Narra Nancy.
Años atrás.
Haberlo tenido tan cerca con mi corazón descontrolado pero mi cuerpo entero tieso, mientras su aliento caliente recorría mi cuello erizándome la piel, me hacía pensar que estaba soñado. Mis ojos cerrados queriendo sentir sus labios, olvidándome de los demás. Sus manos tibias puestas en mis cachetes... era perfecto así nada más.
No quería abrir los ojos porque sabía que me estaba observando. Y quería que con mi actitud pasiva se diera cuenta que lo único que quería de él, era su máxima atención. Porque me encantaba, porque me hacía reír, porque era hermoso, y porque sabía que por alguna razón estábamos destinados a estar juntos.
—Eres tan bonita... —Ese cumplido en mi oído, en cámara lenta, hizo que por primera vez sintiera mi espina dorsal temblar con mucho furor —Caramelito...
Entreabrí los labios soltando un jadeo que no sabía que podía hacer y sentí sus labios atacar los míos inexpertos. Mi piel se volvió a erizar por el contacto tan tibio y solo pude llevar mis manos a su nuca evitando que se alejara de mí mientras me daba besos cortos y yo abría los ojos y nos mirábamos entre sonrisas hasta que le agarré la sintonía y pude seguirlo.
Esa vez con más pasión pude sentir esa corriente parecida a la que sentí cuando nos tomamos la mano aquella noche. Y sé que sintió lo mismo porque juntos temblamos un poco.
Sus manos me tomaron de la cintura con firmeza entre el beso alejándome de la suya, pero yo quería sentirlo más cerca así que coloqué mis brazos alrededor de su cintura llegando a su espalda baja pegándolo finalmente a mi cuerpo. Él jadeó y paré el beso que me estaba subiendo a mi nube feliz, para ver su expresión.
Sus ojos verdes me veían con una sonrisa que me dejó ver los hoyuelos sonrojados. Y con el corazón latiendo enamorado, hundí mi cabeza en su pecho suspirando.
—Lo siento mucho... —Su voz ronca me desconcertó.
—Siempre lo he querido y...
Él comenzó a negar con la cabeza, y el brillo de sus ojos se fue —Perdón por dejarme llevar por esto... —Tocó su corazón, y yo no sabía si hablar o volverlo a besar —Esto nunca pasó.
Sus palabras me dejaron en modo hibernación por bastante tiempo, al punto de que, al reaccionar, no supe cómo había llegado a mi casa.
Todas las chicas me habían estado llamando al teléfono, una detrás de otra, y yo solo podía decir que “estaba bien”.
Pero no estaba bien haberle dado mi primer beso a él. Y tampoco estaba bien que me doliera demasiado, hasta al punto de no querer verlo jamás, por simplemente haber dicho “nunca pasó” después de que hiciera a mi cuerpo sentir todas esas nuevas sensaciones.
Después de que me dijera que era bonita. Y después de que me dijera que lamentaba dejarse llevar por su corazón.
No lo entendía. Pero tampoco lo quería entender. Me había hecho mucho daño y no lo quería ver nunca más. Aunque pareciera dramático, aunque fuera imposible, solo quería desaparecer a la niña tonta que se había enamorado del chico no tan popular que era un mujeriego en potencia.
Caí. Había caído como las demás.
Y lo peor era que el ADN de Josefina estaba en mi sistema. Eso me azotaba terminando de lanzarme a la cama sin querer salir jamás.
—¡Nancy Carolina! —Carol, mi hermana, tiraba de las sabanas hasta hacerlas caer al piso —Vístete que hay visita.
Me tapé la cara con una almohada, ella la quitó —No quiero saber nada.
No había llorado, pero sentía mi pecho doler demasiado y eso me estaba preocupando.
—¡David Valderrama está aquí! —Su voz emocionada me hizo abrir los ojos como platos.
—Espera... ¿qué acabas de decir, pulga?
Carol rodó los ojos —Está aquí ¿va? Vino con dos chicas más, están preguntando por ti y ya les dije que estabas despierta así que vamos —Se cruzó de brazos.
Aunque Carol tenía dos años menos que yo algunas veces parecía ser la mayor por su determinación inalcanzable, pero era demasiado odiosa para mi gusto, aunque yo no me podía quedar atrás... la amaba igual.
—Ve, pulga. Gracias...
Ella salió del cuarto gritando algo que no escuché bien y me vi en el espejo del baño tras levantarme. Mi cabello tenía unas ondas muy desordenadas, lucía típicas ojeras que no me molestaba en maquillar más esa cara de: “no me miren, no me hablen, no me toquen” que espantaba.
No me había quitado el uniforme y seguramente tenía mal sudor, pero tampoco tenía ánimos de lucir bien delante de nadie.
—¿Nancy? —Roselyn se acercó y me abrazó rápido —¿Qué te pasó?
Scarlett y David me miraban de arriba a abajo, como si buscaran alguna lesión; pero les sonreí mientras les pedía que se sentaran en las mecedoras en donde la brisa pegaba gracias al espacio al aire libre.
—Alexandru nos mandó —Dijo Scarlett, preocupada —¿Quieres hablar...?
David me miraba en silencio, haciéndome sentir más incomoda de lo que estaba. Porque para ser sincera sería la segunda vez que hablaría de mis sentimientos reales por un chico. La primera fue en el baño con las chicas.
¿Podía confiar en Scarlett y David? Porque bien sabía que en Roselyn sí.
—Lo lamento, pero prefiero cargar mi cruz yo sola.
Roselyn hizo una mueca algo molesta, los demás solo asintieron creo que entendiéndome.
Sí quería decírselo a las chicas pero no a Scarlett y a David. Es que ella era aún amiga de Josefina; muy bien podía irle con el chisme y esta se burlaría de mí. Y por otro lado, David era amigo de Oliver ¿no? Y si le contaba algo eso solo me avergonzaría más.
Así que, aunque valoraba su preocupación, iba a llevarme eso a la tumba. Y me iba a armar de valor para quitarme el personaje de “chica ingenua” que me había hecho un blanco fácil para el chico que, lamentablemente, me gustaba.