Ellos estuvieron caminando durante un largo rato por el jardín sin decir una sola palabra. El silencio entre ambos no era vacío, sino denso, cargado de todo lo que había quedado sin decir desde aquella mañana. Katherine aún se sentía incómoda al estar a solas con Daniel. No porque él la intimidara, sino porque su sola presencia removía cosas dentro de ella que prefería no mirar de frente. Lo ocurrido horas antes había dejado una marca invisible, una sensación persistente que no lograba apartar. Se decía a sí misma que solo era confusión, que no significaba nada... pero aun así, el nudo en su pecho no desaparecía. Había muchas cosas que deseaba preguntarle, quizá como una forma de distraerse de sus propios pensamientos. Mientras caminaban uno al lado del otro, Daniel rompió el silencio c

