Piel

1266 Palabras
Cuando llegamos a casa, lo primero que hice fue darme una ducha. Como había estado corriendo, mi piel se sentía desagradablemente pegajosa, así que sentía que quería tomar una bonita ducha con agua caliente. Y, además, pensé que Sayu necesitaba tiempo para preparar lo que iba a decir. Mientras me bañaba, creo que puse en orden mis sentimientos y recobré la compostura para poder hablar, al mismo tiempo que en mi mente había alivio y muchas dudas. En primer lugar, fue bueno encontrar a Sayu. Además, especialmente el haberlo hecho sin ningún incidente y encontrarla a salvo, fue verdaderamente afortunado. Mientras la estaba buscando, ella pudo haber sido secuestrada por algún rufián, eso fue más o menos lo que supuse. Sin embargo, la encontré a salvo y entonces surgió otra duda. ¿Por qué se habrá ido de la casa Sayu en ese momento? Y, además, sin ponerse en contacto conmigo. Si por alguna razón hubiera tenido que salir, seguramente se hubiera contactado conmigo de antemano. Sayu era ese tipo de persona. Pero no solo no se comunicó conmigo, sino que salió de casa sin su Smartphone. Pienso que tal vez no le gustaba estar aquí y por eso decidió irse. Pero no es normal que haya dejado el resto de su equipaje. Tampoco entendía muy bien porqué estaba junto con Mishima. ¿Se habrán quedado de ver frente a la estación? Pero ellas no deberían conocerse. Por otra parte, sentía que era extraño que se hayan encontrado casualmente en ese parque… Entre más lo pensaba menos lo entendía. —Lo tengo que preguntar rápidamente. Eso lo sabía muy bien. Pero, aunque lo supiera, no podía dejar de pensar. Cerré el agua caliente de la ducha y me levanté. Antes de quedar inmerso en el remolino de pensamientos, salí de la ducha. Después de secarme el cuerpo y el cabello con una toalla, me puse la ropa interior, el pijama y luego salí del vestidor. —Estoy saliendo del baño, Sa--- Cuando salí del vestidor, miré hacia la sala y ahí estaba Sayu. Me quedé algunos segundos con la boca abierta. —No, oye tú… Los pensamientos que tenía rondando en mi cabeza fueron en vano, las palabras no salían. Finalmente, lo que pude decir fue: —Ponte la ropa. De pie en la sala, viéndome sin moverse, se encontraba Sayu, en ropa interior. La ropa interior era negra y simple, pero tenía un moño, lo cual la hacía ver linda. No, eso era lo de menos. ¿Por qué estaba en ropa interior? No se estaba cambiando de ropa, ni tampoco parecía ocultarse para que no pudiera verla. —Yoshida-san, ¿sabes…? —Voy a escuchar tu historia, ¿por qué no te vistes? —¿Sabes? —Te dije que te vistieras, ¿no? —Escucha. El tono de vos de Sayu era serio. Dejé de hablar inmediatamente y cerré la boca. No sabía para nada qué tenía que ver la explicación de Sayu con que estuviera en ropa interior. —Bueno, puede que Yoshida-san no lo piense así, pero… Sayu comenzó a hablar con dificultad. No sabía lo que debía hacer, pero lo primero que hice fue no retirar la mirada de Sayu y esperar para continuar con lo que quería decir. Si continuaba viendo a los ojos a una chica de preparatoria en ropa interior, ¿qué pensaría? —Yo soy… más o menos una mujer, una chica, de hecho. —Sí, eso lo sé. Era una devastadora realidad lo que me acababa de informar, y me sentí decepcionado. Sin embargo, Sayu negó con la cabeza ante mis palabras. —Te equivocas Yoshida-san, no lo sabes. —¿Qué cosa? Cuando pregunté aquello, Sayu dio un paso para acercarse a mí. El tener frente a mí a una chica de preparatoria era una impresión fuerte, por lo que retrocedí. Finalmente, Sayu se puso frente a mí y me miró hacia arriba. —¿Qué? ¿Qué pasa? —Aunque soy una chica de preparatoria, creo que mi pecho es grande. —Posiblemente. —Y esta chica de preparatoria esta frente a ti en ropa interior, ¿verdad? —Por eso digo que te vistas. —¿Eso es lo que piensas? Yo continué desviando la mirada mientras que Sayu me veía sin piedad. —No tengo alternativa, una chica de preparatoria está exponiendo su piel ante un hombre... —¿Quieres hacer algo indecente? Cuando Sayu me interrumpió para decir eso, mi pensamiento se congeló. Y luego, rápidamente reaccioné. —Oye si solamente estás tratando de seducirme… ¡¡te echaré a patadas!! —dije con un poco de resentimiento. —¡¡¡Lo he estado haciendo con todos hasta ahora!!! Sayu me interrumpió gritando cuando traté de darle una reprimenda. Tenía la sensación de que mi cuerpo estaba atado por la fuerte impresión. Sayu sujetó con su mano mi camiseta de dormir. Su mano temblaba. —Hasta ahora todos… han querido hacer cosas indecentes conmigo. Las personas hasta ahora… no se refería a sus novios, lo supe, aunque no me lo dijera. Creo que se refería a los tipos con los que se había quedado temporalmente hasta ahora. Sentí dolor en mi pecho. Desde el primer día que Sayu se quedó en esta casa escuché algo así, así que pensé que podía tratarse de algo como eso. Me lo dijo vagamente y yo no le pregunté a qué se refería exactamente. Sin embargo, ahora me lo había dicho puntualmente y, si me lo decía viéndome, temblando y quedándose callada, entendí que era porque me había equivocado al no preguntarle. —¿Lo hicieron? —pregunté mientras ponía mi mano sobre su mano, que estaba sujetando mi camiseta. Sayu se distrajo un poco y asintió también un poco. Suspiré. —Entiendo. —¿Estás… desilusionado? —No…, no lo sé. Perdón. No lo estaba y no me disculpé por no decirlo claramente. Sin embargo, con respecto a los hombres del mundo, sentía todo lo contrario a decepción, sentía enojo, y luego al pensar en todos esos hombres que Sayu tuvo que enfrentar hizo que me preguntara: “¿Por qué?”, en medio de un torbellino de sentimientos en mi pecho. —¿Por qué Yoshida-san no quiere hacerlo conmigo? Rayos, ¿no lo has pensado ni siquiera un poco? Mientras decía esto, Sayu me abrazó. Se presionó fuerte contra mi pecho. No le pude decir que se detuviera ni pude tampoco empujarla, la cara de Sayu tenía una expresión verdaderamente seria, como si ocultara su tristeza. Mi cuerpo no tenía fuerza. —¿Verdad? —Sayu dijo eso, dejó escapar un suspiro y tocó la parte baja de mi abdomen a través de mis pantalones. —Oye, ya detente. —No me respondiste. Mientras me miraba a los ojos Sayu, me tocaba el pantalón. —¿No estás excitado por mí? Mientras decía eso, Sayu puso un dedo en el elástico de mis pantalones. Solo con tocar el elástico, Sayu ya se había dado cuenta. Con solo eso fue suficiente para acelerar mi corazón, no soy para nada insensible al contacto con una mujer. La mitad inferior de mi cuerpo estaba firmemente “preparada para esa situación”. Suspiré y detuve la mano de Sayu que estaba hurgando en mi pantalón. —Lo estoy. ¿Crees que hay algún hombre que no lo estuviera con eso? Cuando respondí aquello, de pronto, la cara de Sayu se puso roja y desvió su mirada de la mía. —¿Por qué estarías avergonzada por algo como esto?, ¿estás bromeando?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR