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El aplauso no se hizo esperar por parte de todos los asistentes; había terminado la primera ronda, y solo estaban a escasos segundos de conocer los nombres de los dos finalistas. Silvia y Arturo se habían encargado de sumar los puntajes dados por todos los miembros del grupo. Esteban se encontraba sentado al lado de Mónica, Andrés y Patricia, mientras que Adriana, cuatro escalones más abajo, y al otro lado del estudio, le hacía compañía a Sandra.
Silvia se acercó al micrófono llevando una carpeta debajo de su brazo, esgrimió una sonrisa a todos los asistentes, sacó un papel de la carpeta y dijo:
–Ok, les voy a leer los puntajes de abajo hacia arriba, pero los puntajes de los dos primeros no los voy a decir, para que eso no influya para nada en la segunda ronda. Igual como dijo Arturo, felicitaciones a todos, lo hicieron muy bien.
–Apúrate que se nos hace tarde –gritó Melissa desde la parte de arriba del estudio.
–Tienes razón, Meli –continuó Silvia–, el quinto puesto con doscientos once puntos es para Diana López, el cuarto es para… Orlando Sierra con doscientos cuarenta y dos puntos, y el tercero es para… ¡hagan sus apuestas señores!–, a lo que todos los asistentes soltaron una carcajada–, Héctor García con trescientos veinte puntos, lo que deja en los dos primeros lugares a Mónica Márquez y Sandra Vega, quienes pasan a la siguiente ronda.
Se escucharon vivas, chiflidos, murmullos y aplausos por parte de los asistentes. A Mónica se le salieron las lágrimas de la emoción y su novio la abrazó fuertemente mientras Andrés y Patricia la felicitaban. Por su parte Sandra, bastante emocionada, abrazó a Adriana y le dio un pico en los labios, a lo que esta reaccionó poniéndose de pie y saltando como si estuviese celebrando un gol de la selección Colombia en el mundial de fútbol.
–Cabe resaltar que la que quedó en segundo lugar solo le ganó a Héctor por tres puntos –dijo Silvia antes de guardar el papel con los resultados dentro de la carpeta.
Esteban y Mónica estaban sentados en una de las bancas del lobby del estudio, cogidos de las manos y con rostros alegres y triunfantes. Arturo les había dado a las dos finalistas un descanso de diez minutos, con el fin de que se prepararan psicológica y físicamente para su última y definitiva presentación.
–Monina, lo que no entiendo es tú por dónde entraste al estudio, no me di cuenta a qué horas apareciste.
–Nene, apenas llegamos yo abrí la puerta del carro como una loca y salí corriendo, y Orlando detrás de mí gritando que me esperara, que más despacio; yo lógicamente no le hice caso y seguí corriendo, y cuando entré al estudio vi allá abajo a Arturo hablando con dos viejas, estaban como discutiendo, me pareció. Yo te vi ahí sentado con la cabeza entre las manos, y me iba a acercar a saludarte, pero en ese momento una mona de pelo corto y gafas…
–Melissa –intervino Esteban.
–Sí, no sé… me preguntó que si yo era tu novia y yo le dije que sí, y entonces me dijo que bajara rápido a reportarme con el director que porque si no, me iban a descalificar.
–Claro, en ese momento ya se habían presentado todos los demás.
–Entonces yo bajé a toda y lo saludé, y el tipo súper querido, me dijo que "menos mal llegaste, Mónica, casi te quedas por fuera de este cuento, te estábamos esperando", y yo toda agitada y con esos nervios, y no me dejó ni devolverme para arriba, o sea para saludarte… Que "tenemos que empezar inmediatamente porque estamos re colgados de tiempo", y me dijo "¿con qué instrumento vas a empezar?", y yo le dije que, con el arpa, y de una el tipo me fue presentando, y yo te miraba y tu seguías con la cabeza agachada entre las manos…
–Pues, amor, yo estaba ahí sufriendo por que tú no aparecías, …la verdad yo ya había perdido toda esperanza, yo pensé que algo grave había pasado, y pues que ya no llegabas, inclusive yo llamé a tú casa y hablé con tu hermana y me dijo que tú habías salido a tiempo, entonces yo ya no sabía qué pensar…
Mónica se inclinó y lo besó en los labios.
