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4169 Palabras
46 Eran las doce y veinte cuando finalmente los miembros de Los Cuarenta se empezaron a dirigir hacia las habitaciones que les habían sido asignadas. El cansancio reinaba y la mayoría solo pensaban en la cama que los estaba esperando. Afortunadamente, el hotel era de lo mejor que existía en la ciudad y tendrían al menos un par de noches para disfrutar de los lujos que este proporcionaba. Andrés, por su lado, no se podía sacar de su mente lo que había sucedido con Sandra y Patricia y sabía que no podría esperar hasta el otro día para tratar de aclarar las cosas. Una vez dejó su maletín de viaje en el cuarto que habría de compartir con Esteban, se dirigió en búsqueda de la habitación de Sandra, que según el dato que le habían dado en recepción era la quinientos doce. La encontró al final del corredor, no sin antes haberse cruzado con algunos de sus compañeros que mantenían conversaciones de última hora sobre los eventos del día, o simplemente deambulaban por las diferentes habitaciones pidiendo prestadas cosas tales como pasta de dientes o cremas humectantes. Tocó a la puerta y no pasaron más de veinte segundos antes de que Adriana la abriera. –Hola, ¿cómo vas? –dijo la niña que ya se encontraba con su pijama puesta. –Hola, Adri, re mamado, estoy que me acuesto, pero quedé de hablar con Sandra… –Sigue entonces –dijo ella mientras lo hacía pasar al interior de la habitación–, ella ya sale del baño, se está desmaquillando. – ¡Qué concierto! –dijo Andrés mientras Adriana se sentaba con las piernas cruzadas sobre su cama. –Lo mejor que hemos hecho hasta ahora…, yo creo. –Esa canción de cierre con ustedes cuatro…, insuperable… –Sí, esa fue idea de Sandra, a mí también me gustó resto. –Sí, me acuerdo que ella fue la que la propuso…, es que es realmente buena tu amiga. –Toca mirar la manera de que se quede en el grupo –dijo Adriana. –No le veo problema, total los Ocho de Colombia ya no son ocho si no como diez. –Verdad…, buen ejemplo, Andresillo, toca decírselo a Arturo –dijo Adriana en medio de una sonrisa–, lo que pasa es que los presupuestos de estos conciertos ya están hechos para cuarenta personas, es decir todo lo que son gastos de traslados, hoteles y comidas, y lo que cada uno nos ganamos. –Sí, eso puede ser un problema, pero tocará arreglarlo de alguna manera porque el grupo no se puede quedar sin Sandra. – ¿Oigo mi nombre por ahí? –dijo Sandra mientras abría la puerta del baño. Se había retirado el poco maquillaje que acostumbraba a lucir, pero todavía conservaba la misma pinta que había utilizado para el concierto, a excepción de las sandalias que ya había dejado al pie de la cama. –Efectivamente, aquí comentando con Andrés lo mal que nos fue hoy… y todo por tu culpa –dijo Adriana con una picaresca sonrisa mientras los otros dos soltaban la carcajada. –Mentiras, Sandrita, estábamos diciendo que eres súper indispensable para este grupo de aprendices –dijo Andrés volviendo a reír. – ¿Aprendices? ¡Eh ave María pues hombre! No creo que los paisas estén pensando eso –comentó Sandra mientras imitaba el acento de la región. –Ni tampoco los caleños, ni los bogotanos, ni nadie en este país –dijo Adriana sonriendo. –El caso es que tenemos que hallar la fórmula para que tú te quedes en el grupo, pero como m*****o permanente –dijo Andrés. –El día que ustedes quieran… –agregó Sandra sonriendo. –Es que si no estuvieras en el grupo, nos harías mucha falta a todos…, o por lo menos a nosotros dos… ¿Cierto, Andrés? –dijo Adriana mientras miraba a su compañero fijamente y exhibía una pequeña sonrisa. –Sí, aunque la conozco desde hace muy poco, siento como si la hubiera conocido toda la vida –respondió el cantante de los ojos verdes que ahora se enfocaban en el rostro de Sandra. –Pero bueno, no se pueden forzar las cosas en esta vida, entonces solo queda esperar a ver qué nos depara el futuro…, lo que me recuerda…, que tú y yo tenemos una conversación pendiente –dijo Sandra. –Precisamente por eso estoy aquí en lugar de estar metido en la cama –dijo Andrés. – ¿Y quieren que yo haga de violinista o mejor traemos a Melissa? –dijo Adriana en tono de burla. –Ni