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Eran casi las dos y cuarto de la mañana cuando Esteban fue despertado por el timbre del teléfono de su habitación. La luz de la pequeña lámpara de la mesa de noche que separaba su cama de la de Andrés se le había quedado encendida, y esto facilitó que contestara rápidamente. Escuchó al otro lado de la línea a la recepcionista que le informaba sobre la llegada de su novia al hotel. Le agradeció y evitó prolongar la conversación para no despertar a su compañero de cuarto. Se quedó pensando por unos segundos si sería oportuno confrontarla en ese momento o si sería mejor esperar a que amaneciera. No quería darle la impresión de que la estaba vigilando o presionando demasiado, pero al mismo tiempo sentía unas ganas inmensas de hablar con ella, de saber qué era lo que había sucedido con toda la historia de la entrevista, con lo de la batería, pero más que todo quería abrazarla, besarla y sentirla junto a él, volver a sentir que era de él, que eran el uno para el otro, que se pertenecían. Borrar ese sentimiento que había estado con él durante las últimas horas, que todo volviera a ser normal, si es que se podía hablar de normalidad… Pero entonces no fue él quien tomó la decisión. A los pocos segundos sintió que alguien tocaba suavemente a la puerta.
Se levantó tratando de no hacer ningún ruido, caminó hasta la puerta y la abrió suavemente evitando despertar a su compañero de habitación. Se le vino a la mente el recuerdo del día en que su Monina había aparecido sorpresivamente en el estudio después de que sus captores la habían liberado. Ahora estaba viviendo la misma sensación, su hermosa novia vestida de blanco se encontraba parada frente a él luciendo una enorme sonrisa. A pesar del cansancio se veía preciosa, como si las largas horas de aquel memorable día solamente hubiesen tenido un mínimo efecto en su rostro. Sin esperar a ninguna clase de saludo, la abrazó tan fuerte como nunca antes lo había hecho y le dio un largo y tierno beso.
–Mi nene, la recepcionista me dijo que estabas súper preocupado por mí, que le habías dicho que te despertara apenas llegara –dijo Mónica con su inigualable sonrisa.
–Mi Monina linda, nunca te había extrañado tanto, bueno…, casi…, tú sabes…, pero mi amor, ¿por qué te fuiste así tan rápido? Te hubiera acompañado…
–Yo sé, mi nene, perdóname, es que esos tipos tenían afán porque querían entrevistarme para el periódico que sale hoy por la mañana y que ya iban a cerrar la edición y no sé qué cuentos…
– ¿Pero entonces no era para la radio la entrevista?
–Sí, nene, también. Es un periodista que trabaja en las dos cosas y entonces quería hacer la entrevista en el estudio de la emisora para que el sonido quedara mejor.
–Pero igual yo te hubiera podido acompañar…
–Yo sé –dijo ella tomándolo de la mano y llevándolo hacia el corredor en donde se sentaron los dos en el piso–, lo que pasó es que cuando te dije que ya venía, yo pensé que iban a hacer eso en el parqueadero, ahí rápido, como para evitar el ruido del camerino, y cuando salimos me montaron de una al carro de la emisora y me dijeron que tocaba ir hasta el estudio…
–Ya, te entiendo… ¿pero no te dio como cosa irte con ellos tú solita?
–No, nene, es que yo ya había hablado antes con Camilo y cuando íbamos saliendo, Rodolfo me dijo que no había problema, que él era su sobrino y que trabajaba con él, y pues como el carro tenía el logo de la emisora y todo…
–Pues bien, mi Monina linda, que vayas venciendo tus miedos…
–Sí, nene, eso me toca, pero pienso que todo esto me está ayudando muchísimo, me está dando mucha seguridad, y todo gracias a ti –le dijo antes de inclinarse y darle un beso en los labios.
–Solo quiero que te olvides de todo lo malo y que puedas ser lo más feliz posible aquí conmigo y con este grupo –dijo Esteban.
–Oye, nunca te había visto en pijama –dijo ella riendo suavemente–, te quedan muy lindos los avioncitos…
–Gracias, Monina, yo a ti tampoco te he visto en pijama…
–No te pierdes de nada…
–No seas tan modesta, Monina…
–En serio… –dijo ella con su sonrisa pícara.
–Bueno…, tú sabes lo linda que eres y eso no solamente incluye tu cara…
– ¿Tú qué sabes? –dijo ella manteniendo su sonrisa.
–Pues con lo que te pones me he podido dar cuenta, mi Monina –dijo antes de besarla nuevamente.
– ¿Y qué te preguntaron en la entrevista?
–Lo normal… –contestó y rio fuertemente–, como si me hubieran entrevistado mil veces…
–Pues para allá vas…
– ¿Tú sí crees? –dijo ella sonriendo.
–No lo dudes…
–De pronto…, pero fue como interesante…, que cómo había empezado en la música, que si me gustaba más cantar o tocar piano, qué cuánto llevaba en el grupo, que cómo había hecho para entrar al grupo, que si pensaba hacer carrera como solista…
– ¿Y qué les dijiste?
