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El almuerzo transcurrió de manera tranquila después de haber visitado el Pueblito Paisa, uno de los lugares que más llamaban la atención de los turistas. Se trataba de la imitación, en medio de la ciudad, de un típico pueblo antioqueño con su estilo arquitectónico español, sus tejas de barro, su iglesia, sus balcones, sus puertas y ventanas en madera de diferentes colores, su fuente en la mitad de la plaza y las réplicas de algunos de los negocios más típicos de la región.
Los fríjoles fueron el plato que la mayoría de los miembros del grupo decidieron ordenar. El día era soleado, y gracias a que era domingo, el lugar y sus alrededores se encontraban con alta afluencia de visitantes. "Esto ser muy bonito, no tener algo así en Canadá", había dicho el papá de Melissa después de haber aprendido que en español la pronunciación del nombre de su país llevaba el acento en la última sílaba y no en la primera.
Habían salido del hotel hacia las once de la mañana, después de haberles dado a todos la oportunidad de dormir hasta tarde y recuperar la energía perdida durante el largo viaje y en el extraordinario concierto de la noche anterior. El desayuno en el restaurante del hotel había sido lo suficientemente bueno hasta para los más exigentes, y se respiraba un ambiente de camaradería entre la mayoría de miembros de Los Cuarenta, con excepción de lo que Patricia estaba sintiendo al ver que Andrés no se despegaba de la aparecida esa. Habían llegado cogidos de la mano al comedor del hotel, exhibiendo sendas sonrisas, y saludando alegremente a todos sus compañeros con la excepción de ella, quien había sido ignorada, no solamente en el saludo sino también durante el transcurso de todo el desayuno. En los momentos en que ella había tratado de buscar su mirada, su compañero se había limitado a evadirla y a enfocar su atención en cualquier otra cosa.
El tour había continuado con la visita al Museo Casa Natal de Marco Fidel Suarez, situada en el municipio de Bello. Se trataba de una choza con techo de paja en la que había nacido este presidente y escritor colombiano. La mantenían, para garantizar su conservación, dentro de lo que podría llamarse un inmenso acuario, pero carente de agua. Los visitantes tenían que conformarse con observar la humilde morada a través de los gruesos vidrios que la rodeaban por todos sus costados. El sitio lo complementaba una estatua del dignatario situada en la parte alta de las escaleras que conducían a la zona principal del monumento.
Esteban se divertía tomando fotos de su novia en miles de posiciones diferentes, utilizando como fondo la pequeña casa de paredes blancas y rosadas o la estatua del ilustre personaje. Había tenido que comprar varios rollos extra, dado que los que había llevado en sus bolsillos se habían agotado antes de salir de la iglesia del Pueblito Paisa.
Arturo y Silvia se comportaban como pareja de recién casados en luna de miel, riendo por todo y sin despegarse el uno del otro ni por el más mínimo instante. Los tres papás que habían decidido acompañar al grupo conversaban entre ellos mientras recorrían las instalaciones del sitio, tratando de asumir una actitud de supuesta vigilancia y control que en realidad no era necesaria gracias a la actitud descomplicada y alegre, pero al mismo tiempo seria y responsable de la mayoría de miembros de Los Cuarenta.
La última parada la hicieron en el Jardín Botánico de Medellín. El éxito de los vendedores de helados con Los Cuarenta fue total gracias a la alta temperatura que reinaba a esa hora. Adriana quedó gratamente impresionada con la colección de orquídeas que ofrecía el lugar; la variedad de tamaños y colores representados en las diferentes especies del amplio muestrario, hicieron que más de uno corriera a comprar más rollos de fotografía, los cuales no eran precisamente baratos en las tiendas del parque y sus alrededores. Cuando llegaron a la parte en donde se encontraba el lago, la gran mayoría decidió sentarse en el pasto a disfrutar del paisaje y relajarse por un rato. Era el momento que había estado esperando Patricia para abordar a Andrés. Aprovechó que Sandra se había ido al baño en compañía de Adriana para sentarse al lado de su compañero. Cuando este sintió que alguien se acomodaba a su lado, volteó a mirar y no se sorprendió al darse cuenta de quien se trataba.
– ¿Cómo vas, Pati? –le preguntó como quien saluda a cualquier compañero de colegio.
–Bien…, solo quería tener la oportunidad de hablar contigo…, pero desde ayer ha sido como difícil acercarme a ti –dijo ella antes de arrugar los labios y con un tono de voz cercano al susurro.
–Sí, me imagino, Sandra no me quiere dejar solo… –dijo Andrés, también arrugando la boca.
– ¿Será que podemos hablar?