tú ni Melissa, vamos afuera a hablar –dijo Sandra mientras agarraba de la mano a Andrés y lo llevaba hacia la puerta de la habitación. –No vayas a hacer ruido cuando regreses por fa –alcanzó a decir Adriana antes de que sus dos compañeros cerraran la puerta tras de ellos. Caminaron en silencio por el corredor, que ya a esa hora se había desocupado, hasta llegar al hall de los ascensores. – ¿A dónde vamos? –preguntó Andrés. –No sé…, algún lugar donde podamos hablar sin distracciones –respondió Sandra con una linda sonrisa. –Mira esa puerta, no parece ser de una habitación, miremos a ver a dónde nos lleva –dijo Andrés mientras se dirigía hacia una puerta de color diferente al de las puertas de las habitaciones. Probó el pomo y este cedió fácilmente. Al abrirse la puerta, los ruidos y la brisa provenientes del exterior se colaron a través de esta, dejando al descubierto un pequeño balcón. Andrés volteó a mirar y con un movimiento de la cabeza le indicó a su amiga que lo siguiera. – ¡Uy, este piso está como frio! –dijo Sandra apenas pisó el suelo del balcón. –Quién te manda no ponerte zapatos… –Pues sí…, no… La vista de la ciudad y las montañas era bastante llamativa. Daba la impresión de que la luz eléctrica de las casas y edificios estuviera titilando, y a esa hora la luna ya se encontraba en la parte alta de la bóveda celeste rodeada por cientos de estrellas. Los dos apoyaron sus codos en la baranda y se quedaron admirando el paisaje en silencio total por un par de minutos al cabo de los cuales Sandra volteó a mirar fijamente a Andrés. Se quedó en esta posición por un poco más de diez segundos hasta que su amigo se dio cuenta y también la volteó a mirar. –Se ve lindo –dijo ella. –Sí, y mejor a esta hora que ya está calmada la ciudad. –No, yo digo que usted se ve lindo…, pero eso sonó muy feo, mejor dicho…, te ves lindo –dijo ella con una resplandeciente sonrisa. –Gracias –respondió Andrés con una tímida sonrisa–, tú también te ves linda. – ¿Sabes que nunca me había fijado en alguien como tú? – ¿No? ¿Siempre eran monos o qué? –No me gustan los monos –dijo Sandra riendo–, lo que quiero decir es que… – ¿Que lo que dijo Patricia es verdad? –la interrumpió Andrés con una mirada tierna y comprensiva. –Sí…, es verdad…, a mí me gustan más las niñas…, pero tú me gustas mucho, eres tan lindo, tan churro, como tan especial… –Interesante… –dijo él manteniendo su mirada. –Supongo que no habías conocido a nadie como yo… –dijo Sandra mientras inclinaba su cabeza para mirar hacia la parte baja del edificio –La verdad…, no…, pero por eso se me hace súper interesante. – ¿Solo por eso? –dijo ella volteándolo a ver. –De entrada tú eres muy especial, lo digo en el buen sentido de la palabra; tus pintas así como medio rastas, como medio hippy, tú forma de ser, lo excelente que eres con lo de la música…, y eres una pelada preciosa. –Gracias…, eres muy tierno. –Y con lo que me dices te vuelves para mí una persona… ¿cómo te digo? ... Pues demasiado interesante en todo sentido… – ¿Y no te dan ganas de salir corriendo? –preguntó Sandra. –Para nada, ¿Por qué habría de hacerlo? –Mucha gente lo ha hecho… – ¿En serio? –Todo el tiempo… – ¿Otros hombres? –No, más que todo mujeres, amigas, gente > –e hizo el signo de comillas con sus manos–. Pero como te decía…, tú eres el primer hombre que me ha llamado la atención en toda la vida. –Pues me siento… ¿Cómo te lo digo…? privilegiado. – ¿En serio? –dijo ella mientras inclinaba su cabeza hacia arriba y observaba las estrellas. –El hecho de que una niña tan linda y especial como tú se fije en mí, y sobre todo si me dices que los hombres no te llaman mucho la atención…, pues me hace sentir muy especial –dijo él mientras se unía a la observación de las estrellas. – ¿Entonces no vas a salir corriendo? –Jamás lo haría, no de alguien como tú… –Te voy a contar algo más –dijo Sandra volviendo a enfocar su mirada en Andrés. –Dime –dijo él devolviéndole la mirada. –A mí me gusta mucho Adriana –dijo ella mordiéndose el labio inferior. –No es de extrañarse, ella es muy linda y además es la que te trajo al grupo. – ¿Sí me entiendes? Ella hace mucho tiempo me gusta…, pero ahora también me gustas tú… – ¿Y