Capítulo 36: Sombras en la oscuridad

1024 Palabras
La habitación de Alice estaba sumida en un silencio inquietante. La respiración de la joven era regular, pero su rostro seguía marcando el rastro de la tragedia que acababa de vivir. Maximiliano y Alicia estaban con ella, sin poder hacer nada más que esperar. La tensión en el aire era palpable. Mientras tanto, Dere se encontraba en el pasillo, con los brazos cruzados y la mirada fija en el suelo. Algo no le encajaba. Desde el momento del accidente, una sensación incómoda lo había estado carcomiendo. ¿Por qué un accidente tan brutal tan repentino? Y, más importante aún: ¿por qué Alice? Su celular vibró. Marco, el primo y colega guardaespaldas, le estaba llamando. —¿Qué pasa? —preguntó, con un tono bajo pero decidido. —Hay algo raro, Dere. La policía encontró huellas de freno que no deberían estar allí. Dere frunció el ceño. Eso no podía ser casualidad. —¿Qué quieres decir con "huellas de freno"? —El auto no fue solo derrapado. Parece que alguien intentó que se detuviera antes del impacto… como si estuvieran esperando para embestirla. El corazón de Dere dio un salto. Todo encajaba ahora. —¿Seguro? —Lo estoy investigando. El mecánico que revisó el vehículo dijo que los frenos fueron manipulados. No fue un accidente. Dere apretó los dientes, su mente comenzando a ordenar las piezas del rompecabezas. —¿Sabes quién lo hizo? —Aún no, pero tengo a alguien trabajando en eso. Lo sabremos pronto.** Dere se quedó en silencio por un momento, procesando la información. Alguien había intentado matar a Alice, y todo apuntaba a que no fue un accidente. Su estómago se retorció al pensar en las posibles manos detrás de todo esto. —Gracias, Marco. Manténme informado. Colgó la llamada con un suspiro pesado. La rabia lo invadió, pero también un sentimiento profundo de desesperación. Alice estaba en coma, y alguien estaba tratando de acabar con ella. Poco después, Maximiliano salió de la habitación, su rostro marcado por la tensión. Alicia había quedado junto a su hija, esperando que despertara. Dere aprovechó ese momento para acercarse al médico. —Doctor, ¿se sabe algo más sobre el accidente? El médico lo miró, reconociendo el tono serio y protector del guardaespaldas. —No sabemos mucho más, pero la policía está investigando. Han hecho un informe preliminar, pero es todo muy reciente. De todas formas, no hay indicios de que haya sido un accidente.** Dere sintió una descarga de adrenalina recorriéndole el cuerpo. Alguien lo había planeado todo. Mientras el médico seguía hablando, Dere se alejó, decidido. Debía investigar por su cuenta. Al mismo tiempo, en la mansión Salvaterra, Maximiliano y Alicia comenzaban a hacer preguntas. ¿Quién estaba detrás de este atentado? ¿Por qué Alice? La preocupación de Maximiliano crecía cada minuto, pero la rabia de Alicia, aunque oculta bajo su fachada de madre preocupada, estaba tomando fuerza. La habitación de Alice seguía sumida en una penumbra inquietante. La respiración tranquila de la joven era el único sonido en la habitación, mientras Maximiliano y Alicia se mantenían cerca, esperando que el destino les devolviera a su hija. Dere estaba en el pasillo, caminando de un lado a otro. La rabia lo invadía, pero aún había algo que no encajaba completamente. Moncada. Sabían que él era el responsable, pero la pregunta era: ¿cómo y por qué había llegado hasta aquí? El teléfono de Dere vibró en su bolsillo. Era Marco. —¿Todo bien? —respondió Dere, sin perder la compostura, pero su tono grave lo delataba. —Dere, tenemos más información sobre el accidente. Lo que te dije sobre las huellas de freno no fue todo. El vehículo tiene marcas en la parte trasera que sugieren que alguien estuvo siguiéndolos. Y… —Marco vaciló, lo suficiente como para que Dere lo sintiera—, tenemos pruebas de que Moncada está detrás de esto. El corazón de Dere se detuvo un segundo. Moncada. Lo sospechaba, pero ahora había confirmación. —¿Cómo estás tan seguro? —Moncada tiene contactos dentro de la policía local y se está encargando de la investigación. Lo más probable es que haya manipulado las pruebas para cubrirse. Pero los mecánicos que revisaron el coche confirmaron que la manipulación de los frenos fue intencional. No es un accidente, Dere. Fue un atentado. Dere apretó los dientes, controlando su rabia. Sabía que Moncada no dejaría de intentar destruir a los Salvaterra. Pero ahora, Alice era parte del juego. —¿Qué hacemos ahora? —preguntó Dere, más calmado pero con un plan ya formándose en su mente. —Lo primero es mantenernos bajo perfil. Pero tenemos que actuar rápido, Dere. Si Moncada se da cuenta de que sabemos lo que hizo, estará en movimiento. Dere colgó la llamada y se quedó unos momentos mirando al horizonte. Moncada quería el imperio de Maximiliano, y ahora lo quería todo. Pero no iba a dejar que le arrebataran a Alice ni a su familia. En ese momento, Maximiliano salió de la habitación de Alice, con el rostro grave. Estaba al tanto de que Moncada estaba detrás del atentado, pero ahora la situación se volvía aún más peligrosa. No podían dejar que Moncada se saliera con la suya. —Dere, necesito saber más. —Maximiliano no esperó una respuesta, su voz firme. La furia se reflejaba en su mirada. ¿Cómo iba a permitir que alguien lastimara a su hija? Dere asintió, decidido. —Lo sé, Maximiliano. Ya tenemos pruebas de que Moncada está detrás de todo esto. Está moviendo las piezas desde las sombras, pero no vamos a dejar que salga con la suya. Maximiliano apretó los puños, la ira recorriéndolo por completo. Moncada quería hacerle daño a su familia. Pero ahora él también iba a ir con todo. Mientras tanto, Alicia miraba desde lejos, escuchando las palabras de su esposo y de Dere, pero aún no comprendía la magnitud de lo que estaba pasando. Moncada no era solo un socio. Era un enemigo peligroso, alguien que había jugado con la vida de su hija y ahora con la suya. ¿Y cómo había llegado tan lejos?
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