– ¿Monina, y por qué te dio por arrancar con el arpa y no con el piano?
–Porque siempre hay que dejar lo mejor para lo último, ¿no te parece?
Esteban le sonrió tiernamente, la abrazó y la volvió a besar.
–Tú eres la mejor, Monina, los dejaste a todos hipnotizados… y a todas.
–Esperemos entonces que les pueda traer una segunda sesión de hipnotismo, mi nene –dijo Mónica mientras reía.
–Estoy muy seguro de que eso va a suceder.
Después de realizado el sorteo, a Mónica le correspondió presentarse antes que a Sandra. Igual que en la primera presentación, la única luz que quedó prendida fue el spot que solamente la iluminaba a ella, dejando el resto del estudio a oscuras. Después de haber sido anunciada por Arturo, se puso de pie y caminó lentamente hacia el piano, se sentó en la butaca, volteó a mirar al público con una tímida sonrisa en su cara, miró hacia el techo como era su costumbre, y en el mismo instante en que tocó la primera tecla, su voz arrancó con las primeras palabras de "María Magdalena". Aunque era una canción compuesta para varias voces, ella, a través del manejo de tres diferentes tonalidades, hizo parecer que en el escenario se encontraran no uno, sino varios intérpretes. Su coordinación era perfecta, y la manera como pasaba de una tonalidad baja a una más alta y subía después a una todavía más alta, para volver a bajar unos segundos después, dejó a todos los asistentes estupefactos. Rara vez se veía que alguien pudiese hacer esto de la manera tan eficiente como ella lo hacía.
En ese momento Sandra volteó a mirar a su amiga del pelo naranja, moviendo la cabeza suavemente de un lado para otro en forma de negación, como queriendo decir "hasta aquí llegué". Adriana la miró directamente a los ojos, le cogió la mano y se la apretó fuertemente.
Mónica, con las manos bailando entre tecla y tecla, y la mirada perdida en la oscuridad del estudio, alcanzó a soltar un par de lágrimas, a lo que Esteban se puso de pie, su corazón palpitando al doble de lo acostumbrado, y sintiendo una emoción que nunca había experimentado en toda su vida. Era la clara demostración de la forma como la música les llegaba, tanto a él como a su novia, hasta lo más profundo de sus corazones. De cómo el estar en la capacidad de expresarse a través de las notas musicales, salidas de sus voces y de sus instrumentos, los ponían en un estado de felicidad total y una sensación de completa libertad y profunda paz interior.
Como hipnotizado por el acontecimiento tan maravilloso que estaba presenciando, trató de dar un paso hacia abajo, de descender los cinco escalones que lo separaban de ella para darle el mayor abrazo que le hubiese podido dar, pero sintió cómo Patricia, que estaba al lado suyo en compañía de Andrés, le sujetaba la mano para no dejarlo bajar. Pensó que aunque este tipo de música no era el fuerte del grupo, dado que en sus dos años de existencia se habían especializado en otra clase de ritmos, la impresión que dejaba su novia en el manejo de la voz, de las diferentes tonalidades, lo mismo que en la ejecución del piano, eran suficientes argumentos para ser aceptada en el grupo.
Mónica terminó su presentación con una inmensa sonrisa, que al parecer no iba dirigida al público, ni tampoco a su novio; parecía ir dirigida hacia ella misma. Se podía notar su estado, no solo de felicidad sino de total tranquilidad. De, finalmente, haber podido demostrarle a todos, a pesar de tantos inconvenientes, su enorme capacidad y talento en lo que a la música se refería. Al encenderse las luces, se levantó de la butaca, le hizo una venia a todos los que no cesaban de aplaudirla, miró a Esteban, le sonrió dulcemente y le mandó un beso.