–Estamos hablando –dijo él sonriendo.
–Yo sé, pero no quiero que esta conversación termine cuando ella regrese…
–Te entiendo…, hagamos una cosa; ahora que regresemos al hotel nos vemos en el lobby y vamos a alguna parte a hablar, en donde no haya tanta gente alrededor como aquí…, ni que esté Sandra ni nadie…
–Perfecto –dijo Patricia con la mirada perdida en el lago.
– ¿Y sí te ha gustado esta ciudad?
–Está bien…, supongo… –dijo Patricia mientras se levantaba–, entonces nos vemos en el lobby apenas lleguemos al hotel.
–Ahí estaré –alcanzó a decir Andrés antes de que su amiga se alejara hacia la zona de las tiendas.
Rodolfo, Arturo y Camilo se encontraban cómodamente sentados en una de las pequeñas salas del bar del hotel. Habían regresado del tour por la ciudad unos minutos después de las seis y decidieron ordenar unas cervezas para calmar el calor y la sed acumulados durante el caluroso día. Solamente otra de las mesas se encontraba ocupada por algunos miembros del grupo que cumplían con la edad necesaria que el hotel exigía para ingresar al bar. La mayoría de miembros del grupo se hallaba en sus habitaciones tomando un descanso antes de bajar a cenar en el comedor, el cual se encontraba a uno de los costados de la recepción. Se escuchaba jazz latino por los bafles, y la suave y calurosa iluminación del sitio, sumado a los tonos verde oscuro de sus paredes y su decoración clásica con cuadros de cacería inglesa, le daba un ambiente bastante acogedor.
–Estoy gratamente impresionado con estas niñas; la pequeña Miss Universo y esta pelada hippisita… ¡Impresionante la calidad de presentación que se mandaron! –Dijo Rodolfo mientras ojeaba la publicación que el periódico local había hecho sobre el concierto de la noche anterior–. Además, mira lo linda que salió Mónica en las fotos de la entrevista –adhirió mientras le pasaba el periódico a Arturo.
– Entonces al fin apareció el periódico… Lo estuve tratando de comprar esta mañana pero no lo encontré por ningún lado…, pero sí, esas peladas son inigualables, no solo por lo bien que cantan si no por esas caras tan preciosas que se gastan… –dijo Camilo agarrando un poco de maní.
–La hippisita se llama Sandra, es la que te comenté que está reemplazando a Luisa que anda afónica y no pudo viajar –le dijo Arturo al empresario mientras miraba las fotos del periódico.
–Pero ella es demasiado buena, no la pueden tener como un simple reemplazo –dijo Rodolfo dándole un sorbo a su cerveza
–Tiene razón, tío, esa niña se puede convertir en uno de los ganchos de este grupo, llama muchísimo la atención…, después de Mónica…, digo yo…
–El problema, señores, es que todos los presupuestos están calculados para cuarenta personas y no cuarenta y uno –dijo Arturo tomando un poco de maní y pasándolo con un trago de cerveza.
–Pero siempre va a haber alguna persona que por algún motivo no va a poder viajar –dijo Camilo.
–Es posible, pero por ejemplo en los conciertos de la plaza de toros de Bogotá y en el de Cali estábamos todos completos –dijo Arturo.
–No podemos contar con que alguien falte o deje de faltar –le dijo Rodolfo a su sobrino–, esto toca cuadrarlo de alguna otra forma.
–Entonces tocará que el presupuesto de las cuarenta personas se divida no en cuarenta sino en cuarenta y uno –intervino Camilo.
–Eso representa varios problemas; por lo menos para esta gira ya la plata se dividió entre cuarenta en lo que se refiere a lo que cada uno se gana; además las aerolíneas, los hoteles y los restaurantes no nos van a hacer esa rebaja, o por lo menos algunos de ellos no creo que lo hagan –dijo Arturo.
–Pero solo falta el concierto de Cartagena –dijo Camilo–, ya después de eso se puede recalcular todo.
–Esas niñas son tremendo gancho, y estoy seguro que después de lo de anoche las ventas para Cartagena se van a disparar en forma, sobre todo por los buenos informes que la prensa está haciendo –dijo Rodolfo mientras señalaba con su cerveza el periódico que Arturo todavía tenía en sus manos–, entonces yo creo que, simplemente, si hay cuarenta y un personas para la costa, pues yo pongo lo que haga falta para ese cupo extra, no vamos a frenar el camino del éxito solo por esas pequeñeces.
–Me parece bien, señores, excelente decisión, Sandra es una artista que merece ser parte del grupo y de lograr muchas cosas más –dijo Arturo mostrando su enorme sonrisa.