hace cuánto la conoces? –Desde chiquitas, vivíamos en el mismo barrio, en Pasadena. –Veo… ¿y ella sabe que le gustas? –Ella lo supo hace como un año… – ¿Y qué pasó? –Fue una de las personas que se alejó…, pero porfa no le vayas a decir de esto a nadie… –Quédate tranquila, esta conversación nunca existió, es más, este balcón nunca existió –dijo Andrés mientras reía. –Confío en ti, aunque apenas te empecé a conocer hace unas pocas horas… –Sí me han dicho que despierto la confianza en la gente –sonrió Andrés. –Tan modesto…, deben ser tus ojos tan lindos. –Tú no te quedas atrás… –dijo Andrés. –De pronto lo verde termina uniéndonos –dijo Sandra con una suave risa. –Es posible…, pero entonces me decías que Adriana se alejó de ti cuando se enteró… –Exactamente… fue un día que estábamos en cine viendo >… –Sí, me acuerdo, simpática esa película… –Estábamos las dos en el Almirante, el de la ochenta y cinco… –Sí sé cuál es, voy mucho a cine allá. –Exacto, entonces ya conoces la locación de los acontecimientos –dijo Sandra en medio de la risa. –Y supongo que ese día se lo dijiste… –Sí, la verdad no fue mucho lo que dije, más bien me dio por cogerle la mano…, ahí en medio de la película…, yo toda lanzada… –dijo ella en medio de la risa. – ¿Y Adri qué hizo? –Al principio nada, yo creo que ella pensó que yo estaba nerviosa por la película o algo así y que por eso se la cogía, y como al minuto me la retiró, y entonces como diez minutos más tarde se la volví a agarrar y otra vez se esperó un rato y me la volvió a soltar. – ¿Pero no te volteó a mirar o no te dijo algo? –No, en ese momento no, ella con la mirada puesta en la pantalla y tampoco decía nada. – ¿Y entonces qué pasó? –Pues que a la tercera cogida de mano ahí sí se volteó y me dijo: " ¿A usted qué le pasa?", así toda agresiva, y yo le dije que nada, que no me pasaba nada, que solo quería mirar una cosa…, y seguimos viendo la película, ya solo faltaban como diez minutos para que se acabara. Y entonces cuando prendieron las luces me miró, así como regular, se paró y caminó hacia la salida sin decir nada, y yo ahí detrás de ella y cuando salimos a la calle se detuvo y me dijo: " ¿Sabe qué? No la quiero volver a ver, yo no estoy para andar con viejas raras", y arrancó a caminar rapidísimo y me dejó ahí parada toda sola… – ¿Y tú qué hiciste? –Me puse súper triste, re mal, y como no quería coger la misma buseta que ella iba a coger, me metí a una tiendita y me tomé una gaseosa como para hacer algo de tiempo. – ¿Y qué pasó después? –Que yo traté de buscarla, yo ya me había dado cuenta de que con ella nada que ver, pero quería tenerla como amiga, así normal, como tú eres amigo de Esteban. Y entonces yo la llamaba para que nos viéramos pero siempre me sacaba alguna disculpa, hasta que finalmente la familia de ella se trasteó y como a los cuatro meses de eso nosotros nos fuimos a vivir a la quinta con ochenta y tres. – ¿Y entonces en qué momento se volvieron a hablar o qué pasó? –El día en que me dijo que ella quería que yo entrara a Los Cuarenta. Sandra le contó todo el episodio de la visita de Adriana a su apartamento unos días antes de la audición del grupo, sin omitir prácticamente nada de lo que había sucedido durante ese encuentro. Andrés la escuchó con mucha atención y cuando terminó su relato le dijo: –Entonces ahora Adriana, aparentemente, sí quiere tener algo contigo… –Como te conté, ella dice que me vio y que de repente le empecé a gustar y que estaba muy linda y todo eso… –Una pregunta… ¿Acaso tú eras muy diferente hace un año? – ¿Físicamente? –Sí…, pues en todo… –Tenía el pelo mucho más corto…, era lo único, pero en mi forma de ser yo creo que igualita… – ¿Y te veías muy diferente con el pelo corto? –No creo que mucho, pero la mayoría dice que me veo mejor con el pelo como lo tengo ahora –dijo Sandra mientras se agarraba las puntas del pelo. –Bueno…, supongo que por eso es que ahora le gustas a Adriana y antes no quería ni verte en pintura… –Puede ser…, pero igual a ella le gusta mucho Esteban, siempre ha estado detrás de él. –Sí, eso es noticia nacional, lo que sí nadie sabía era lo tuyo… –dijo Andrés con la mirada perdida en el horizonte. –Y ella está ahí