–Nuevamente felicitaciones –le dijo Arturo, casi que en un susurro–, tienes una voz inigualable, de lo mejor que he visto en mi vida… en serio. – Y sin esperar respuesta alguna, se giró para enfrentar al público, mientras Mónica regresaba a sentarse al lado de Esteban y sus amigos
–Bueno, señores… y señoritas, después de esta maravillosa presentación que nos ha dado esta linda niña, vamos a continuar con el último acto de todos, que le corresponde a Sandra. Apenas ella termine, tendrán un descanso de quince o veinte minutos mientras los del comité, y este humilde servidor, decidimos cuál de estas dos lindas y talentosas niñas nos va a acompañar de ahora en adelante.
Al igual que Mónica lo había hecho, Sandra también escogió el piano para realizar su última presentación. Siguiendo con su estilo, brindó una enorme sonrisa a todos los asistentes, se sentó en la butaca del piano, y con fuertes movimientos de cabeza, y cerrando los ojos por unos instantes, empezó con las notas de "Dancing Queen", la conocida canción del grupo Abba. Su dinamismo al tocar el piano fue ayudado por el ritmo acelerado de la canción que había escogido. Antes de haber completado el primer minuto, ya varios de los miembros del grupo se habían puesto de pie y se movían al ritmo de la música. En ese momento Adriana sintió que su amiga tenía muy buen chance de derrotar a Mónica. La voz de Sandra no se podía igualar a la de su rival, pero la forma en que hacía su presentación, la gracia que le imprimía a la manera como tocaba el piano, como se movía sobre la butaca, como sus manos bailaban sobre las teclas y sus pies sobre los pedales, la hacían ver como alguien que el grupo podría necesitar para los grandes conciertos que estaban por venir. Inclusive Mónica se puso de pie, agarró la mano de su novio para ayudarlo a parar, y los dos empezaron a bailar, comportamiento que fue imitado por Andrés y Patricia, que se habían quedado sentados hasta ese momento, como muestra de solidaridad y apoyo hacia Esteban y su novia.
Sandra, al notar el rotundo éxito que estaba teniendo su presentación, decidió prolongarla por un par de minutos más de lo planeado, pero limitándose a tocar el instrumento, sin acompañamiento de voz, y tratando de hacer énfasis en sus cualidades como artista del piano, cualidad en la que sabía que en Mónica, tenía a una muy fuerte contrincante.
Al terminar su presentación, agarró el micrófono con las dos manos, se puso de pie, y tuvo que esperar unos instantes, debido a los fuertes aplausos, para poder empezar a hablar.
–Muchísimas gracias… mil y mil gracias a todos por sus aplausos, me siento muy feliz de haber podido tocar, cantar y hasta bailar con ustedes. Ha sido una maravillosa experiencia. Espero llegar a hacer parte del grupo algún día, bien sea a partir de hoy o en un futuro no muy lejano. Los quiero mucho, mil gracias nuevamente… –, lo que complementó con una enorme sonrisa dirigida a todos los asistentes.
–Listo, señores… y señoritas –dijo Arturo–, hemos terminado con las audiciones Eduardinas, es decir… para reemplazar a Eduardo –a lo que dejó escapar una corta risa–. Ahora nos vamos a reunir con los del comité en la oficina, por ahí durante unos veinte minutos, para decidir quién queda. Les confieso que no está nada fácil… como ustedes vieron, estas dos preciosas niñas merecen ser parte de Los Cuarenta, son realmente talentosas, e inclusive pienso que tienen muchas cosas para enseñarnos. Vayan se toman algo y en cuestión de unos veinte minutos nos vemos aquí, mil gracias.
Mónica había entrado al baño del estudio y se encontraba frente al espejo arreglando el maquillaje que se le había corrido, esto debido a las lágrimas que había soltado durante su última presentación. Cuando estaba a punto de terminar, vio por el reflejo del espejo a Sandra, quien entraba a paso lento y esgrimiendo una enorme sonrisa. Su rival de ojos verdes se le acercó y no tuvo ningún inconveniente en saludarla amablemente.
