28.

1022 Palabras
Narra Nancy. Tiempo atrás. Oliver era la única persona que me importaba salvar en mis sueños constantes tras la pesadilla que viví, que vivimos. Y por alguna extraña razón nuestros papeles desde hace una semana -el día del hospital-, se han invertido. Él se ha vuelto mudo, no lo he escuchado llorar. Y mis lágrimas salen como jamás lo habían hecho antes del solo saber que no quiere vivir. Y si lo quiere hacer tampoco me lo hace saber, pues no me ha dirigido la palabra desde que dijo un “lo siento” cuando del hospital lo enviaron a casa, o mejor dicho: conmigo. ¿Qué es lo que piensa exactamente? Tengo la necesidad de hacerle sentir que sin importar lo que esto me está afectando no me voy a ir, porque no me quiero ir. Es por eso que estoy frente a la puerta de nuestra habitación, con mi frente pegada a la madera mientras del otro lado solo se escucha silencio. —Oliver... —Abro, despacio. He escondido los cuchillos, tengo solo cosas de plástico. No me podido deshacerme de las sabanas pero sí de las rasuradoras y cualquier tira como correas. El pánico vive en mi cuerpo. Limpio mis lágrimas al ver que está tumbado en la cama, con el teléfono en mano en donde se puede escuchar claramente una voz proviniendo de él. —¿Nancy? —Dice la voz, y me acerco a Oli quien baja la mirada entregándome el teléfono —Es Alex... oye, Nancy ¿puedes dejar a Oliver salir esta tarde? Veo a mi novio quien me regala una media sonrisa, y trago hondo. Me mata que quiera hablar con sus amigos y no conmigo, pero igualmente accedo. —Gracias... —Su voz es excesivamente ronca, y su piel es mucho más pálida que antes. En tan solo una semana ha bajado mucho de peso y no sé de qué forma hacerlo comer como debe. Quiero abrazarlo, quiero decirle que lo amo, quiero... pero las lágrimas amenazan por salir y él arruga el entrecejo. —No llores por mí. Sus palabras son suficientes para que me derrumbe después de cerrar la puerta. Y con el corazón en la garganta, herido, tomo mis cosas decidida a hacer algo que jamás imaginé que tendría que hacer. Respirando profundo, minutos más tardes, es que me hallo frente a la casa de Oliver, tocando la puerta. Esta vez no llevo antipasto, y sé que no me voy a encontrar con el chico que tanto extraño con el torso casi desnudo, cabello despeinado y desodorante desagradable como el día que me entregué a él por vez primera. —Nancy... —Henry sonríe y deja de hacerlo cuando me adentro con brusquedad. —¿En dónde están tus papás? —Pregunto, dejándome llevar por mi rabia. —Nancy ellos... —Levanto mi mentón viéndolo fijamente y él suspira señalándome hacia las habitaciones de arriba, así que subo; sin pensar, sin saber qué me voy a conseguir. Siento los pasos de Henry a mi lado pero no me detengo. —Señora María... —Me detengo sorprendida al abrir la puerta de su habitación y encontrarla sostenida de la mano por el ser culpable de las desgracias de mi chico. Ese hombre parecía estarle leyendo algo y me inspecciona con cautela. Lo odio. —Nancy, cariño... ¿qué haces aquí? —Mire yo... con todo el respeto que le tengo señora María —Me acerco viendo con recelo a mi “suegro” —A Oliver lo está matando el hecho de que usted tenga hospedado en esta casa a la persona que desde que lo vio lo ha tratado como basura —Suelto, firme, para después ver al hombre aunque mi garganta duela por detener mi sollozo —Oliver la ama, Señora María, y está decepcionado de que después de todo lo que pasaron, usted reciba sin ningún impedimento a este hombre que jamás los amó. Y me perdona que me meta, pero es la cruda verdad que al parecer más de dos no quieren entender. A este punto ya mis lágrimas han salido. Mi respiración está agitada. —Nancy... —Henry me toma por los hombros queriéndome alejar. Espero que ella diga algo pero luce perdida, y puedo decir que sorprendida —Nancy no vayas a... —María no está en condiciones de recibir este tipo de visitas, Henry, sácala de aquí. Mi boca se abre más que sorprendida y mi vista se nubla por la furia. —¡Por su culpa Oliver intentó quitarse la vida! —Grito, con el corazón dolido —Fue por usted, desgraciado... —El tono de mi voz baja cuando veo la mano de María soltarse de la de su ex esposo. Él se levanta quedando cerca de mi mientras Henry me detiene —Yo no tengo la culpa que Oliver sea un cobarde, niña ¿de acuerdo? Suelto mi mano del agarre de Henry y le planto una cachetada con toda la rabia y fuerza de mi cuerpo. Y para mi sorpresa, justo cuando él se da vuelta para ver a María esta le da otra que lo deja perplejo. —¡Vete de mi casa, Oliver! ¡Vete ya! Henry me suelta cuando su padre sale de la habitación tirándome una mirada asesina, y corro en busca de María quien se ha derrumbado en la cama entre lágrimas. —Lo siento mucho, pero tenía que hacerlo —Le digo. Ella aprieta mi mano regalándome una media sonrisa —Sé que necesita a mi novio, y él también la necesita a usted, es por eso que ambos necesitan ser fuertes... Ella vuelve a asentir y entre lágrimas también limpio las suyas —Yo no sabía... —Se lleva las manos a la boca —Mi hijito... La escena no hace más que taladrarme el corazón, pero la diferencia de antes con ahora, es que tengo la esperanza de que Oliver se mejore gracias a lo que acaba de pasar. Realmente eso es lo que espero, porque si no lo hace estoy segura que me hundiré con él. Porque no lo pienso soltar.
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