como esperando a ver si logra tener algún chance con él –dijo Sandra haciendo una pequeña mueca con la boca. –La verdad yo lo veo bastante difícil, Esteban está muy llevado por Mónica, él dice que si tuvieran por ahí diez años más ya se hubiera casado con ella. –Sí, se les nota, y eso que yo solo los he visto durante estos últimos días, ella también se ve bien tragada. –Sí, entonces yo creo que, básicamente, Adriana está perdiendo su tiempo… –dijo Andrés. –Pero ella tiene mucho carácter, mucha decisión, y cuando se propone algo lo logra, de eso sí me acuerdo…, la conozco desde hace mucho tiempo. –Supongo que podría ser una batalla interesante…, lo que a ti te dejaría por fuera… –Eso ya lo sé, yo me doy cuenta que para Adri yo soy su plan B, así como para Esteban ella también puede ser plan B; ahí en lo que coincidimos Adriana y yo es que las dos tenemos mucha paciencia… –Y hablando de plan B, ¿entonces para ti yo sería tu plan B? –dijo Andrés sonriendo levemente. Sandra lo miró fijamente a los ojos y con una linda sonrisa le dijo: –De pronto más bien yo soy tu plan B, yo sé que tú te mueres por Patricia…, y no te culpo, esa monita es demasiado linda. –Patricia es divina, pero tú no te quedas atrás, y ya me cansé de esperarla, de rogarle, llevo más de dos meses detrás de ella, y a diferencia tuya y supongo que de Adri, yo no tengo tanta paciencia. – ¿Y en dónde queda lo que pasó en el concierto de hoy? – ¿Lo del beso que me dio? –Exactamente… –Es que me da piedra que tuviera que ver que alguien más se interesa por mí para que ahí sí venga y reaccione… –Pero reaccionó, y ahora parece que quiere cuadrarse contigo…, finalmente… –Sí, y ahora todo sería perfecto…, si tú no te hubieras atravesado en el camino –dijo Andrés mientras le agarraba la mano, acción que fue bienvenida por ella. –Estás calientito. – ¿Todavía tienes frio en los pies? –Ya no, fue solamente cuando salimos, como la diferencia del tapete a este cemento más frio, pero ya bien, total estoy acostumbrada a andar descalza… –Como buena hippy –dijo Andrés mostrando su sonrisa. –Claro que solo donde se puede, no quiero que piensen que soy una loca, bastante ya tengo con lo otro… – ¿Y es muy difícil? – ¿Andar descalza? –No, eso debe ser fácil –dijo él haciendo una mueca con los labios. –No es nada fácil, este es un país muy conservador… –Claro, me imagino que quieren que todo el mundo ande con zapatos… –dijo Andrés, y los dos rieron al mismo tiempo. –No seas bobito, yo me refiero a lo otro. –Yo sé, yo sé… –dijo Andrés todavía riendo. –Al menos tú lo ves todo de manera divertida… –dijo Sandra. –Es lo mejor que podemos hacer, yo creo. –Sí, pero en este país del no, porque este es el país del no, en todas partes te dicen que no, parece que les diera placer pronunciar la palabra no––, dijo ella. –Tienes razón, siempre quieren poner peros en todos lados. –Entonces imagínate cuando se dan cuenta que uno no es como los demás, que te gustan otras cosas, que te gustan las mujeres, que te pones otra ropa, que piensas diferente…, es todavía peor… – ¿Y tus papás saben que eres así? –Claro que lo saben. – ¿Y qué dicen? –Mis papás son muy frescos, ellos fueron hippies de verdad en la época de los sesenta, no le ven problema a nada…, inclusive te cuento que ellos estuvieron en Woodstock… – ¿Woodstock? ¡Genial! ¿Pero a ti te llevaron? – ¿Cómo se te ocurre? Yo tenía como seis años. – ¿Y entonces a ti dónde te dejaron? –Donde una tía que es súper querida. –Qué diferencia, mis papás sin son todos normalitos, los típicos colombianos comunes y corrientes que no capan misa los domingos. –Middle of the road people… –Sí, gente muy común y corriente, metidos en el establecimiento. –Me imagino…, entonces, como te decía, por ese lado fue fácil cuando les dije… – ¿Y hace cuánto les dijiste? –Mi mamá ya se había dado cuenta desde mucho antes, ella dice que desde que yo tenía como ocho años, que por la manera como compartía con las niñas y todo eso…, y mi papá sí no tenía ni idea, entonces un buen día después de la comida, estando todavía sentados en la mesa, o en las sillas de la mesa, porque uno no se sienta en la mesa –dijo ella riendo–, les conté y ya… – ¿Pero hace cuánto? –Yo