–Hola, ¿cómo vas?
––Hola… bien… aquí que se me corrió un poco la pestañina –contestó Mónica con tono inseguro.
Sandra la miró directo a los ojos con una leve sonrisa, y se paró frente al espejo.
––Siempre pasa, cuando tienes este tipo de presentaciones, al final sales toda desordenada.
––Sí, claro… supongo.
Sandra sacó un cepillo de su bolso y se lo empezó a pasar por el pelo.
––Me gustó mucho lo que hiciste con "María Magdalena"… se nota que puedes manejar tú voz, te felicito.
––Gracias, tú también estuviste muy bien, yo creo que podrías poner a bailar a la gente en un velorio –dijo Mónica con una expresión un poco más tranquila.
––Gracias, pero tú también los pusiste a bailar a todos con tu jazz latino.
––Entonces supongo que estamos parejas –sonrió Mónica.
Sandra la volteó a mirar con una sonrisa que demostraba sinceridad.
––No, Mónica, tú eres mejor que yo, se nota que lo llevas por dentro, que ha estado en tu alma durante muchas vidas.
Mónica la miró con expresión de duda.
––No pongas esa cara, ¿no sabías que todos hemos tenido varias vidas?, ¿y que vamos a seguir teniendo muchas más? –dijo Sandra con total convencimiento.
–– ¿Entonces… tú crees en la reencarnación?
––Por supuesto… ¿no crees que si uno se muere, y supuestamente se va al cielo, y es feliz por toda la eternidad, no sería un poco… aburrido?
–– ¿Entonces te gusta que uno sufra?, ¿o que solo para salir de la rutina tengamos que estar enfrentando problemas a diario? –preguntó Mónica mientras guardaba los cosméticos en el bolso.
––A diario no, pero sí de vez en cuando, en verdad no me puedo imaginar siendo feliz por toda la eternidad, creo que en la vida necesitamos tener momentos difíciles.
–– ¿Alguna vez has tenido miedo de verdad? –le preguntó Mónica.
Sandra puso el cepillo sobre el mueble y la volteó a mirar.
–Apenas nos acabamos de conocer y ya me estás preguntando esas cosas…
A Mónica se le subieron los colores a las mejillas y se volteó a agarrar el bolso.
–Perdóname, es que…
––No, no, no, tranquila, estaba molestando ––la interrumpió Sandra––, yo soy la que empezó con temas trascendentales… pero sí, te cuento que muchas veces he sentido miedo de verdad, ¿y tú?
––Así grande, grande… sólo una vez, bueno… en verdad varias veces… pero era el mismo miedo… durante varios días… seguidos.
––Ya, eso debe ser peor, tener el mismo miedo ahí pegado a uno. No, a mí no me ha pasado eso, mis miedos siempre son diferentes.
––Bueno, de esos también he tenido yo –dijo Mónica.
Sandra miró su reloj y agarró a Mónica de la mano.
–Ya casi van a avisar que tú quedaste, ven vamos saliendo, pero me gustaría que pase lo que pase… nos volvamos a hablar, me pareces una persona muy querida.
––Pienso lo mismo de ti, antes de que me vaya me tienes que dar tu teléfono –dijo Mónica mientras las dos finalistas salían del baño.
Eran las seis de la tarde, y en el estudio se encontraban los treinta y nueve miembros del grupo, las dos aspirantes que habían logrado llegar hasta el final, y Héctor, que aunque ya estaba eliminado, había hecho buenas migas con Luisa, y estaba sentado a su lado, justo en la primera fila y muy pendiente, al igual que todos los demás, del resultado final de la audición.