–Dalo por hecho, quiero que esté con nosotros en Cartagena y en todos los futuros conciertos –dijo Rodolfo antes de tomar un trago de cerveza.
–Genial, sé que se va a poner feliz –dijo Arturo–. Pero cambiando de tema, ¿ustedes tuvieron el tiempo de leer la entrevista?
– ¿La que le hacen a Mónica? Yo sí la leí –dijo Camilo saboreando su cerveza–, está buena, ¿verdad?
– ¿Y Rodolfo? –preguntó Arturo mirándolo a los ojos.
–No alcancé, leí el informe que hacen del concierto pero la entrevista todavía no, ¿por qué?
–Aquí mencionan lo que le pasó a Mónica antes de entrar al grupo –respondió Arturo con los ojos puestos en el periódico.
– ¿A la pequeña Miss Universo? ¿Y qué le pasó? –preguntó Rodolfo echándose hacia adelante en su silla.
–Es que…, tío…, a ella la secuestraron…
– ¿La secuestraron? ¡Qué va a ser!…, pobre niña… ¿y eso cuándo? –preguntó Rodolfo con expresión de genuina preocupación.
–Como un mes y medio antes de que entrara al grupo –respondió Arturo.
– ¿Y cuánto duró secuestrada? –preguntó Rodolfo.
–Como un mes; apenas la soltaron ella hizo la audición para entrar al grupo –respondió Arturo.
–Es decir…, hace poquito… –dijo Rodolfo, su mirada perdida.
–Ella no lleva más de cinco semanas libre –comentó Arturo–, el problema aquí es que casi nadie en el grupo lo sabía…, y ahora con esto todos se van a enterar…
– ¿Y qué pasa con eso? –preguntó Camilo.
Arturo se quedó mirándolo por algunos segundos antes de responderle.
–No sé si ella esté preparada para recibir esa clase de atención por parte de sus compañeros, toda esa presión…, y no solo de ellos…, eventualmente del público y de los otros medios…
–Para una pelada de esa edad puede ser complicado –dijo Rodolfo.
–Usted estuvo anoche con ella durante la entrevista ¿verdad? –le preguntó Arturo al sobrino de Rodolfo.
–Sí, claro, yo no me le despegué ni un segundo, no ve que yo era el responsable de ella.
– ¿Y ella qué dijo cuando le preguntaron sobre lo del s*******o?
–Pues le preguntó al periodista qué cómo se habían enterado de eso y el tipo le dijo que para eso él era periodista, para averiguar las cosas, y entonces ella le pidió el favor de que no fuera a publicar nada de eso y él le dijo que bueno, que no había problema.
–"¿Afectó su carrera musical el hecho de que haya sido recientemente secuestrada?", pregunta aquí el periodista –leyó Arturo en voz alta–, y ella responde: "No me afectó para nada, son dos cosas totalmente diferentes".
–Entonces el tal periodista no le hizo caso… –dijo Rodolfo.
–Para nada –dijo Arturo poniendo el periódico a un lado.
–Camilo, toca tener más cuidado con esto de los periodistas, el grupo está en un momento clave en el que no nos podemos permitir esta clase de cosas… –le dijo Rodolfo a su sobrino.
–Pero tío, él es de una de las principales emisoras del país, y un duro en esto de las noticias del espectáculo –protestó Camilo.
–Duro a nivel regional, de los que se la pasan esperando cositas de este estilo para tratar de llamar la atención y que los promuevan a posiciones más altas –dijo Rodolfo.
–Me va a tocar hablar con Mónica, no sé si ya se haya enterado de esto –dijo Arturo.
–Toca darle un buen manejo de grupo, lo último que queremos es que una de nuestras principales estrellas…, o proyectos de estrella, se vea afectada por este tipo de cosas –dijo Rodolfo.
–Yo no armaría tanta tormenta, esa niña se ve que tiene la fortaleza no solo para aguantar eso sino muchas otras cosas –dijo Camilo tomando un sorbo de cerveza.
–Quien sabe…, yo creo que un s*******o puede llegar a dejar unos traumas bien complicados, sobre todo en una persona de esa edad –dijo Rodolfo.
–Como tú dices, toca empezar a mirar mucho mejor a quiénes se les conceden entrevistas y a quienes no – le dijo Arturo a Rodolfo.
–Tienes toda a razón…, bueno, al menos ya cuadramos lo de Sandra, ahora será mirar cómo le ayudamos a la pequeña Miss Universo –dijo Rodolfo mientras se levantaba de su silla seguido por su sobrino y el director del grupo.