–Que había entrado al grupo por ti, que tú eras mi novio, el baterista…, que me gusta igual cantar o tocar, que llevo poquito en el grupo, todo lo del conservatorio y las clases de música desde chiquita, y que apenas estaba empezando en esto como para estar pensando en ser solista con mi propio grupo…
–Respondiste bien, Monina –dijo Esteban agarrándole la mano.
–Pues lo normal, mi nene…, pero… –se interrumpió bajando la mirada.
– ¿Pero qué?
–Hubo dos cosas que no me gustaron…
– ¿Qué no te gustó?
–Yo no sé cómo ese periodista sabía quién era yo…
– ¿Cómo así? Pues Mónica Márquez, pianista y vocalista de Los Cuarenta…
–N, mi nene, ¡ese tipo sabía lo de mi s*******o!
– ¿En serio, Monina? ¿Pero por qué? ¿Qué te dijo o qué? –Esteban arrugó el entrecejo.
–A lo último preguntó que si mi reciente s*******o había afectado mi carrera musical.
– ¿Y tú qué le dijiste?
–Yo quedé muda, me quedé mirando a este Camilo que estaba sentado al lado mío, y pues él también puso como cara de sorpresa, y yo le pregunté al periodista que cómo se había enterado de eso y simplemente me respondió que para eso era periodista, que ellos lo averiguaban todo…
–Eso sí está extraño, porque los únicos que saben aquí en el grupo son Arturo y Andrés, y no sé si Patricia…
–Ella sabe, yo se lo conté cuando estábamos en Cali.
–Ya, pero yo no creo que ninguno de ellos haya abierto la boca –dijo Esteban con expresión preocupada.
–Entonces yo le dije que no me había afectado para nada, que eran dos cosas totalmente diferentes, y que por favor no fuera a publicar que yo había sido secuestrada.
– ¿Y qué te dijo?
–Que bueno, que tranquila, que no me preocupara…
–Bueno…, menos mal…
–El todo es que cumpla –dijo Mónica mirando hacia el techo del corredor.
–Seguro… ¿y qué fue la otra cosa que no te gustó?
–Cuando salimos cogimos un taxi con Camilo para venir al hotel y ese tipo no hizo más que insistirme en que yo debería dejar el grupo y lanzarme como solista, que él me apoyaba, que él me podía lanzar, que sacar mi propia música, que no más covers, que entre él y el tío me podían convertir en la súper estrella, que aquí estaba perdiendo el tiempo…
– ¿Y tú que le dijiste?
–Que a mí sí me gustaría llegar a ese punto pero que no todavía, no así de rápido, que yo tenía todavía mucho por aprender, por experimentar, coger más experiencia y todo eso.
– ¿Y eso es lo que en verdad piensas? –dijo Esteban mirándola a los ojos.
–Claro, mi nene, yo me moriría del susto haciendo eso ahorita, si apenas voy a cumplir quince años dentro de tres semanas.
–Sí…, tú eres de las más sardinas del grupo…, pero la más linda de todas –dijo y le dio un pico en los labios.
–Entonces esa parte fue como aburridora porque el tipo no hacía más que insistir.
– ¿Pero el tipo sí es buena gente o medio pesado?
–Es muy querido, y súper pendiente de mí todo el tiempo…, si no fuera por que insistía tanto con ese tema…
– ¿Si no insistiera con ese tema entonces qué? –dijo Esteban frunciendo el ceño.
–Nada, amor…, digo que es buena gente pero que se pone cansón con eso…
–Ya veo… –dijo él bajando la mirada.
– ¿Celoso? –preguntó Mónica con una leve sonrisa.
–Sí, estoy celoso, y no me gustó como saliste corriendo detrás de él y me dejaste ahí tirado –dijo Esteban en tono serio mientras le soltaba la mano.
–Nene, ya te dije lo que pasó, yo pensé que solo íbamos hasta el parqueadero… –dijo ella mordiéndose el labio.
–Yo no quiero que andes más con ese tipo…, para nada.
–Si ves lo que se siente cuando tú andas por ahí con tu Adrianita… –dijo Mónica mirándolo a los ojos.
–No es mi Adrianita, tú lo sabes… –respondió él mirando hacia el techo.
–Lo que sea, pero como siempre anda detrás de ti…
–Y ni siquiera me habías dicho que sabías tocar la batería… –dijo Esteban mirándola seriamente.
–Yo no sé tocar la batería, solo me limité a seguir el ritmo, cosa que cualquier músico está en la capacidad de hacer.
–Ah, entonces ahora cualquiera puede tocar la batería… –dijo Esteban blanqueando los ojos.
–Yo no estoy diciendo eso…, además solo fue por un momentico ahí… –dijo ella dirigiendo la mirada al piso.
Se quedaron en silencio algo más de dos minutos hasta que Mónica dijo mientras le cogía la mano:
–Nene, yo no quiero pelear contigo, tú eres todo para mí, ahora que siento que lo tengo todo al mismo tiempo, y que de todo eso tú eres lo más importante…
–Perdóname, mi Monina, es que yo te adoro y pues me sentí tan mal cuando te fuiste y no regresabas pronto, y todo el mundo diciéndome que tranquilo… Sentí una sensación tan fea, tú por allá sola…, prácticamente con dos desconocidos…, es que fue horrible para mi…, yo no te quiero perder nunca jamás… –y la besó suavemente durante un largo rato.