Esteban se encontraba sentado en el quinto escalón al lado de su novia, de Andrés y de Patricia. Todos estaban ansiosos y mantenían una pequeña sonrisa que dejaba notar los nervios que estaban sintiendo en ese momento. De repente, por la puerta que daba al lobby, vieron entrar a los cuatro miembros del comité, acompañados por Arturo. Venían en su mayoría con expresiones serias en sus rostros, a excepción del director, que casi siempre procuraba mostrarse alegre y despreocupado. Descendieron los escalones hasta llegar a la parte baja del estudio donde se encontraba ubicado el escenario, se pararon frente a los asistentes y Silvia tomó la palabra.
–Antes de que pierda su atención, les recuerdo que mañana a las cuatro y media tenemos ensayo, y que el viernes deben estar muy puntuales en el aeropuerto. Como es nuestra primera salida de Bogotá, estuvimos coordinando para que el papá de Juan Carlos, la mamá de Nacho, y la mamá de Claudia nos acompañen… –a lo que se escucharon silbidos y rechiflas por parte de algunos miembros–, … es la única manera de que el resto de papás se sientan más tranquilos…
–Listo, ya escucharon entonces a Silvia –interrumpió Arturo–, ahora sí, como decía mi odontólogo, llegó la hora cuchi cuchi…
En ese momento Mónica volteó a mirar a Esteban, lo abrazó con toda la fuerza posible y enterró su linda cara en el pecho de su novio. Esteban le pasó el brazo alrededor de la cintura y le empezó a consentir la cabeza.
–Hemos decidido algo… por decirlo de alguna manera… "interesante". Estas dos preciosas niñas merecen hacer parte de nuestro grupo… pero todos saben que solo tenemos un cupo disponible… Así que la que no haya quedado elegida esta noche, automáticamente pasará a estar en la banca de reemplazos, es decir… me explico: en el momento en que algún m*****o del grupo decida renunciar, no habrá nuevas audiciones, sino que esa persona, automáticamente, entrará a reemplazarlo, lógicamente, si para ese momento la persona en la banca todavía quiere hacer parte de todo este cuento –volvieron los chiflidos, pero esta vez acompañados de aplausos–. La otra cosa es que, como vamos a estar saliendo de la ciudad durante los próximos tres fines de semana, y el contrato con el empresario nos exige que todos los miembros del grupo estemos presentes durante las presentaciones, si alguno de ustedes no puede viajar, por x, y o z motivos, la persona en la banca estará reemplazándola y viajando con nosotros.
–Si es que esa persona puede… y quiere –adhirió Ismael, que estaba parado al lado de Adriana.
–Exacto, viejo Isma…, ahora, como todos saben, el grupo firmó un contrato de tres conciertos por fuera de Bogotá y es la responsabilidad de todos el tratar de cumplir ese contrato; entonces, única y exclusivamente por cosas de fuerza mayor, se permitirá que alguien falte a una de esas presentaciones –palabras que fueron seguidas por una nueva ronda de chiflidos y aplausos.
–Bueno, entonces no siendo más por hoy… yo me voy abriendo –dijo Arturo en tono jocoso, a lo que todos reaccionaron con una carcajada–. Ok, ok, listo, entonces por decisión del comité… compuesto por…
–Mr. Director, por favor sin tanto rodeo; usted da más vueltas que un perro antes de sentarse –interrumpió Melissa desde el último escalón, lo que provocó una nueva carcajada por parte de todo el grupo.
–Bueno, agilicemos entonces porque tenemos que ensayar como tres canciones antes de irnos para la casa –dijo Arturo mientras miraba a Melissa–. Entonces por decisión del comité, y lógicamente también mía… –y miró primero a Sandra y después a Mónica–, la escogida para reemplazar a Eduardo Cifuentes es… Mónica Márquez…
Patricia y Andrés, abrazados y felices empezaron a saltar en sus puestos mientras Mónica, invadida por la emoción, estalló en llanto y Esteban la abrazó y la besó en las mejillas, en los labios, en los ojos, y él mismo se sintió contagiado por la reacción de su Monina, se le aguaron los ojos y le fue imposible contener el llanto.