tenía catorce, es decir hace dos años. –Y ellos frescos… –Fresquísimos…, me dijeron que me apoyaban, que tranquila, que el mundo es para todos, que no todos somos iguales, que las diferencias están en absolutamente todo, que la diversidad es la ley de la vida, que todo es relativo, y pues que no me preocupara, que muy bien que les hubiera contado… – ¡Buenísimo! … Súper comprensivos. –Sería el colmo que no, lo digo por la manera de ser de ellos… –Claro, es lo más lógico… ¿y tú tienes hermanos? –No, yo soy hija única, y bien consentida –dijo ella con una leve risa. – ¿Y no te hace falta tener hermanos? –A veces creo que sí, pero igual me divierto con mis primos y mis amigos. –– ¿Y nunca has tenido un novio? ––No…, pues antes de saber lo que en verdad quería, creo que medio me gustaban unos vecinos del barrio, unos tipos que también eran amigos de Adri, pero con el tiempo me di cuenta de que eso no era lo mío. – ¿Y has tenido novias? –preguntó Andrés mientras le acariciaba el pelo. –Hasta ahora dos…, una hasta hace poco, como tres meses, y cuando tenía catorce…, casi que quince, tuve otra. – ¿Y duraste arto con ellas? –Con la primera como un mes no más, con ella tuve mi primer beso –dijo mientras sonreía con la mirada perdida en las montañas–, y con la segunda fue más larguito, casi que cuatro meses…, pero me aburrí porque ella no le había contado a nadie sobre mí, ni acerca de sus gustos…, entonces todo era un misterio, todo a escondidas, ni siquiera podía ni agarrarle la mano si ella no estaba segura de que no hubiera nadie en cien kilómetros a la redonda… –Entiendo, muy aburridor así… –No te imaginas…, entonces tocó darle el cuyo… –dijo ella en medio de una pícara sonrisa. – ¿El cuyo? –Cuyo nombramiento se declara inexistente… –a lo que los dos soltaron la carcajada. –Me encanta tú forma de ser… –dijo Andrés mirándola directo a los ojos. –Y a mí la tuya –dijo ella, y empinándose en las puntas de los pies, para quedar a su altura, lo abrazó y lo besó en los labios. Estuvieron así por un poco menos de un minuto y cuando se separaron ella dijo: –¿Y ahora qué vamos a hacer? –Pues ya está como tarde… –contestó él sonriendo. –No, bobito, no hoy, de aquí para adelante… Andrés, a manera de respuesta la tomó por el cuello, la acercó hacia su cara y la volvió a besar. Después de unos segundos la soltó y le dijo: – Yo no sé, tú me fascinas, Sandra, no me importa lo que los demás piensen o digan, yo quiero estar contigo… – ¿Y Patricia? ¿Y Adriana? Andrés apretó los labios, la soltó y puso los codos sobre la baranda y mirando hacia la parte alta de la montaña dijo: – Tú me has aceptado de una, aparte de que me gustas mucho, en cambio Patricia se tomó más de dos meses para darme el sí, y eso que no me lo ha dado oficialmente; y por tu lado yo no sé, supongo que si Adriana te hace caso…, tú te irías por ella… –Sin meter a Adri en esto, ¿a ti no te da vaina el hecho de que yo sea como soy? –dijo ella mientras le acariciaba la espalda. –Ya te dije que me fascina tú forma de ser, tú me encantas, y lo que me importa a mi es que tú puedas sentir lo mismo hacia mí… –Tú también me encantas, y quiero estar contigo, pero tengo miedo, todo esto como que va en contra de mi naturaleza, de lo que he sido hasta ahora… –De pronto es que simplemente te estás descubriendo, viendo algo de ti que no conocías, que nunca habías visto… –le dijo Andrés mientras le agarraba las manos. –Me encanta que eres súper comprensivo – dijo ella y le dio un pico en los labios. –Si quieres nos damos un chance…, o lo podemos dejar solamente como el recuerdo de un lindo beso…, o dos…, que nos dimos una noche en un balcón de un hotel de Medellín… –le dijo Andrés con su tierna sonrisa. Ella le devolvió la sonrisa y dijo: – Yo no quiero que sea el simple recuerdo de una noche, quiero estar súper bien contigo…, pero te voy a rogar que me tengas paciencia…, y mucha comprensión…, tú me encantas y quiero que nos demos ese chance, pero recuerda que todo esto es nuevo para mí. –No te preocupes, linda, contigo yo voy a tener toda la comprensión y paciencia necesarias –dijo él, y la volvió a besar tiernamente.
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