Si has aceptado... gracias por ello. Ella sonríe y siento alivio cuando aprieta mi antebrazo y me da un beso en la cabeza. Para Scarlett no ha sido fácil llevar la relación que sea que tenga con Alexandru por las condiciones en las que este ha puesto todo; pero al ver los ojos de mi amiga veo esperanza, y eso es lo que necesito sentir en estos momentos. Ser fuerte como ella y confiar en que todo estará bien. —¿Qué opina mi suegra? —Inquiere Oliver cuando me dejo quitar la maleta pesada y él sube todas con lentitud —No quiero ser... —Cállate, Oliver Josué —Lo regaño. Eso parece ser suficiente para que su pensamiento de ser una carga o molestia se esfume. —No me gusta cuando te pones grosera —Frunce sus cejas castañas pobladas y por impulso le doy una nalgada que lo hace dar un brinco —¡Ay! —¿Qué tiene de diferencia ser grosera y brabucona, cachorrito? —Inquiero con una sonrisa. Él ladea la cabeza entrecerrando los ojos y siento unas inmensas ganas de besarlo. —Ninguna de hecho... con las dos te ves sexy. Me sonrojo mientras abro la puerta y nos adentramos soltando un suspiro al unísono. Si mi madre supiera que Oliver se quedará una temporada conmigo, solos, en este departamento, me mandará a amarrar trompas de Falopio. Sí, aunque suene cruel, no imagino la cara de mi madre diciéndole que estoy embarazada de Oliver. Ah pero si fuera de David... Sacudo la cabeza cuando Oliver se sienta en el mismo sofá en que lloró hace un mes y voy a la cocina en busca de una bolsita para hacer una bebida rápida. Lo veo desde mi sitio acercarse a la estéreo y pasa varias estaciones de radio hasta que saca su teléfono y lo conecta para verme a los ojos mientras sube el volumen. “Remember those walls I built, well baby they’re tumbling down...” Se me eriza la piel porque sé el significado de esa canción. Puesto que precisamente “Halo” junto a “Quiero decirte” fueron las canciones interpretadas por él el día que me pidió que fuera su novia. Dejo los vasos con el jugo en el mesón y camino hasta él quien permanece estático mientras canta bajito la canción sin dejar de verme. Suspiro pegando nuestras frentes mientras siento la canción cada vez más triste por las circunstancias. Es su manera de agradecerme, y al mismo tiempo: de pedirme ayuda. Él toma mi cintura con una mano mirándome con sus ojos verdes cristalinos y comenzamos a movernos con los corazones brincando de un lado a otro con lentitud. “Everywhere I’m looking now, I’m surrounded by your embrace…” Recuesto mi frente de su hombro suspirando su aroma varonil y nos abrazamos con fuerza sin dejar de movernos al ritmo de la canción. “Baby I can feel your halo, pray it won’t fade away...” Siento sus lágrimas caer y me aferro más a él uniendo los latidos de nuestros corazones para que sienta que estoy allí en todos los sentidos posibles. Y botando una lágrima por primera vez en todo el mes me apresuro en separarnos mientras limpio sus lágrimas y lo beso. Lo beso con la misma necesidad que tengo de que esté bien. Queriendo entrar en su mente, invadir sus miedos y borrarlos por el resto de su vida. Sus dedos aprietan mi cintura cuando nos separamos por falta de aire, y mientras él niega juntando su frente con la mía me suelta, yo, sin tener ninguna intención de que esto pare lo halo de nuevo hacia a mí besándolo, sintiendo los nudos de nuestras gargantas para poco a poco caer ante los brazos de la pasión y la necesidad de complementarnos una vez más a través de nuestros cuerpos.
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