47

2872 Palabras
             Esteban apagó el televisor de su habitación cuando el himno nacional empezó a sonar en el único canal que a esa hora todavía transmitía algo de programación. Eran poco más de las doce y media y su compañero de cuarto se había ido en busca de Sandra. No quería ponerse la piyama esperando a que su Monina regresara de la tal entrevista radial. Se paró de su cama, entró en el baño y miró al espejo que reflejaba su cara de cansancio, pero también de tristeza. Sentía una desconexión enorme con su novia. La manera apurada como había salido de la plaza detrás de aquel aprendiz de empresario sin ni siquiera preguntarle si quería que la acompañara, sin ni siquiera detenerse por un segundo a darle un beso o un pico de despedida. Con su atención totalmente centrada en la rueda de prensa, en los periodistas, en los empresarios, y aparentemente muy lejos de él, de sus compañeros, y de todo el resto del grupo, como si quisiera estar desconectada. Se había ido con una persona prácticamente desconocida, alguien que solo un par de horas más temprano había sido presentado como el sobrino de Rodolfo.      ¿En dónde habían quedado sus miedos, sus inseguridades,  el negativo legado de  su s*******o, que ahora parecían haber desaparecido y la dejaban irse con tanta facilidad con unos desconocidos y en una ciudad desconocida? No era la primera vez que los periodistas  entrevistaban a algún m*****o del grupo, pero sí era la primera vez para ella. Recordó cómo Arturo, Ismael y la misma Adriana habían respondido varias veces a las preguntas de la gente de los medios. Pero ninguno de ellos había salido corriendo como un loco detrás de ellos. La misma Adriana siempre se había mantenido muy serena y tranquila ante las preguntas e insinuaciones de ellos. A pesar de ser una niña muy linda y poseedora de un rostro que aún reflejaba mucha inocencia, siempre había sacado provecho de su personalidad y había aprendido a manejarlos, a lidiar con ellos, a mantenerlos a raya. Y ahora veía cómo su novia se dejaba deslumbrar por cámaras y micrófonos y simplemente se olvidaba del resto del mundo y sobre todo de él, que era la parte que en realidad le preocupaba y le hacía sentir un dolor que nunca antes había experimentado.      Pensó que lo mejor era bajar a la recepción del hotel y esperar a que apareciera. Se puso los zapatos, se aseguró de tener la llave de la habitación en su bolsillo y se encaminó hacia el ascensor. Cuando se encontraba a unos pocos metros de este, se alcanzó a dar cuenta de una puerta que se encontraba abierta por la que se alcanzaban a colar los ruidos del exterior. Al pasar frente a esta pudo distinguir que se trataba de un balcón  en el que se encontraba su amigo Andrés abrazando a la nueva integrante del grupo. No se le hizo nada extraño teniendo en cuenta lo amistosos que se habían mostrado durante la caminata de ese día. Le pareció que era mejor no interrumpirlos y  continuó su camino hacía el ascensor.  Cuando llegó al lobby lo único que se le ocurrió fue preguntarle a la recepcionista si su novia ya había llegado. Ante la respuesta negativa, atravesó la recepción y salió a la calle. Se encontró con el botones del hotel que fumaba un cigarrillo recostado en una de las columnas que sostenían el cobertizo. Lo saludó con un leve movimiento de cabeza y lo primero que se le vino a la mente fue el recuerdo de los angustiosos momentos que había tenido que pasar el día de la audición de su Monina. Parecía que estuviese destinado a vivir esa clase de momentos cuando se mezclaban su novia y su grupo musical.      –Buenas noches, joven –le dijo el botones mientras pisaba la colilla de su cigarrillo.       –Buenas noches –respondió Esteban.       – ¿Usted es de Los Cuarenta?      –Sí…, claro… ¿por qué?      –Es que hace un ratico salió una sardina que yo creo que era de su grupo, una monita muy bonita, así vestidita de blanco, pero resulta que ella iba como llorando, ¿si me entiende?      –Sí… ¿pero iba sola? –preguntó Esteban, sus ojos entrecerrados y la frente arrugada.      –Solita, ella…      – ¿Y para dónde cogió? ¿Para qué lado?      –Para allá –señaló el botones con el brazo–, como quien va para la Avenida Maracaibo.      – ¿Y fue hace mucho?      –No mucho, yo acababa de prender el cigarrillo que acabo de botar.      –Listo, hermano, gracias, será ir a buscarla.      –No creo que esté muy lejos, pero siempre a esta hora puede ser un poquito peligroso para una niña por ahí andando sola…      –Entonces será afanarle –alcanzo a decir Esteban antes de salir rápidamente en busca de su compañera que, según la descripción del botones, podría tratarse de Patricia.      Parecía que el día no fuera a terminar nunca. Ahora, al problema del comportamiento de su novia, se sumaba lo que estaba pasando con Patricia. Afortunadamente no hacía frio,  las calles se encontraban bien iluminadas y todavía se veía un buen número de gente transitándolas gracias a que era fin de semana. No alcanzó a caminar más de media cuadra antes de que encontrara a su compañera, con una botella de cerveza entre las manos, sentada en los escalones de la entrada de una cigarrería que todavía se encontraba abierta. Tenía la cabeza agachada y sus ojos parecían enfocados en el pequeño espacio de cemento entre sus pies. Se sentó al lado de ella y le puso la mano sobre una de sus rodillas. Ella levantó la cabeza lentamente y se quedó mirándolo sin pronunciar palabra. Se notaba que había llorado, tenía los ojos rojos y el maquillaje algo corrido.      –El botones del hotel me dijo que habías salido sola –fue lo único que se le ocurrió decir a Esteban.      –Pues cuando estás sola…, tienes que salir sola…      Esteban sospechaba lo que estaba pasando por la mente de su amiga, pero pensó que lo mejor era dejar que ella tomara la iniciativa.      –Nunca estamos solos, para eso somos cuarenta –dijo él tratando de sonreír.      – ¿De qué sirven cuarenta, cincuenta o veinte mil si la persona que quieres decide irse con cualquier aparecida? –dijo ella antes de tomar un sorbo de cerveza.      –No sé por qué me parece que nos encontramos en situaciones similares…      – ¿No ha regresado Mónica? –preguntó ella mirándolo a los ojos.      –Todavía no…, acabo de preguntarle a la recepcionista.      –Y ya son la una y veinte… –dijo Patricia mirando su reloj de pulsera.      –Como siempre…, ella tiene que andar perdida de los demás, como desconectada del resto del combo.      –Verdad… ¿no? De pronto es un alma independiente…      –Y arriesgada…, supongo.      – Tú la quieres mucho, ¿verdad?      –Me muero por ella –dijo Esteban mirando la botella de cerveza.      – ¿Quieres un poquito? –dijo ella acercándole la botella a la boca.      Esteban tomó la botella en su mano y bebió un par de sorbos antes de devolverla.      –El imbécil de Andrés anda con esa lesbiana –dijo Patricia y tomó un nuevo sorbo de cerveza.      – ¿Lesbiana?      – ¿No sabías? Esa vieja como que tiene su cuento con Adriana y ahora viene también a quitarme al que me gusta…      –Un momentico, un momentico… ¿tú estás diciendo que Sandra es lesbiana y que tiene un cuento con Adriana? –dijo Esteban con cara de sorpresa.      –Tal y como lo oyes…      – ¿Y tú cómo sabes eso?      Patricia esperó hasta que dos muchachos pasaran al lado de ellos hacia el interior de la tienda antes de responder.      –Cuando estábamos en las audiciones yo entré al baño y las encontré en una posición bastante comprometedora…, y estaban a punto de darse un beso.      –A Adri y a Sandra…      –Las mismas que cantan y bailan…      – ¿Estás segura de eso, Pati?      –Tan segura como que el imbécil de Andrés estaba con esa aparecida en el balcón del hotel.      –Entonces tú también los viste…      –Yo lo estaba buscando para hablar con él, acababa de salir del ascensor e iba a ir hasta el cuarto de ustedes y de pronto es que lo veo ahí con esa vieja.      –Sí, yo también los vi antes de bajar a la recepción.      –Eso confirma que yo no estaba viendo visiones –dijo ella con una amarga sonrisa.      –Lo que no entiendo es lo de Adriana, ella siempre ha estado detrás de mí, o si no detrás de otros tipos…      –Seguramente le gustan los dos bandos, igual que a la aparecida esa…, no se conforman con un solo género…      –Es posible… –dijo Esteban con la mirada perdida en el horizonte.      Patricia tomó un sorbo de su cerveza.      –Pero todo es culpa mía, por haberlo puesto a esperar…, apenas me decidí hoy…, o mejor dicho ayer porque ya estamos a domingo, cuando ustedes fueron a conseguir comida.      – ¿Y por qué tomaste tanto tiempo en decidirte? Andrés lleva rato detrás de ti…      –Por pendeja…, por insegura…, si te contara…      –Contarme qué –preguntó Esteban con la mirada aún perdida en el horizonte.      –Yo no sé si tú sabías que mis papás andan mal de plata…      –No, creo que no –dijo Esteban mientras miraba a una pareja de novios que pasaba frente a ellos.      –Sí, mi papá anda sin puesto, entonces a mi mamá le ha tocado responder… El caso es que con lo que nos hemos ganado últimamente en estos conciertos, yo los he podido ayudar un poco…, y resulta que Andrés me regaló una plata de lo que él se  ganó…      –Severo detalle de su parte –dijo Esteban sonriendo.      –Sí, claro que sí, pero entonces yo no quería sentirme comprada, ¿sí me entiendes?      –Eso creo –le respondió él.      –Yo no quería que él pensara que nos estábamos cuadrando solo por lo de la plata, que como antes lo había tenido en stand by, entonces que ahora pensara que como me regaló eso yo ahí sí había decidido aceptarlo…      –No creo que Andrés hubiera pensado eso…      – ¿Y por qué no?      –Porque tú no eres una gasolinera, eso se nota a leguas. Tú eres una niña bien, muy noble, muy querida…; solo las gasolineras se cuadran con alguien por cosas como la plata o los carros…, y Andrés está totalmente consciente de eso…, estoy seguro que él solo te quería ayudar…      –En eso tienes razón…, pero antes de eso hubo otra razón… –dijo Patricia mirándolo a los ojos.      – ¿Qué razón? –dijo Esteban devolviéndole la mirada.      –Me da pena decirla…      –No seas penosa, la gente de este grupo que sale y canta ante más de quince mil personas no puede ser penosa –dijo Esteban sonriendo.      –Bueno…, sí…, tienes razón…, a ver te cuento: la verdad es que tú me gustabas un resto… –dijo Patricia mientras Esteban se daba cuenta de cómo las mejillas de la linda rubia se ponían coloradas.      – ¿En serio, Pati?      –Te lo juro…      – ¿Y ya no te gusto? –preguntó Esteban manteniendo la sonrisa.      –Pues claro que me gustas…, tú eres muy churro, pero me tocó olvidarme de ti por lo que andabas con Mónica, o andas con Mónica...      –Pero aquí los tiempos no cuadran –dijo él.      – ¿Cómo así que no cuadran?      –Porque yo te conozco a ti hace dos años y con Mónica no llevamos tanto tiempo…      –Yo sé, pero es que antes yo siempre veía a Adri detrás de ti, y como ustedes ya habían tenido su cuento…, entonces yo pensé que lo mejor era no meterme ahí, como respetar eso…, que de pronto decidían regresar.      –Si ves que tú eres una niña muy noble…      –O bien pendeja más bien –dijo Patricia y tomó otro sorbo de cerveza.      –Me lo hubieras dicho…, yo con Adri no pensaba volver, yo estuve totalmente solo un buen rato antes de conocer a Mónica, y pues  no hubiera dudado un solo segundo en cuadrarme contigo, tú eres una monita muy linda…, y además de ser muy querida tienes las mejores piernas de este mundo –dijo Esteban sonriendo.      – ¿Si ves? Bien pendeja…      – ¡Ay Pati! No digas más eso…      –Tú con Mónica, Andrés con esa aparecida…, y yo como el ternero…, y lo peor de todo…, habiendo tenido la posibilidad…      –No todo es color de rosa, ¿tú cómo crees que me siento yo en este momento?      –Me imagino…, pero tampoco es el acabose, Mónica simplemente está en una entrevista y ya, y no creo que demore en regresar, ustedes dos ni han peleado, ni han terminado ni nada…      –Pero me siento re mal de que me trate así, prácticamente me dejó ahí botado para largarse con ese tipo, y mira la hora que es y no aparece –terminó diciendo al mismo tiempo que miraba su reloj.      –No te afanes, a ella se le nota que está bien tragada, no creo que te vaya a dejar por cualquiera, además simplemente está en una entrevista, toca que te fresquees.      –De pronto tienes razón…, no es que yo piense que me va a dejar por cualquiera, solo me da piedra la manera como salió corriendo…      –Es la novatada, tienes que entenderla, ella cantó muy bien, tanto sola como cuando estuvo con nosotras, y como es toda linda pues les llamó la atención a los medios y por eso la llamaron a la rueda de prensa y se dejó deslumbrar, es su primera vez, a cualquiera le pasa.      –Sí, es verdad, ojalá no me la vayan a cambiar…      –O de pronto te la cambian para bien –dijo Patricia sonriendo. –Para que no ande como rueda suelta será…      Patricia le dio un último sorbo a su cerveza y se puso de pie dándole la mano a su compañero para ayudarlo a levantar.      –Ya es muy tarde, mejor regresemos que toca dormir un poco, mañana como que nos llevan de tour improvisado por toda la ciudad –dijo ella.      – ¿Sí? No tenía ni idea –dijo Esteban agarrando la botella de cerveza de la mano de su amiga–, espera dejo esto en el mostrador.      Caminaron lentamente de regreso hacia el hotel sin pronunciar palabra, y cuando estuvieron frente a la recepción Esteban le preguntó nuevamente a la persona que atendía si su novia ya había regresado. Ante le negativa de esta, se quedó mirando a Patricia sin saber qué decir.      – ¿Tú estás en el quinientos uno verdad? –le preguntó Patricia.      Esteban asintió sin decir palabra.      – ¿Tú le podrías avisar a él apenas llegue su novia? Es que está súper preocupado… –le dijo Patricia a la recepcionista.      –Con mucho gusto, ¿no importa la hora? –preguntó la recepcionista con una amable sonrisa.      –No importa la hora que sea, yo estoy en la quinientos uno –respondió Esteban sintiendo cada vez más que el mundo se le acababa.      –Sí señor, no se preocupe, apenas ella llegue yo le cuento.      Tomaron el ascensor hasta el quinto piso y antes de despedirse en la puerta de la habitación de ella, Esteban le dijo:     –Nosotros sí somos bien burros, disque pidiéndole a la recepcionista que me avise cuando llegue Mónica, si ella está compartiendo habitación contigo…      –Yo sé, lo que pasa es que te confieso que yo tengo un sueño profundo y perfectamente puede llegar ella y armar una fiesta en la habitación y yo no me doy cuenta… Ahora, no sé qué tanto yo vaya a poder dormir…, aunque estoy mamada, no me puedo sacar de la mente a ese imbécil…      –Te entiendo, pero mira una cosa, ellos apenas empezaron a hacerse amigos esta tarde…      –Ayer por la tarde –lo corrigió Patricia.      –Bueno…, hace como doce horas…, entonces habla con él mañana, dile lo que sientes, que quieres cuadrarte con él y ya… Yo sinceramente no creo que vaya a cambiar a la vieja que ha estado persiguiendo durante más de dos meses por una con la que apenas empezó a hablar hace poquito…      –Dios te oiga…      –En serio, ponle fe y verás…      –Bueno, va a tocar prender unas cuantas velas, aunque velas no hay…, en todo caso que duermas, hablamos mañana…, o más tarde –dijo ella mientras le daba un pico en la mejilla a su amigo.      –Lo mismo monita…      –Nunca me habías dicho monita… –dijo Patricia mientras abría la puerta de la habitación –, no te vayas a confundir con Monina –adhirió con una pícara sonrisa.      –Yo sé…, –dijo Esteban sonriendo–, que duermas…      
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR